Del barrio al sistema: ¿Por qué los raperos se unieron a la supremacía blanca?

Kanye West, Lil Wayne, Ice Cube y más, varios raperos nos han sorprendido por estar del lado político más oscuro de Estados Unidos.
Ricardo Pineda

La pregunta es tan simple como compleja: ¿Por qué varios raperos se han unido a la supremacía blanca?

Vinieron de las calles, se hicieron héroes locales y luego conquistaron el mundo entero. Para algunos, que el rap —ese noticiero de tu vecindario con mayor credibilidad—, esté del lado republicano, resulta una incongruencia incluso hasta biológica.

Pero si partimos de la idea que hoy es el género musical más popular en el mundo occidental contemporáneo y que el medio siempre puede mutar de mensaje a placer, tampoco es de extrañar que exista rap fascista, racista, incongruente y, como en el caso de la coyuntura política, profundamente lamentable. 

Foto: Kanye West y Donald Trump en la Casa Blanca. Ron Sachs/Getty Images.

Las caricaturas nos enseñan 

En alguno de los capítulos más memorables de la sardónica serie animada South Parkquizás una de las caricaturas más políticamente incorrectas en la historia—, el personaje de Eric Cartman, al cuestionarse sobre quién era su verdadero padre, empieza a creer en una teoría que lo encamina a pensar que su progenitor pudo haber sido el chef escolar; un hombre grande, afrodescendiente, hipersexual a lo Barry White, completamente lo contrario a él. 

Casi de manera inmediata y edípica, Cartman empieza a vestirse como breakdancer del Bronx; adquiere la jerga y el flow de un rapero, provocando así el odio de la gente propia y ajena a la cultura del hip hop. 

Si bien esto es ficción, el episodio ilustra perfectamente una irónica y dolorosa realidad. De alguna forma es el signo de los tiempos modernos y cobijados de forma opresiva por el capitalismo, que habita bajo una infame premisa: Prácticamente cualquier movimiento cultural, ideología o intención, sin importar su propósito, puede ser comercializado, intercambiado y usado a placer para otra cosa.

Raperos a favor de Trump: Los nuevos ricos del vecindario

Los recientes comicios electorales de Estados Unidos han sido prueba de ello, en donde como nunca en la historia hemos visto la forma en la que el rap —una música que nace del descontento sociohistórico, de una veta de opresión racial muy evidente—, ha servido también para hacerle el caldo gordo a las figuras políticas más repudiadas de la historia, léase Trump y su asombrosa capacidad de hundir, someter y anular al pueblo que gobierna. 

Entre los desbordes naturales vestidos de excéntrica libertad de la Norteamérica contemporánea, los raperos estadounidenses han construido una figura amplia y compleja, cada vez más parecida a aquello que criticaban de inicio, incluso marcando el ritmo de cómo es el mainstream.

Nos encontramos lejos de esos días de los héroes del barrio; de la venganza esperada de un pueblo en la cultura blanca, del bling opulento e incómodo de Muhammad Ali, Jean-Michel Basquiat o Public Enemy, y ahora, los raperos andan más bien en un plan: “Somos los nuevos ricos del vecindario”

Foto: Kevin Mazur/Getty Images.

La cultura rapper se ha diversificado al grado de convertirse, en muchos casos, en una banalización y caricatura de sí misma. Ejemplos sobran. Uno de los más claros es Snoop Dogg, quien fácilmente ha pasado de la figura del pimp-dealer a ser figurín de la narcocultura, mostrar un rastafarismo trasnochado o un entretenimiento televisivo barato. Es decir, toda una celebridad del mainstream con todas las de la ley.

El rap también ha tenido una respuesta clara frente a lo “políticamente correcto”. Habría que decirlo muy claro desde las letras y el ecosistema de buena parte de la escuela del rap: Se habla de sexo, drogas y dinero… mucho dinero. Todo eso, acaricia unos linderos aún más claros bajo un solo techo: el poder; tener poder lo es todo y quien lo tiene todo va rompiendo poco a poco lo que antes parecían barreras infranqueables. 

Para la comunidad rapera afroamericana en ascenso, marcar tendencia, imponer un canon y mostrar hasta dónde puede llegar un pueblo oprimido, no sólo es una suerte de logro reivindicatorio. También hemos visto que estos devaneos raciales, clasistas o abiertamente fascistas forman parte del universo del hip hop. 

Recientemente, el “loco del pueblo” favorito, Kanye West, en medio de la confusión y el caos posterior a la elección, obtuvo cerca de 60,000 votos en los 12 estados en los que apareció en la boleta electoral, con su conteo más alto en Tennessee, donde fueron 10,188 votos, es decir el 0.3% del voto total, mostrándonos que los caminos de la política y el espectáculo son cada vez más delgados. 

Foto: Jeff Kravitz/Getty Images.

Pero Mr. West no es el único con afanes políticos de derecha. El 29 de octubre, el rapero de Nueva Orleans —una comunidad golpeada por la carencia y la opresión racial de su pasado—, Lil Wayne, también se reunió con el entonces presidente Trump, para demostrarle su apoyo en las elecciones e impulsar el American Way of Life de corte supremacista y encumbrado en los negocios más turbios y nocivos de la sociedad moderna.

Foto: Lil Wayne con Donald Trump antes de las elecciones 2020. Lil Wayne, Twitter oficial.

Ice Cube, paladín de la libertad de expresión en Los Angeles más duros y golpeados de los ochenta, el mismo que escribió “Fuck The Police”, fue duramente cuestionado al ser parte de la agenda afroamericana de Trump.

Su defensa fue tan tajante como helada, podría decirse: “No voy a jugar más de estos juegos políticos; no somos parte de un equipo, así que voy con quien esté en el poder y les voy a hablar sobre nuestros problemas, específicamente. Los líderes van a liderar, los que odian van a odiar, ¡Gracias por liderar!”, expresó el ex integrante de N.W.A., quien también ya se ha retractado de su apoyo a Trump.

Foto: Paul Natkin/Getty Images.

Difícilmente este fenómeno podría darse en América Latina, ¿No?, ¿Imaginan a la Homegrown Mafia apoyando al Ricky Riquín Canayín sólo por haberles aventado una carretada de dinero? No. Estados Unidos tiene a las mentes más contradictorias; las ideas más locas y las ínfulas de siempre controvertir, revertir, invertir y no descansar, hasta que las ligas se rompen. 

Ese pensamiento de la supremacía blanca encabezada por Trump encuentra eco en líderes del espectáculo, quienes están respaldados por públicos que inclinan su preferencia política hacia una necesidad económica principalmente. Y dicho discurso amasa teorías de conspiración sobre los migrantes, las políticas sociales o la valía de la lucha de los pueblos. 

¿Cuántos raperos más?

Nelly en 2002 homenajeando a la torre Trump; Waka Flocka Flame cantando victoria antes de tiempo; Ice-T en el 89 (no, tú no T), Asian Doll o BlocBoy JB sin pudor alguno, e incluso 50 Cent diciendo que Trump es un tipo “asombroso”. 

Más allá del rap, los nacionalismos y las élites, están enfocados en una realidad que les acomoda en lo inmediato, sin importarles una impronta ideológica. El mundo moderno nos ha mostrado que la política es accesoria en un dinamismo en el que el dinero es el que corta el queso. Izquierda, derecha, moderados…todo va al mismo saco de atender el interés personal sobre el colectivo. 

Foto: Lil Pump, Instagram oficial.

Ya antes en la historia hemos tenido asociado al pop con las mentes de derecha, pero quizás habrá que enfrentarnos con mayor criterio y visión a ese nuevo panorama en donde el punk, el trap, el reggaetón mismo, o prácticamente cualquier expresión musical pueda ser vehículo del status quo más pernicioso.

Habrá que echar unos buenos signos de interrogación sobre el pesado de Lil Pump, para quien apoyar a Trump es un tema de impuestos: “Parece que estoy pagando 33 extra en impuestos por Biden. ¡A la mierda el soñoliento Joe, Trump 2020, bitch!”. También sobre Fivio Foreign y el tema de los sombreros (muy parecido al tema de los tenis y los republicanos de Jordan en su momento), e incluso al infumable de 6ix9ine. Habrá que lustrar los zapatos con los que caminamos las calles.

Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.