Bad Bunny post pandemia: Conciertos, dinero y exclusividad

Benito lo hizo de nuevo y en menos de tres horas agotó los boletos de su gira por EU y Canadá, pero ¿qué implica esto para el futuro?
Ricardo Pineda
Foto: Bad Bunny, Daniel Boczarski/Getty Images for Spotify.

El público lo sabe y también él: Bad Bunny es el artista del momento. Autor de tres de los discos más escuchados en 2020 (sí, tres), YHLQMDLG, Las Que No Iban A Salir y EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO, Benito Antonio Martínez Ocasio terminó por fraguar un éxito sin precedentes en tiempos de pandemia.

Además, lo hizo sin la necesidad de gastos duros en promoción y entrevistas innecesarias, con el capitalismo a sus pies, aguardando al día de cobro vital en forma de conciertos. Y es que, a más de un año de distancia del comienzo del confinamiento, las ganas, ansiedad, impulsos y franco sufrimiento por estar en un show en vivo no son pocas para nadie.

Eso se ha traducido desde distintos frentes. En especial, en el comportamiento de la gente que, pese a que en los primeros días de los shows virtuales se mostró entusiasta, terminó por aguardar energías para el momento indicado.

El día ha llegado y la vacuna contra la COVID-19 también trajo una desescalada programación de conciertos, como apenas pudimos constatar en el número de shows para la gira ‘El Último Tour del Mundo’ de Bad Bunny en Estados Unidos y Canadá. 

El Último Tour del Mundo de Bad Bunny, la «Última Coca-Cola del desierto»

La noticia voló como polvorín: Bad Bunny dejaba su etapa como luchador en la WWE y anunciaba la que será su primer gran gira para 2022. Los boletos alcanzaron la friolera de hasta más de 10 mil dólares en reventa en un acto de audacia sin precedentes.

Según información de Ticketmaster y la firma Cardenas Marketing Network (CMN), la fecha de preventa de Bad Bunny el 15 de abril se posiciona al día de hoy como la fecha de mayor venta para cualquier gira en Ticketmaster desde 2018; lo que lo convierte en el evento post pandemia mejor vendido a la fecha. 

Además, de acuerdo con Billboard, se espera que la gira recaude entre 63 millones y 84 millones de dólares libres de paja y polvo para el puertorriqueño. Y eso es sólo para la Norteamérica anglosajona. Faltará ver si Latinoamérica, Europa y Asia, también tendrán una prueba del hombre del momento, a quien parece le queda chico cualquier desafío de la industria.

Hablamos de 35 ciudades ya con fechas agotadas las que disfrutarán del show de Bad Bunny, lo que ha detonado una discusión al interior de la industria de la música y el entretenimiento tras las restricciones del COVID, mientras la programación de los conciertos abruman, sólo de ver el ritmo de preparación física, psicológica y emocional a las que Conejo Malo tendrá que someterse para estar al 100% de sus facultades como entertainer

La duda surge y ya varios la han planteado alrededor del precio que han alcanzado los boletos en reventa: ¿es el reflejo del mundo por regresar a los shows en vivo?, ¿es un síntoma más de la grandeza de la era Bad Bunny?, ¿o un efecto del capitalismo post pandemia, en donde los shows tenderán a ser un lujo mucho más exclusivo que antes?

Flyer oficial de El Último Tour del Mundo de Bad Bunny.

Los futuros que iban a salir

Los conciertos vía streaming en vivo con boleto pagado o los ejercicios de realidad virtual en Fornite y otras plataformas donde artistas como Travis Scott o J Balvin figuraron como pioneros; esa transición virtual que supuestamente llegó para quedarse de la que mucho se habló entre economistas, artistas y especialistas de la industria musical, aún no da un verdadero paso transicional que le represente un beneficio real a los artistas. 

La aceleración del ecosistema digital parece sólo haber sido estacional y todavía no marca la revolución inevitable que prometía ser. Nada más, tuvimos un primer boom de ventas de vinilos por internet o la compra de parafernalia musical ante la ausencia de conciertos en vivo.

Incluso, los comportamientos recientes nos hablan de un mercado financiero triste y cauteloso ante el quiebre de negocios, el desempleo de muchos en el mundo y la brecha de comportamiento de los fans. La gente ya no está gastando en música como al inicio de la pandemia, y si bien los esquemas híbridos o independientes como Bandcamp e incluso la llegada de innovaciones digitales como los NFT en los ámbitos musicales, estos se encuentran lejos de ser los próximos modelos a seguir. 

A pesar de la pandemia, la gente sigue queriendo ir a un concierto en vivo, esa experiencia incomparable, aunada al valor simbólico que da el clamor social que representa acudir a un concierto del artista del momento —en este caso Bad Bunny—, sigue siendo el capital cultural y mediático que a la gente le gusta tener y eso seguirá siendo oro molido con el cual la industria jugará. 

Sin embargo, una vez que los conciertos logren cierta normalidad, el mercado tenderá a estabilizarse y una verdad moderará las ganas de hacer de los conciertos multitudinario un lujo aún más exclusivo: los artistas tendrán que ajustarse a la oferta y a los bolsillos, pues en un escenario donde la pandemia y la digitalización modificaron las prioridades, el deseo de asistir a un concierto tendrá que supeditarse a un mayor número de factores a considerar. Esto tomando en cuenta que los estragos financieros en las economías personales alcanzarán al mundo entero hasta por lo menos, si no siguen pasando catástrofes naturales, económicas o sociales, el año 2025. 

Adquirir un boleto para los conciertos de Bad Bunny en 2022 en 60 mil pesos mexicanos parece hoy una inversión asegurada, pero peligrosa. Bad Bunny está jugando como pocos al futuro, pero también es cierto que hoy por hoy es el único que puede darse ese lujo.

Será importante que el hype y los ánimos pandémicos por verlo —aunque sea desde una tribuna alejada y con rebote de sonido de arena—, no decaigan durante casi un año que resta. Es probable que así sea, pero existe una probabilidad de que la voracidad del resto del mercado hable también por su hambre y eso nivele la especulación. 

Es probable que en el mundo post COVID-19, el underground y el grueso de los fans —es decir, la gente de a pie que muchas veces no puede costear un evento de más de 150 dólares—, hablen por boca propia y realicen conciertos a ras de suelo con sus artistas y héroes locales; dejando a las estrellas allá arriba donde siempre han estado: en la cima. 

Pareciera que Bad Bunny estirará la liga en la medida de lo que se puede hacer para no perder ese signo de cercanía, versatilidad y modernidad como figura inmediata del zeitgeist popular ¿Le preocupara mantener viva la llama, brío y energía para lo que le espera en 2022, a que se vuelva incosteable verlo?

A final de cuentas, ¿cuándo le representó un problema a U2 ser grande y costoso como para no seguir siendo sold-out de forma inmediata? El desafío de Bad Bunny en este sentido, dado sus ánimos y aparentes ambiciones, será el de mantener fresco el pastel que devora a un ritmo insano, aunque se vale venir por las canicas en cinco años y desaparecer del mapa como lo han hecho muchos. 

Esperemos a que la vacuna llegue a la mayoría de la gente, que no surja otro número global como el que hemos vivido y que, para el 2022, Bad Bunny siga siendo el rey de reyes para ver cómo se comportará el mercado y los conciertos. 

Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.