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Cardi B a la velocidad de la luz: Un flow perfecto para el mainstream

Su transgresión de disciplinas y versatilidad de alcances, hacen de Cardi B un fenómeno y síntoma de la cultura pop en sí misma. 
Ricardo Pineda

Manhattan, Nueva York, 1992. La gran depresión fue dura; el “American Way of Life” había logrado imponerse de forma cuestionable tras el gobierno de Ronald Reagan, y el Soho pasó de ser un nido cultural relativamente sórdido y semillero de outsiders a convertirse en una de las zonas más cool en el mundo.

En ese tiempo las cosas ya estaban muy establecidas. No sólo en la Gran Manzana sino en Estados Unidos todo parecía ya muy dibujado: sneakers, MTV, Michael Jackson, Michael Jordan. El mejor rap del mundo y el centro de Occidente moderno se concentraba en una sola ciudad. Pero si algo nos ha enseñado la nación más voraz del globo es que siempre se puede más. 

Ese fue el mundo en el que nació y creció Belcalis Marlenis Almánzar, mejor conocida en el mundo entero como Cardi B, uno de los rostros más recurrentes del ecosistema pop global más desproporcionado, fugaz y voraz. Uno, donde los Bad Bunny, los Travis Scott, las Nicki Minaj y las Rosalía del mundo, al igual que el ugly fashion se encuentran en la cresta mediática.

Foto: Cardi B, Atlantic Records.

Exuberancia, carisma, una historia de éxito y vida que conecta con la gente de a pie, Cardi B es la reina del algoritmo. Su nombre es un branding que aparece en todas partes: Cardi B en la moda, Cardi B opinando de política, Cardi B agarrándose a violentos taconazos; Cardi B, de stripper a la dueña de los charts. La nueva cara del rap mainstream global. Una celebrity, un meme, un emoji, un icono. ¿En qué momento fue tan grande?

La respuesta es tan jabonosa como inmediata: no hace mucho. Sin embargo, y como hija de esa sociedad en donde la imagen, el flash, el dinero y la hipersexualización estadounidense —misma que ha hecho un clic notable con el universo gangsta y pimp del mundo del rap más flashy—, desde muy temprana edad, Cardi B se trazó una meta clara, en donde el colmillo callejero, el rap y las nacientes redes sociales le darían la llave a la fama.

A sus 21 años, hace cerca de cinco años, Vine e Instagram fueron sus aliados y también parte del fenómeno farandulero de la nueva era: la calle tomaba los controles, la moral y la actitud “in your face”, aunado al bling bling fueron el punto cero para brincar al estrellato.  

Con ella nos encontramos ante esas generaciones completamente nacidas en el mundo digital; los micro rostros en micropantallas. Una artista que no se podría entender sin VH1 Love & Hip Hop: New York ni el soporte-credencial de sus cosechas: Forbes, los premios Grammy, Billboard Music, Guinness World Records, e incluso la revista Time, quien la integró a su listado de las 100 personas más influyentes del mundo en 2018. Entender este fenómeno es algo así como entender la Coca-Cola, el funcionamiento de los memes y la contundencia de un personaje que hace lo que quiere cuando le viene de las vísceras.  

Cardi B, un estilo y flow perfectos para el mainstream

Si bien el éxito de Cardi B tiene mucho de imagen, algoritmo y la encarnación de un personaje colosalmente explosivo, quizás éste no podría ocupar su lugar de ícono popular de no haber tenido un flow notable, el cual si bien no es el más versado ni complejo técnicamente, sí tiene y encaja con lo que el mainstream ansía de forma voraz. La atención dentro de la industria musical no es para menos, pues estamos ante la primera rapera en alcanzar el puesto número uno como solista desde Lauryn Hill en 1998.

Para entender el el ecosistema musical de la autora de Gangsta Bitch Music, Vol. 1 (2016) habría que remitirnos a los tiempos épicos y peligrosos con su gang de batalla, los Bloods; al mito autoconstruido en los tiempos de la vida fácil, el strip world y el carterismo por diversión, pero sobre todo, a sus role models artísticos: Madonna, Missy Elliot, Lil’ Kim, incluso Selena e Ivy Queen. Podríamos decir, que el signo sonoro de Cardi B es una supermujer con los arrestos e impulsos de las figuras antes mencionadas. 

Foto: Cardi B, Instagram oficial.

R&B, flow latino a flor de piel, rap, trap, bounce y pop. Cardi B no ha tenido empacho en ser compositora, empresaria, reina caprichosa y una figura de transgresiones estilísticas, pero siempre dentro del trend, manteniéndolo agresivo, directo y fresco, sin demasiadas florituras.

Con todo este currículum orbitando a su alrededor, resulta asombroso que su mayor golpe certero a la industria musical, Invasion of Privacy, se haya dado apenas hace un par de años. Así la velocidad de los peleadores callejeros. El mundo (real y digital) recordará 2018 como el año en el que el pop fue completamente latino.   

Una vida fructífera, vertiginosa y a mil por hora (Cardi B aún no tiene 30 años) llena de cosechas desorbitantes, fiestas igual de desproporcionadas y una realidad extraña que es un foco gigante sobre su rostro. Todo tiempo en personaje, poco tiempo de sosiego; pocos pueden soportar esa loza sin trastabillar en el camino. En el caso de Belcalis Almanzar, el trastabilleo es el signo de su corpus como estampa de los tiempos que refleja el universo pop de la década. 

Y si bien las raíces de Cardi están en Trinidad y República Dominicana, la valía de transgredir el latino gang style en el pop mainstream ha sido un aporte notable, un formalismo que se sabe pautar en la red y transformarse en colaboraciones sumamente estratégicas.

En la época en la que han existida más features que nunca, la intérprete de “I Like It” ha cantado ya con medio mundo. Los que quieras: J Balvin, Bad Bunny, Bruno Mars, Ozuna, DJ Khaled, Nicki Minaj, Jennifer Lopez, A$AP Rocky, 21 Savage, Maroon 5, Anuel AA, Ed Sheeran, Post Malone, Charli XCX y sumando.

Cirugías plásticas de alto riesgo a temprana edad, éxitos y ceros en la cuenta por minuto y un montón de trajes nuevos después, la carrera y el éxito de Cardi B parece ir apenas calentando motores.

Pese a que digan que su brillo viene de una burbuja mediática de los tiempos que vivimos, pese a las diatribas y descalificaciones… ¿Crecerá aún más ese carisma, esa actitud y esa energía que enciende las calderas de las olas más altas? Estamos a punto de verlo.