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Columna Slang | Hip hop: esa película que el cine aún no ha sabido rimar

Pese a que en apariencia las obras fílmicas sobre el tema abundan, para algunos aún no existe “la película definitiva sobre hip hop”, ¿por qué?
Ricardo Pineda
Foto: 'Boyz N the Hood', Columbia Pictures.
Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.

Hace apenas unos días el hip hop cumplió casi medio siglo de vida, 47 años para ser más exactos. Desde sus inicios, ―y tomando en cuenta que la cultura del rap, el breakdance y el graffiti surgieron en una etapa en donde la historiografía moderna ya se encontraba mucho más evolucionada―, de alguna manera los registros que han servido como su memoria no son pocos. Memorabilia, ensayos, libros enteros, discos y testimonios plasmados en distintos soportes conforman un corpus de consulta en el que, de una forma u otra, se puede rastrear y aprender de su complejidad. 

Además, la naturaleza misma del movimiento encarna en el rap una impronta testimonial valiosa: el rap cuenta historias de todo tipo, a diferentes ritmos, estilos y voces que, además de generar un entramado diverso pero particular de ver la vida, también la enriquece de vuelta y la complementa de una manera que otros géneros musicales no lo logran.

Esto facilita que, invariablemente, el hip hop tenga todos los elementos naturales para ser llevado a la pantalla de forma más o menos “sencilla”, ya sea en forma de documental, serie y ficción. 

Y por más de tres décadas, un rango aproximado de tiempo en el que el hip hop ha estado digamos “en la cima” del gusto popular, desarrollándose y reformulando los linderos del mainstream, los ejemplos no han sido pocos ni han pasado desapercibidos: Do the Right Thing (Spike Lee, 1989), Identity Crisis (Melvin Van Peebles, 1989), Krush Groove (Michael Schultz, 1985), Boyz n the Hood (John Singleton, 1991), Friday (F. Gary Gray, 1995), 8 Mile (Curtis Hanson, 2002), Straight Outta Compton (F. Gary Gray, 2015)… La lista es vasta e interesante, incluso también en el ámbito documental, aunque no tan nutrida, diversa y abrumadora como uno pensaría. Y es aquí donde habría que detenernos. 

Foto: Do The Right Thing, Universal Pictures.

Para Rafael Paz, crítico de cine, director editorial del sitio Butaca Ancha, locutor del programa radiofónico Derretinas y adepto tanto al hip hop como al séptimo arte, las apariencias son ante todo engañosas. Y a pesar de que el hip hop es un movimiento que hoy toca linderos de alcances globales en la industria cinematográfica, hay un tema mucho más amplio, discutible y complejo de fondo, ligado ante todo a la representación de la comunidad afrodescendiente en el cine:

“Lo que podría parecer evidente es que el hip hop está presente en el cine porque los estudios se lo han apropiado: el rap está muy presente en los soundtracks, en las películas y las narrativas más convencionales que la industria del cine ofrece. Y si la comunidad afroamericana tiene en realidad poco tiempo representado en el cine realmente, entonces el hip hop tampoco tiene tantos espacios en el cine como pensaríamos. Me parece que pasa un poco por temporadas en que hay negocio y se aprovecha. Por ejemplo en los noventa que aparece Boyz n the Hood, que a John Singleton lo nominan al Oscar, se hablaba de cosas como ‘esto es un principio para los afroamericanos, para poder ver más historias del gueto en pantalla’ y por un tiempo fue así, digo Tupac fue estrella de cine, hizo algunas películas que a mí me parecen increíbles, Juice (1992) y Above the Rim (1994), fue unos años y en realidad después el gueto afroamericano volvió a quedar relegado del mainstream cultural más amplio”.

Foto: Tupac Shakur, un carisma solvente para las rimas y la pantalla grande (Juice, de Ernest R. Dickerson, 1992).

“Podríamos decir por ejemplo que Spike Lee es quien ha tenido la oportunidad de salir más de esa línea, pero a diferencia de sus contemporáneos, Lee tiene la ventaja de llegar al inconsciente colectivo del mundo de la mano de Michael Jordan, porque en ese entonces Michael era tan grande que si trabajabas con él no había manera de también tú ser famoso. Spike ha tenido y ha vivido grandes oportunidades gracias a que es un gran cineasta, pero también un tipo inteligente que sabe ver cuáles son sus momentos y ha hecho cine mucho más convencional. Por ejemplo está Inside Man (2006) que no representa una problemática afroamericana en particular, pero que funciona a los estudios comercialmente. Esto refleja también que el mainstream se abre a la diversidad, con tal de hacer dinero”.

                    Inside Man (2006).

“Pensemos que en 2016 salió Straight Outta Compton, que tuvo a su alrededor una serie de comentarios similares a Boyz n the Hood: ‘esta película va para los Oscar, esta película hizo dinero y hará posible que se cuenten más historias’. Incluso vimos varios ejemplos acá en México (Somos Lengua de Kyzza Terrazas y Mexicanos de Bronce de Julio Fernández Talamantes, ambas de 2016), algunas cosas en Netflix, pero más allá de eso no hubo un eco posterior. Entonces a mí me sigue faltando esa ‘gran película o esas grandes series que no salgan cada cinco, seis años, sino que se exploren constantemente historias de cómo es que el hip hop funciona”, abunda Rafael Paz, quien reconoce que pese a su apego a la realidad, el cine no tendría por qué ser como la vida real y que buena parte de su lógica misma, en este ámbito, es parte de una industria distinta: el entretenimiento. 

Boyz n the Hood (1991).

Rimas a 24 por segundo

Si bien la perspectiva de Rafael Paz nos ilustra sobre una realidad en particular, también es cierto que hoy las formas de nutrirse, interesarse y enterarse sobre un fenómeno se han ampliado y diversificado. En este sentido, series como Hip Hop Evolution, o filmes como Notorious (George Tillman Jr., 2009) e incluso Travis Scott: Look Mom I Can Fly (White Trash Tyler, 2019) más recientemente, han fungido como un portal válido dentro del ecosistema del entretenimiento para adentrarse más a fondo y desarrollar un interés por las películas de hip hop. 

Esto habría que tomárselo con calma un poco también, de preferencia, en tanto el disfrute está por delante, pero también es cierto que la información de las fuentes, al expresarse en una historia documental o ficcionada, pueden variar o modificarse con fines completamente de entretenimiento. Sobre todo ahora, cuando los tiempos de producción se han reducido notablemente y estamos expuestos a una oferta palpable de películas de todos nuestros intereses y con distinta factura. 

Si en los ochenta en Estados Unidos, el promedio de películas semilleras y fundacionales sobre el hip hop (excluyendo documentales), no rebasaba la veintena de producciones, a la década siguiente su boom logró registrar poco más de treinta, algunas de ellas notables y memorables.

Resulta paradigmático el contraste de la primera década de los dosmiles, cuando se registraron poco más de un centenar de producciones, la mayoría de ellas francamente olvidables y superadas en su mayoría gracias a la ficción protagonizada por Eminem, 8 Mile (2002). Film que para muchos en el mundo implicó un rito iniciático al mundo del rap. Para la década pasada (2010-2020), la producción de ficciones sobre hip hop había disminuido considerablemente, llegando a casi medio centenar

Esto de alguna forma viene a ratificar lo dicho por Rafael Paz, quien hace un breve repaso por sus favoritas y de pasada, nos da buenas coordenadas de insana diversión rapera: “Hablando de películas que lo han hecho bien está Straight Outta Compton, cuenta una historia, quizás no de forma contestataria; me cuesta trabajo pensar en otras ficciones biográficas y creo esto atiende a que hoy suele haber pocos presupuestos para lograrlo bien, más bien pensaría cómo el hip hop ha ayudado mucho a contar ciertas historias, como la ya mencionada Above a Rim

Straight Outta Compton (2016), Universal Pictures.

“Puede que Eminem no le caiga bien a todo mundo, pero objetivamente 8 Mile está muy bien hecha, es una buena película y Marshall Mathers se da el lujo de embellecer su historia al ficcionar, además que la canción principal es un gran rap: cuenta una historia de lo que pasa en el barrio desde su perspectiva como blanco en un vecindario afroamericano. Por ahí los de Outkast quisieron hacer una cosa medio musical llamada Idlewild (2006), que es interesante pero no del todo bien lograda”. 

“También podríamos pensar en películas que usan el hip hop para potenciar comedias de humor bastante desorbitado, como cuando Snoop Dogg aparece en Soul Plane (2004), que es una historia sobre un hombre que gana una demanda a una aerolínea por un accidente y decide fundar su propia aerolínea enfocada al segmento afroamericano. Y más allá de las risas y de lo absurdo (la película es como un capítulo de La Escuelita de Jorge Ortiz de Pinedo pero con aviones), hay aparición de otros raperos, el soundtrack está lleno de rap y su popularidad de alguna manera está inserta en ese ecosistema, aunque hoy a la distancia sea un poco reprobable, políticamente hablando. Otro highlight puede ser Friday, en donde Ice Cube, quien en ese momento de su carrera estaba preocupado por reflejar la realidad de las calles, tiene en esta cinta coprotagonizada con Chris Tucker su mejor actuación, en donde se la pasa sentado en la puerta de su casa viendo qué sucede a su alrededor, refleja su realidad a través de una comedia y te hace sentir que no necesitas vivir en el barrio para saber lo que sucede ahí, cómo es vivir en Compton en los noventa”, agrega Paz.

“Añadiría otra, que es una comedia objetivamente mala, que es How High (2001) con Method Man (Wu-Tang Clan) y Redman, en donde dos amigos logran entrar a Harvard gracias a que fuman marihuana con las cenizas de su amigo muerto, quien se les aparece y los ayuda a entrar. La mera presencia de estos dos personajes irrumpe en la cotidianidad dominada por élites, y porque tiene como antagonista a un personaje que aparece continuamente en el cine afroamericano; que es ese heredero de esta cultura que ha decidido asimilarse hacia la cultura más aceptada, reprobando todo aquello que huela a gueto, como algo que tiene que ser civilizado. No es una gran comedia, pero sí una muy divertida para quienes disfrutan del rap y la cannabis”. 

Amén de las películas abundantes en teorías de la conspiración y falsedades, el cine de hip hop más bien es una obra escasa. Habría que buscar más a fondo para encontrar los verdaderos garbanzos de a libra que le hagan justicia hoy en día. Hip Hop Evolution, uno de los casos más sonados recientemente, quizás no da del todo al clavo al romantizar levemente el nacimiento de los breaks y el protagonismo ligeramente invasivo del entrevistador.  

Historias como la de The Notorious B.I.G. y su rivalidad con Tupac Shakur aún no han tenido una bajada lo suficientemente digna, por ejemplo. Del otro lado, historias interesantes como la vida de Outkast cuando grabaron su primer disco, los inicios de Jay-Z que son en sí mismo una gran travesía, e incluso los devaneos de Kanye West con sus experimentos fílmicos, podrían traer una luz interesante sobre el fenómeno. 

De cara al futuro, Rafael Paz resulta contundente: “Pensaría en algo sobre el sur con Master P. (No Limit Records), quien lanzó el reto de volverse multimillonario y lanzar su propia línea de raperos y lo logró, o incluso algo más actual como el fenómeno de raperos que se vinieron desarrollando en SoundCloud y que han fallecido, quienes no eran reconocidos por el nivel de su trabajo sino por su popularidad gracias a internet”.

“Todo eso estaría muy bien verlo en cine. Al final del día, el hip hop es un ecosistema inagotable de historias. Hay también muchos ghostwriters de rimas que han logrado que los raperos triunfen, porque no todos son buenos escritores. Eso habrá que contarlo, como el caso de Drake, quien ha sido acusado de usar ghostwriters. Me gustaría mucho ver una cinta sobre alguien que ha tenido que supeditar su trabajo al anonimato para poder desarrollarse, contra alguien que opta por ser famoso por méritos que no son propios. Son retos de creatividad, de producción y de investigar para poder encontrar una buena historia en el mundo del rap, las cuales no faltan. Incluso en México me sorprende que, quizás lo que necesitaba contar Babo en Los Jefes (2015) no era lo que contó ahí, sino cómo llegó a la cárcel y que, en cierto modo, le ayudó a construir una mitología alrededor de su figura. Raperos no faltan, ese no es el problema, pero el cine es caro y quizás al mainstream le sigue resultando caro, pero esto quizás no signifique que hacer películas de hip hop sea un arriesgue en sí mismo, solo hay que levantar las piedras y ver qué hay debajo”.