DAMN. de Kendrick Lamar, el testamento musical de un prodigio

Con este álbum, el rapero de Compton inscribió su lugar en la historia como uno de los más grandes artistas de la década pasada.
Héctor Elí Murguía | @hectoreli_
Foto: Universal Music.

Desnudarse a través de la música suele ser arriesgado. La mayoría de los artistas o bandas fallan en el intento y entregan productos que caen en lugares comunes o terminan siendo pretenciosos.

Pero Kendrick Lamar, rapero dotado de creatividad para crear flows, lírica y contenido, ha logrado lo que pocos: obras conceptuales de vanguardia que reflejan la vida cotidiana.

DAMN., su cuarto álbum de estudio, mostró la fuerza del hip hop en el mainstream a través de una revisión introspectiva de los sentimientos y el sistema de creencias del rapero, exponiendo la lucha de los más débiles por la supervivencia en un mundo que favorece a unos cuantos.

Previo a este lanzamiento, Kendrick fue alabado por la crítica con To Pimp A Butterfly (2015), un disco orientado al entorno político estadounidense que preludia la caída de Obama, el primer presidente afroamericano, y vislumbra la llegada de las ideas radicales más turbias con el ascenso de Trump al poder.

Ese álbum ahonda en el contexto social de los afroamericanos y plantea desde el racismo sistemático, hasta el conflicto interno de la comunidad que finalmente están sujetos bajo el mismo yugo: la cultura blanca dominante.

Después de darle la vuelta al género con TPAB, K. Dot quiso reinventarse. En pleno Viernes Santo del 2017, el rapero lanzó DAMN., material artístico que fue descrito por los jueces del Pulitzer como “una colección virtuosa de canciones unificadas por su autenticidad vernácula y dinamismo rítmico que ofrece anécdotas que tratan la complejidad de la vida afroamericana moderna”.

Con este álbum se convirtió en el primer artista contemporáneo (y no de jazz, ni música clásica) en ganar este premio en la categoría de música.

Foto: Universal Music.

El concepto del álbum 

La narrativa del álbum funciona como un sueño condensando los sentimientos, emociones y creencias de Kendrick Lamar.

Siguiendo esa dinámica onírica, el primer track, “BLOOD.”, manifiesta los primeros rasgos imaginarios del disco narrando su propio asesinato a manos de una mujer ciega.

“DNA.” abraza la herencia afroamericana y “YAH.” expone con sarcasmo la polémica declaración que hizo un conductor de FOX News luego de la presentación del rapero en los BET Awards en 2015, comparando al racismo con el hip hop.

La frase “ain’t nobody pray for me” o “nadie reza por mí” que luce en el tema “FEEL.”, se repite constantemente en el álbum como si proviniera directamente del inconsciente y describiera la fragilidad con la que Kendrick se revela.

La instrumentación de DAMN.

Más allá de la lírica, la estructura musical de las canciones se aleja del jazz y está construida con algunos de los sonidos que marcaron la segunda década del siglo XXI.

La Roland 808 usada para la creación del trap —uno de los movimientos que más influencia tuvieron en los 2010s— funge como el instrumento que le da vida a la rítmica del disco.

Un riff de guitarra característico del rock se hace presente en el comienzo de “HUMBLE.”, tema en el que K.Dot predica el evangelio de la humildad y revela lo que piensa de la modernidad cuando rapea: “estoy enfermo y cansado del maldito Photoshop”.

Por otro lado, el pop se ve impregnado en temas como “LOVE.” o “LOYALTY.”, que cuenta con la colaboración de Rihanna, en los que abiertamente conviven el amor y la lealtad de la manera más sincera posible.

Un clímax íntimo 

La conclusión del disco es el clímax de esta manifestación onírica. En “FEAR.”, Kendrick cuestiona a Dios exponiendo sus temores. Desde perder la creatividad hasta perder la propia vida. Una mirada introspectiva a los miedos más reales de un ser humano que vive como parte de la minoría.

“GOD.” compara el dolor de un afroamericano como Kendrick con el de Job, personaje bíblico del libro de Génesis quien es manipulado por el Diablo y probado por Dios, perdiendo a su esposa, sus hijos y sus tierras.

Por último, “DUCKWORTH” reflexiona sobre la bendición que para él representó haber crecido con su padre en Compton.

La producción del disco

A diferencia de otros artistas autónomos que componen, producen y mezclan sus propias canciones, Kendrick Lamar opta por ser el director creativo de sus álbumes y orquestar sus ideas con el apoyo de múltiples talentos.

Para DAMN. el rapero reclutó a sus productores de cabecera. El comandante en jefe de su colectivo Top Dawg Entertainment, Anthony “Top Dawg” Tiffith; Sounwave y DJ Dahi, este último artífice de la magnifica “Money Trees” de good kid, m.A.A.d City.

También se le unieron grandes productores: The Alchemist (Eminem, Action Bronson y Earl Sweatshirt), Mike Will Made It (Beyoncé, Miley Cirus y Rae Sremmurd), así como y Greg Kurstin, productor de Adele, Liam Gallagher y Foo Fighters.

Además, tuvo la contribución de talentos que le han dado un nuevo aliento a la música como James Blake, Steve Lacy (guitarrista de The Internet), BadBadNotGood y hasta U2, que hace aparición en la postal norteamericana “XXX”.

Foto: Universal Music.

DAMN. el testamento musical de un prodigio  

A pesar de las expectativas por seguir experimentando como lo hizo en TPAB con el jazz, Kendrick decidió regresar a las raíces del sonido explosivo de Compton con g-funk, trap y hasta pop dentro de un material artístico difícil de comparar.

Con DAMN., Kendrick Lamar demostró por qué era el mejor rapero vivo, tal como mencionó Vince Staples días antes en una entrevista para la estación de radio Power 106 FM.

Este es el testamento musical de un prodigio que desde sus primeros trabajos inscribió su lugar en la historia apostando por el discurso más que por los números, en una época superficial en la que importa la cantidad de seguidores que tienes, cómo le llegas a más gente y de qué manera te haces más viral.