Corridos, norteña y banda a la conquista del mainstream en español

Lo que la industria ha denominado como «regional mexicano» se ha filtrado en las venas de la música popular de habla hispana, ¿hasta dónde llegará?
Ricardo Pineda
Fotos: Instagram oficial de los artistas.

En el principio fueron los corridos y la música norteña, luego vinieron las etiquetas totalizadoras que sirvieron para vender y expandir el mercado, lo «grupero». Posteriormente los alterados y el duranguense, con una presencia mayor en el mercado norteamericano, para al final del día habitar bajo la jabonosa cobija de «regional mexicano».

Y en años recientes, con la llegada de los corridos tumbados, una nueva etapa de expansión ha dado pie a que la música mexicana conquiste de a poco el mainstream de Latinoamérica y España. Entonces surge la pregunta: ¿estamos ante un nuevo umbral de posibilidades musicales o sólo es una jugarreta más del algoritmo y el mercado?

Karol G incluyó un corrido en su más reciente álbum ‘K0516’ llamado “200 Copas”.

Habrá que irnos hacia atrás para dar cuenta que esta no es la primera, ni mucho menos la última ocasión en la que el folclor mexicano alcanza tintes globales. Cada tanto, el mariachi, la música del norte del país, así como los distintos sonidos locales de México logran encontrar un eco profundo en las tendencias musicales.

Hablamos de un diálogo milenario entre las músicas del mundo, pero también ciclos que se encuentran cruzados por la evolución musical, la historia, pero también por el momento por el que atraviesa una sociedad, con el mercado y la tecnología como co-protagonistas de su narrativa. 

Recordemos un poco que la música norteña mexicana. Debido a su situación fronteriza y de prominente nacimiento migrante, ha estado siempre en pleno coqueteo con la vida de rancho y su condición que clama “ni de aquí ni de acá”, lo cual le ha brindado la maleabilidad suficiente para mutar en formas fascinantes. 

Geografía del «regional mexicano» 

Hacia arriba, los corridos, las polcas o las cumbias norteñas, han ampliado y diversificado los moldes del country, el folk sureño, el tex-mex (¡Arriba Selena!), o el alt-rock del desierto. Recordemos por un momento a Los Lobos, Calexico —el Bob Dylan de los setenta—, Linda Ronstadt y un sinfín de artistas más. Y mientras tanto, en el sur, la evolución y vanguardia de gente como Ramón Ayala, Cornelio Reyna, Chalino Sánchez han potenciado fuertemente al pop.

En México, la música regional mexicana suele seguir en la cima desde hace décadas, muchas veces por encima del pop: la modernidad de la tecno-banda de Mi Banda el Mexicano; el sintetizador futurista anorteñado de Bronco; las baladas supremas de Marco Antonio Solís; o los niveles legendarios de Lupillo Rivera, Valentín Elizalde o Jenny Rivera, son algunos de los ejemplos más notorios. Estos, han influido a rockers, poperos anglosajones y, sobre todo, al público y creadores de toda América Latina.

Pop con sombrero

Históricamente, el pop ha sido un concepto demasiado amplio. Este abarca más de un fenómeno de la industria que a una sola música en sí misma incorporando, eventualmente —y muchas veces de forma arbitraria—, las modas, tendencias y signos que va marcando la cultura.

Lo mismo integra la cosmovisión de las comunidades angoleñas o nigerianas más profundas, el bagaje del jazz o blues, y más recientemente los corridos, para construir pegadizos éxitos mundiales. Pregúntenle a gente como Paulina Rubio o Thalía, quienes han pasado por más de una decena de estilos musicales en un solo disco.

El pop es el canal por donde viaja la música sin límites de ninguna índole. Y aunque no siempre de la mejor forma, siempre tiene el mismo fin: llegar al mayor número de personas posible. Sobre todo, en tiempos en donde los formatos físicos y la vida digital han dado pauta a que los clics, reproducciones y plataformas de streaming vayan cambiando un poco la manera en la que escuchamos la música.

Desde los días del shuffle, pasando por los mp3 sueltos y los primeros días del algoritmo, la tecnología ha facilitado también que las generaciones más recientes puedan romper y cruzar información, estilos, gustos y géneros sin mayor culpa, lo cual ha detonado también un diálogo infatigable de los folclores locales con los estilos de moda, yendo de ida y vuelta con el pop. 

¿Cómo es esto? Muy sencillo: en Spotify será relativamente fácil dar con la versión local de un Bad Bunny; con la copia autóctona de una Dua Lipa, o existe hasta la versión post cyberpunk techno pop de Ariana Grande. Esta dinámica de números de reproducción, la ciencia detrás del algoritmo, y los experimentos de una voraz industria musical, eventualmente hace que los estilos se crucen en una suerte de promiscuidad musical infinita. 

¿Corridos con trap y reggaetón? favor de ver el arrastre de Rancho Humilde con artistas como Ovi y Natanael Cano. Regional mexicano con rap, solicitar informes con Snoop Dogg, la Banda MS o Becky G. Recientemente artistas como Bad Bunny, Anuel AA, Ñengo Flow, C. Tangana o la misma Karol G, se han aventado sus devaneos con la música regional mexicana; una etiqueta que ha tenido mucho más eco y sentido para un público global y nativo digital. 

La balada mariacheña de Christian Nodal o los subgéneros derivativos y surgidos del streaming, tales como Sad Sierreño, La Troca, La Clica o TrackxTrack han comenzado a salir de las playlist para tocar a la gente en su día a día, despertando la también la inquietud y fascinación de artistas en otras latitudes, quienes buscan llegar a esos públicos en común. 

Ed Maverick con Junior H; el ascenso sorpresivo de artistas como Carin León o incluso la reciente lectura que se hizo de Los Tigres del Norte repitiendo el camino trazado por Johnny Cash, habla de una industria que está entendiendo, tal vez, de forma elíptica, aletargada y reiterativa, de que el pop nunca ha sido propiamente un sonido. Mucho menos hoy, en tiempos de la orgía sonora.

De acuerdo con el sitio web de recomendación y base de datos de  la industria online de la música, Pandora, el «regional mexicano» es un mercado de aproximadamente 7.5 millones de oyentes, creciendo a un ritmo agigantado. Sin duda un momento que el pop ya está aprovechando con creces.  

Datos sobre el consumo de lo que la industria ha denominado como «regional mexicano» en YouTube México. Infogram, Chartmetrics.

¿Veremos en un futuro a la Rosalía echarse un buen dueto ranchero con Ángela Aguilar?, ¿revivirá el fulgor por la banda en el ecosistema hip hop estadounidense?, ¿los corridos seguirán coqueteando con el trap?, ¿es el pop el nuevo amante del revival grupero, sinaloense, duranguense, mariachi, michoacano y anexas?

Los números parecen indicar que sí. Y aunque hay un mercado bien firme de la música local en el mundo, la integración del regional mexicano en el mainstream en español aún representan un terreno por explorar.