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Columna Slang | Té negro, taladro y suciedad: un rap británico para el (no) futuro 

Pese a que su tradición toma prestados algunos elementos del rap estadounidense, su vertiente británica brilla por luz propia.
Ricardo Pineda
Foto: Skepta, Andrew Benge/Redferns.
Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.

Entre la vasta variedad de elementos y aportes que el rap le ha dado al mundo, uno de los más notorios gira en torno a las posibilidades del lenguaje y la voz como vehículos de expresión humana más allá del canto. Y si bien desde tiempos previos al lenguaje, la voz ha sido uno de los principales vasos comunicantes; base de cantos guturales tribales, rituales o lúdicos, fue con la llegada del rap que los horizontes musicales y artísticos tuvieron un nuevo umbral de impacto mundial sin precedentes. 

Solo fue cuestión de tiempo para que la revolución que representó el hip hop estadounidense en el orbe tuviera sus versiones locales. Y en el caso particular del Reino Unido, ―con el dominio de la lengua nativa y un pasado geopolítica vasto aunque mucho menos diverso y complejo―, el rap británico comenzó su historia hace poco más de tres décadas imitando a los primeros rappers norteamericanos. Aunque las particularidades y matices que hoy lo distinguen del resto del mundo datan de mucho tiempo atrás.

Habría que quitarle el capote a ese lugar común que versa sobre los ánimos conquistadores de Inglaterra y naciones aledañas que forman el imperio británico, en donde se dice que Estados Unidos crea un ritmo e Inglaterra llega a mejorarlo notablemente, como en el rock o en diversas corrientes literarias. Y si bien la máxima tiene mucho de cuestionable, en el caso del rap sirve de referente para entender lo que se fabrica en la lengua inglesa del lado europeo; podríamos hablar de un manejo del género con sus propios códigos y estilos, que ocasionalmente han tendido a ampliar el espectro del rap en el mundo. 

Así, a pesar de que el rap británico también habla de realidades callejeras, hay grafiti y batallas por librar; habría que tener claro que las sutilezas importan tanto o más como en el Reino Unido los acentos. Mientras las rimas iniciales que dieron vida al rap estadounidense tomaron prestadas bases del rock, el jazz, el funk o el soul, en Inglaterra esa herencia fue diluyéndose para virar a su relación con Jamaica, sus vínculos con el punk y la electrónica fría, para articular una identidad mucho más precisa. 

En Estados Unidos el rap aborda los bloques de finales de los setenta, y habla a su vez de latinos en las calles, afrodescendientes, crack y el tomar las calles por sorpresa. En el caso del Reino Unido, esos mismos pilares son viejas edificaciones de la clase obrera inglesa, de una relación opresiva con Jamaica, de guetos y de una comunidad agreste, fría e incluso más brusca al trato. 

Malcolm McLaren, genio, visionario y oportunista del rap (y del punk) británico. Portada de Duck Rock, 1983.

Desayuno

Los albores del rap británico marcan a 1983 como punta de lanza, cuando los clubs de moda y el estallido del hip hop en Estados Unidos comenzaban a inundar Europa, ante un capitalismo que comenzaba a hacerse más y más voraz. Sonaban entonces cosas que hoy resultan inocentes como Adam and the Ants, “London Bridge” de Newtrament o los primeros experimentos de la rima con cajas de ritmos en el mainstream.

Para entonces, agrupaciones como The Clash o el oportunismo de Malcolm McLaren, exmanager de los Sex Pistols, ya ponían los ojos sobre el género. Indirectamente, y fiel a su tradición de ligar a la cultura con un eterna batalla en lo político y social, el rap del Reino Unido gestaba una identidad que lo desprendería de los pasos norteamericanos, con su dureza llena de cerveza, enojo y clima más bien cruento.  

Esa relación con la moda y los clubs del subterráneo, emparentó muy pronto al brit-hop, como se le denominó mediáticamente a la cultura inicial. Con los soundsystems, los inmigrantes jamaicanos y las distintas vertientes del reggae. Así como su propio rostro afrodescendiente que hermanaba a las clases obreras blancas del underground con sus similares adeptos al ska, rocksteady, dancehall y especialmente el dub.

Esta realidad si bien ayudó al rap británico a despegarse pronto de la discoteca de moda y el sabor del mes, también trazó unas líneas demasiado claras y poco variadas. Paralelamente, dentro del diálogo e intercambio inconsciente de elementos y culturas, Inglaterra comenzó a impregnarse también del techno, el house y la creciente escena electrónica global, que lo mismo se alimentaba de Chicago y Detroit como capitales neurálgicas de Estados Unidos, que de Berlín y el naciente Drum and Bass en Inglaterra. 

Roots Manuva, considerado por muchos como uno de los raperos ingleses más grandes de todos los tiempos. (Portada de su disco Bleeds, de 2015).

Hora del té en el garage 

En buena medida, fue el Drum and Bass y el Jungle lo que vino a darle al rap británico una identidad mucho más marcada, pero también hizo más maduro los linderos oscuros y sofisticados del género. Dejando a figuras como The Criminal Minds, Slick Rick, Soul II Soul o The Wild Bunch (semillero de proyectos como Massive Attack y Tricky en el trip hop), como pilares de raperos ingleses sólidos, rudos y mucho más complejos.

Fue así como el portal para los Stereo MCs o The Brotherhood, y sobre todo para Roots Manuva y MF Doom se había abierto.  

Habría que tomar en cuenta que en Inglaterra, el pop tiene un arraigo mucho más integrado en el underground, en donde el dominio de la lengua y su tradición literaria ha impregnado también las calles. Esas en donde la clase media también tiene un mensaje claro y un dominio de la rima de vez en cuando. Es así como el espectro del rap británico ha podido abrirse paso el siglo XXI también con nombres como The Streets, Lady Sovereign o la misma Kate Tempest, quien usa el rap para articular su literatura en un spoken word introspectivo, consciente y de sumo poderío. 

El rap británico ha abierto sus brazos a una iconografía que mucho más local y cercana, aunque también existen las diferentes vertientes que abrevian del UK Garage, el dubstep y recientemente el trap. Mismas que han logrado despegar al género hacia una nueva generación de rappers, con una consciencia altermundista, hacktivismo y agresividad a flote, en donde figuras como Dizzee Rascal y su brutal debut discográfico Boy in Da Corner (2003) fue la punta de lanza de una nueva era, mucho más vertiginosa y directa. El grime ha venido por su trono y se encuentra con una realidad global urgente.  

La noche del taladro 

Y si el grime fue la cara más nueva y agreste del rap británico de las dos décadas pasadas, el mainstream y el mercado terminó de montarlo de cierta manera, incorporando las versiones globales en el propio Rascal, M.I.A. (Sri Lanka), Kano, Die Antwoord (Sudáfrica) o Skepta. Que de alguna forma este último es la figura más notoria del grime contemporáneo, y que viene a surtir un efecto de eslabón con la nueva era, el drill

Surgido en Brixton, al sur de Londres, en 2012, y retomando influencias del movimiento que se estaba gestando en Chicago, el drill británico es una renovación de la rima. Que de alguna manera está trascendiendo los linderos sónicos del trap, radicalizando el discurso y la imaginería de sus letras. 

Si bien en su camino el rap del Reino Unido comenzó, como muchos, como una moda e imitación, su tamiz jamaicano y electrónico pudo darle una seguridad en sí mismo para separar escuelas y expandir el espectro. Aterrizando en el subterráneo para endurecerse, y ser el soundtrack de una nueva realidad. Misma que nos muestra a nombres para algunos ajenos como DigDat, Kenny Allstar, 23 Drills o NPK en la palestra, pero también tiene a jugadores dudosos (y famosos) como Drake a querer expandir el fenómeno en el mundo. Hoy se habla incluso de latin drill, pero ese intercambio es otra aventura.