Alemán y el Cruz Azul, una historia de amor entre el rap y el futbol

Platicamos con el rapero de Los Cabos sobre su relación amor-odio con el equipo de futbol de su vida: el Cruz Azul.
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Foto/Crédito: Gera Torres.

Es viernes y son casi las ocho de la noche. Me encuentro afuera de un fraccionamiento privado entre los límites de la CDMX y el Estado de México. Mi plan: entrevistar a Alemán, uno de los raperos más populares del país que a finales del año pasado hizo realidad su sueño: grabar una canción (“Mi Tío Snoop”) con la leyenda del rap de la Costa Oeste de Estados Unidos: Snoop Dogg.

Para esta ocasión, el MC aceptó platicar conmigo porque las preguntas no serán sobre Huracán —disco que saldrá a finales de año—, ni tampoco tienen que ver con Humo en la Trampa 3, el álbum que finalizó la trilogía que conmemora el 420, Día Mundial de la Mariguana.

Nuestro encuentro está ligado al Cruz Azul, equipo de futbol que apoya, y donde Alemán soñó jugar como delantero. Cuando le explico al guardia de seguridad a lo que vengo esperando que me ponga peros para entrar, sucede algo que confirma la transparencia del prodigio de Los Cabos, Baja California Sur. Desde su celular, el guardia le manda un mensaje de WhastApp: “Güey, te buscan para una entrevista”.

Foto/Crédito: Gera Torres.

Minutos más tarde me encuentro con Alemán, quien me invita una cerveza y dice que me ponga cómodo; mientras tanto, termina de forjar un porro para empezar una plática que, alejada de las rimas, las barras y los beats, será de un deporte que es fundamental para conocer la cultura mexicana: el futbol.

Javier Ibarra: Erick, el niño que creció en Los Cabos, ¿cómo se convirtió en aficionado al Cruz Azul?

Alemán: Soy aficionado del Cruz Azul por mi jefe. Él me inculcó el amor por este equipo. También fue por mi tío Carlos, que en paz descanse.

JI: Tu pasión por el Cruz Azul es de familia entonces… 

A: Sí, toda mi familia es futbolera. Siempre hubo una esperanza de que alguien fuera jugador profesional. Primero fue mi tío Carlos, que jugó en el equipo Tecamachalco de Tercera División. Luego fue mi jefe y unos primos. Después me tocó a mí, y mis familiares pensaban que sí llegaría a Primera División. De hecho, vine aquí a la Ciudad de México a probarme con el Cruz Azul, en La Noria, donde entrenan. Mi sueño era jugar con mi equipo.

Siendo el Cruz Azul el equipo más bulleado del futbol mexicano, ¿qué significado tiene para ti apoyarlos?

A: Es algo que ya no me puedo quitar, porque ya es parte de mí. Cruz Azul es como alguien con quien te quedaste traumado. Cruz Azul también es como una novia que siempre está contigo. Sin embargo, sí me he enojado y he dicho: “¡Ya, a la verga el Cruz Azul!”, pero sigo queriendo al equipo. Aparte el color azul desde morrito ha sido mi favorito. Eso remarcó más mi afición, que ya hasta mi sangre es azul (risas).

Foto/Crédito: Gera Torres.

JI: Ya que has mandado a la verga al Cruz Azul como muchos que somos sus aficionados, ¿has pensado en cambiar de equipo?

A: Sí, pero cómo vas a apoyar a otro equipo con un chingo de pasión, no se puede. Apoyar al Cruz Azul tiene mucho que ver con la humildad y la lealtad.

JI: ¿Cuáles son tus primeros recuerdos que tienes del Cruz Azul? Te pregunto esto, porque me imagino a Alemán jugando en La Noria.

Eso fue algo que nunca pensé que me podía pasar. Pude ir a La Noria por un equipo de futbol de Los Cabos que se llamaba Los Picudos. Ellos consiguieron unos partidos para foguearnos acá en la Ciudad de México, donde hubo visorias. De hecho, recuerdo a uno de mis profes que me entrenaba —a quien le decíamos el “Cuchi”—, llorando en el Salón de la Fama que tienen ahí en La Noria. Él también amaba un chingo al Cruz Azul. Así supe que era muy importante jugar en ese lugar.

JI: El Cruz Azul de la Copa Libertadores de 2001 que jugó la final contra Boca Juniors, tal vez sea el equipo que más recordamos quienes nacimos a finales de los años ochenta y principios de los noventa.

A: Yo creo que sí. En 2001 tenía 11 años y ese partido contra Boca Juniors lo vi en un casino, porque sólo lo pasaron por televisión de paga. Me acuerdo que mi jefe dio una feria y me dejaron entrar con él. Andaba con los señores viendo el juego. Recuerdo un chingo el gol de Palencia.

JI: De la final contra León en 1997, ¿qué recuerdas?

A: En ese tiempo tenía 7 años, pero también recuerdo ese partido bien macizo. Estaba en Los Cabos, en la tiendita de artesanías de mis papás. Ahí vi el partido, como el pinche Comizzo le dio un patadón a Hermosillo. Para mí fue muy impactante, porque nunca había visto sangre en un partido de futbol. Ese fue el primer y último campeonato que he visto del Cruz Azul (risas).

JI: Me acuerdo que cuando Hermosillo metió el penalti, como era tiempo extra y se podía ganar por gol de oro, corrí por la cuadra de mi casa con mi bandera del Cruz Azul. ¿Tú que hiciste en Los Cabos al ver que tu equipo era campeón?

A: Como el Centro es muy chiquito, los carros nada más salieron a dar la vuelta y pitar el claxon. Ahí anduve gritando y viendo a toda la gente que festejaba. Yo no tenía bandera, pero sí traía mi camisa, la que en ese tiempo traía el logotipo de costado. Para mí esa camisa Fila es la mejor. Hace tiempo la tuve otra vez en color blanco y se veía bien bonita. Nada más que fui a una fecha a Veracruz y la perdí.

JI: Los del Cruz Azul sufren de bullying. ¿Cómo te defiendes? ¿Qué opinión tienes de las finales perdidas?

Alemán: Yo siempre les digo a mis compas que no veo a sus equipos en las finales o digo que el Cruz Azul siempre anda peleando el campeonato. Se me hace muy chilo que todo el tiempo esté en la Liguilla. Mientras se siga peleando por el campeonato no hay pedo. Pero lo que pienso es que hacen falta jugadores que realmente quieran la camiseta, que se enamoren del equipo. El último que he sentido así fue al “Chaco” Giménez.

JI: Sí, el Chaco ha sido de los últimos. Mauro Camoranesi, mi jugador favorito del Cruz Azul, en un partido contra el América recuerdo que salió expulsado y hasta lloró. ¿Cuáles son tus futbolistas preferidos y que piensas representan al Cruz Azul?

A: Camoranesi jugaba chilo, pero para mí el número uno es el “Chelito” Delgado. También me gustaba un chingo Benjamín Galindo, sus tiros libres. El “Matute” Morales igual. A mi jefe le gustaba Palencia porque tenía garra y siempre me decía: “Tienes que seguir corriendo tras el balón como Palencia”. Pinheiro, aunque falló el penalti contra Boca Juniors, jugaba chilo. Y del “Conejo” Pérez era fan machín.

JI: Hoy en día, siendo uno de los raperos más populares en México, ¿te has topado con jugadores o ex jugadores del Cruz Azul que les guste tu música?

No, a ninguno. Pero ya le he dicho a mi mánager que hable con los de Cruz Azul para que me inviten a un juego, al vestidor o algo así para apoyar a mi equipo.

¿De morro llegaste a pedirle algún autógrafo o foto a alguien de Cruz Azul?

No, tampoco. Viviendo en Los Cabos era difícil. Pero ahora que vivo acá en la Ciudad de México me he lanzado al Estadio Azteca. Al que nunca entré fue al Estadio Azul, nomás lo he visto por fuera.

En dado caso que el Cruz Azul te contacte, ¿qué te gustaría hacer con tu equipo?

Guacha, mejor los Tigres, allá en Monterrey, son los que me han invitado. Un día me dijeron si quería inaugurar un partido. Me iban a dar una playera que decía “Alemán”, pero les dije que le voy al Cruz Azul; aparte no podía, tenía un show. El bato de Tigres que se puso en contacto conmigo, me pidió que recibiera la playera, porque ahí la raza me quiere un chingo. Sin embargo, los de sangre azul se hubieran agüitado bien machín (risas). Algo así estaría chilo que se hiciera con el Cruz Azul.

JI: ¿Harías una canción para el Cruz Azul o ya sería mucho?

A: Creo que sí sería mucho, pero tal vez después sí, teniendo una relación con los del equipo. Principalmente tendría que nacerme. De hecho, en ninguna de mis barras he mencionado algo del Cruz Azul. Tampoco a ningún futbolista. Lo que estaría chilo es que tomaran una de mis rolas. Creo que podría quedar la de “Categoría 5”: “Perro de cadena gruesa, tengo marcada la esquina / Soy un pitbull de pelea, mandíbula asesina”. Algo así motivacional para sacar la garra.

JI: Retomando lo de las finales del Cruz Azul y para ir cerrando la charla, ¿fuiste a alguna de las últimas en el Estadio Azteca?

Alemán: Sí, fui a la última final con América en 2018, donde el Cruz Azul no jugó nada y se veía que estaban echando hueva. Estuvo bien zarra. Fui con un compa que es de aquí, apoya al América y organiza eventos de hip hop. Estuvimos en un palco donde puedes estar pidiendo comida y cheve. La apuesta era pagar esos dos boletos, más la peda de ese día. La neta ni me dio coraje perder la feria con mi compa. Me dio coraje no poder estar en el campo, no poder haber sido profesional y estar muriéndome por la playera del Cruz Azul. De hecho, estaba seguro que era la final buena. Hasta me acuerdo que entré al Azteca diciendo: “Como es la primera vez que vengo a una final del Cruz Azul, vamos a ser campeones”.

Viviste por completo una cruzazuleada.

Sí, güey, por cosas así uno cree que el Cruz Azul realmente sí tiene una maldición.

Una colaboración de Javier Ibarra (@cepheaisme) para SLANG.