¿A quién le importa realmente los Grammy?: Columna Slang

Aquí te decimos si importa que te ganes un premio Grammy para que seas validado como artista o nada más es puro cuento.
Ricardo Pineda
Fotos: Bad Bunny, Michael Tran/FilmMagic; Rosalía, Timothy Norris/Getty Images; J Balvin, Ethan Miller/Getty Images.

¿A quién le importa realmente los premios Grammy?

Empecemos diciendo que Occidente inventó las premiaciones que articulan, entre otras cosas, un vehículo poderoso de publicidad y “autoridad” de una industria o sector.

En el caso del cine, los premios de la Academia son, pese a toda crítica y evolución de los formatos y su consumo; el canon que parece decirnos qué es la tendencia, lo que importa y controla el gusto popular, así como sus dinámicas y la síntesis de una suerte de zeitgeist cultural.

Ese rasero de los Oscar sigue existiendo en otras disciplinas y expresiones, siendo los Grammy “los premios Oscar de la música” desde 1959

Foto: George Rose/Getty Images.

Estados Unidos ha configurado el rostro del pop global por décadas mediante mecanismos siempre cuestionables y la impronta de los Grammy sigue permeando el canon de una industria cada vez más fragmentada en figuras noveles, efímeras y con otros parámetros de lo que es el éxito y su arraigo con la audiencia.

Durante años, el número de discos vendidos fue uno de los parametros vitales de su “prestigio”. Como artista, si eras grande y exitoso o actuabas en los Grammy, eras premiado en la gala.

Hoy, la historia ha incorporado fenómenos de internet, cifras de streaming y un regreso a la canción como referente vital para poder evolucionar, para seguir vigente en una industria cada vez más volátil y vertiginosa. 

Foto: Rachel Luna/Getty Images.

El canon termina por generar un modelo a imitar que termina por erosionar un poco. Los premios MTV, los premios Spotify, el Mercury Prize, premios de la gente, en general, puros premios mediatizados.

En el presente, son los premios el mejor ejemplo de su propia cuestionabilidad y una verdad que no puede ocultarse: La música es diversa y puede valorarse de cientos de formas distintas.

¿Por qué y a quién le importa los Grammy?

La franquicia de los Grammy ha importado porque ahí cohabitan los grandes, las lumbreras, quienes deben estar sonando en la radio, en la boca de todos y triunfando en las listas: los U2, las Madonna, los Michael Jackson, Lady Gaga o los Elton John del mundo. 

Tener un Grammy importa porque significa validez global en el modelo capital, casi siempre occidentalizado, algo que tenía mucho sentido y que registró su contundencia cultural en los años posteriores al fin de la Guerra Fría; cuando el capitalismo encontró en las expresiones artísticas el vehículo perfecto para fundir consumo e identificación. En este sentido, todo el cosmos fluctuando en la naturaleza de estos galardones son parte ineludible de la Generation Next de Pepsi; del mundo Spice Girls, del rap hasta en la sopa, y de la edificación de ídolos. 

Y siguiendo esta lógica, si hiciéramos un zoom out a lo que los Grammy representan desde su contexto histórico, cultural, pero sobre todo como modelo de negocio en un nuevo escenario, llamado a finales de los noventa como “aldea global” gracias a Internet, notaríamos que hoy las cosas son muy distintas.

El ejemplo más notable es la presencia y éxito descomunal del k-pop en el mundo entero, de la presencia del folclor de Asia, África y Europa en el pop anglosajón más insípido, hasta hoy, los días en los que los Grammy Latino tienen su propia fiesta: el sur de América controla la música

¿Un Grammy?, Gracias, pero no gracias (como el meme de Drake)

No han sido pocas las veces en las que los Grammy se han sido cuestionados duramente; toda vez que es la visión parcial y excluyente, la génesis de una “autoridad” cada vez más endeble.

Como parte importante y síntoma sólido del engranaje del show business en torno a la música, la modernidad terminó por alcanzar a los Grammy, en medio de una revolución no sólo de formatos y maneras múltiples de consumir o acercarse a la música, de concebirla, producirla y venderla, con discursos cada vez más particulares, politizados y frontales hacia algo tan evidente como decir que “John Lennon es el artista más grande de todos los tiempos”. 

Foto: Kevin Winter/Getty Images.

Esto parece incomodar a muchos. Descalificar a U2, con todos sus conciertos a reventar; millones de discos vendidos, y contratos con multimillonarios con Apple, parecería un ejercicio fútil de provocación, pero sobre todo una muestra de “ignorancia pura”. 

Por fortuna también estamos en la época de los Bad Bunny, los Anuel AA, los Ozuna, las Rosalía, los J Balvin, de las Karol G y las Anitta del mundo, que nos pueden dar cuenta de que hoy el rock no es el género del momento.

También hoy, de alguna forma, se reconoce la labor de los artistas underground que habitan a la contra de los sellos y los grandes presupuestos, como una base sólida de lo que semanas después será la próxima moda de usa y tira. 

Foto: Kevork Djansezian/Getty Images.

Si el norte fuera el sur, los patos tirándole a las escopetas. ¡Válgame!, ¿alguien puede pensar en los niños? Atavíos, costumbres y tribus: Kanye West y Justin Bieber llamando a boicotear la gala, o Frank Ocean llamando a la comunidad artística a no participar de los Grammy diciendo: “Creo que la infraestructura del sistema de adjudicación y el sistema de nominación y selección están anticuados”. 

A pesar tener “una historia muy blanca” (Mr. West dixit), los Grammy siguen importando, no por su historia y mito autoproclamado, enraizado en una industria ya completamente distinta y en constante búsqueda de la supervivencia.

Importan porque los artistas que están ahí parecen decirnos: “Estos premios sólo son un mal necesario“, o algo por el estilo. 

La música vale más que un premio

Prince usando el micrófono y aprovechando el momento en 2015 para alzar la voz en pro de la comunidad afroamericana o Lauryn Hill en su discurso de premiación de 1999 (“Esto es una locura, porque es música hip-hop “). Ol’ Dirty Bastard, Puff Daddy, Public Enemy, Salt N-Pepa, 50 Cent, Jay Z, Rihanna y hasta Eminem. La lista de artistas que han desestimado la validez y oficialía de los Grammy sigue creciendo. 

Será interesante ver si habrá un artista del calibre de Rosalía, J Balvin o Bad Bunny, que cuestione el mismo brazo que los ha encumbrado.

¿Alguien revivirá la polémica “latina” en torno a si la autora española del Mal Querer?, ¿habrá voces críticas y disidentes, ausentes y figurillas rechazadas?

Todo parece ser parte del estímulo a ese mismo engranaje; incluso, no participar de él se presume como un ardid con cierta tasa de conversión en mercado.   

Rosalía mostrando sus Grammy en 2019.

Nathy Peluso, Cazzu o Nicki Nicole ¿Quiénes serán los grandes ganadores en una de las galas de mayor renombre? Quizás sea un reflejo válido, en la medida que el esfuerzo de un artista se ve recompensado; pero igual eso ya no importe porque el mundo es amplio y no son los únicos premios ni todos los artistas que merecen estar ahí. 

Y sin embargo se mueve: La música sigue ahí. La nobleza y generosidad de una canción que siempre va a  llegarnos; tal vez, por escucharla muchas veces en la radio o quizás porque la música sigue siendo lo más importante dentro de las cosas menos importantes.

Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.