¿Quieres recibir notificaciones de nuestro sitio web?

Eminem, ese rapero blanco objeto del odio y del deseo

Marshall Mathers III, Slim Shady, Rabbit... si hay un rapero que ha tenido que trabajar el doble y ganarse el aire que rapea, ese es Eminem.
Ricardo Pineda
Foto: Eminem, Michel Linssen / Getty Images.
Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.

Eminem es uno de los más grandes raperos de todos los tiempos. Para quien no conoce el bagaje, técnica y el discurso de uno de los MCs mainstream más controvertidos de las pasadas dos décadas, la frase le puede agarrar en curva.

Incluso para algunos maquiladores de rimas y expertos en el tema, esta oración podría llegar a pesarles. También a tu sobrino el rapero le suena rara la cosa: «¿pues que no es blanco y esto es un juego afrodescendiente en su mayoría?, ¿te refieres al gringo más rápido y misógino de su generación?, Ah, el one hit wonder de la rola con Dido…».

No obstante, no todo lo que brilla es oro y no todo lo que aparenta ser basura lo es. Como muchos bien suponen y otros mejor documentan, la historia y obra de Marshall Mathers III —quien está pronto a cumplir medio siglo de vida—, es mucho más compleja y valiosa que eso. Y para explicar su solidez y valor, habría que remitirnos forzosamente a una de las ciudades más duras y complicadas de Estados Unidos: Detroit.

Foto: Eminem, Michel Linssen / Getty Images.

Detroit, donde todo comenzó

Dentro de la diáspora afrodescendiente de Norteamérica, Detroit fue una de las cunas más anómalas hacia las cuales comenzaron a dispersarse los primeros ciudadanos que vivían bajo el yugo aristócrata del sur. Hogar del sonido Motown y cuna indispensable para comprender el R&B, por una parte, pero por otra, una ciudad cruda, industrial y agreste y casi siempre en decadencia, con una industria automotriz rota y empresas venidas a menos por la transición tecnológica. Peligrosa, golpeada por el fantasma de la droga, así es la “motor city” agresiva que también dio origen al proto punk y hasta el semi noise.

Eminem viene de ese entorno y creció en un contexto sumamente hostil, como bien hemos sabido a través de sus canciones y en la película que es un retrato ficcionado pero autointerpretado de su vida, 8 Mile (2002), la cual posee, entre otros méritos, haber tenido el primer rap en ganar un Oscar por Mejor Canción Original gracias a “Lose Yourself”.

Foto: Eminem en la película ‘8 Mile’, Universal / Getty Images.

Ahí estaría un primer foco que nos indica que estamos ante un rapper que no tiene pelos en la lengua para hablar de su vida, exponerla, y convertirla en un universo que le ha llevado a ser conocido en el mundo entero, con todo y la fama que tiene de ser un tipo enojado y problemático.

Quien puede explicar mejor el rap de Eminem tal vez sea él mismo. En “Who Knew de su álbum The Marshall Mathers LP (2000) tira unas barras en la que sentencia:

«I don’t do black music. I don’t do white music. I do fight music for high school kids», “Who Knew”. 

Esta brutal confesión que evidencia una infancia violenta se amalgama también con un tipo oficioso, quien apostó por la rima y la confianza en sí mismo como único asidero para no suicidarse o matar a alguien en el camino.

Soul Intent de 1992, uno de los EPs más tempranos de la joven promesa del rap.

Respaldado por los grandes

A esto, habría que agregar que es un tipo totalmente consciente de que el lugar en la tarima y con el micrófono se gana a punta de ingenio, arrestos y buenas rimas, así como un respeto y amor profundo por la tradición que lo precede y de la cual es parte. Es por ello que la llegada abrupta de la canción “My Name Is” y su álbum debut The Slim Shady LP en 1999 fue todo un suceso en el mundo del rap.

El chico venía respaldado por los grandes. Para fines de esa década, Eminem ya había sido cobijado por Dr. Dre; grabado en el disco póstumo de Notorious B.I.G., y se había cagado en el pop de Britney Spears, ganándose así el odio de la derecha. Pero tal vez lo más importante: coló su disco a los charts mundiales como una de las obras más grandes de todos los tiempos.

El gran estilo de una leyenda

Quizás el mainstream haya usado ese disco, la enorme “Stan” y algo del The Eminem Show de 2002 y listo. Un artista más a la basura, comidilla de la prensa rosa y la crítica floja. Sin embargo, cuando escuchas a Eminem con atención -y vaya que si para los angloparlantes es todo un desafío seguirlo, para los parientes del castellano más- descubres que M&M es mucho, muchísimo, más que eso.

Te das cuenta de que el tipo no sólo rima rápido, sino que también tiene un lenguaje amplio, una visión envidiable y un filo en su discurso que no le pide permiso a nadie, además de un estilo que hoy está de forma implícita en algunos de los grandes raperos de la siguiente camada como Kendrick Lamar.

Foto: Getty Images.

¿Quieres una prueba? Hace algunos años, Eminem dijo a la revista Vox: «La gente dice que la palabra ‘naranja’ (orange) no rima con nada. Y eso me molesta un poco porque puedo pensar en muchas cosas que riman con ella». Obviamente hacía referencia a “Business, una pieza en la que además de rimar sílabas densas de forma tremenda, también da cuenta de un ecosistema vívido y bien delineado en la mente de Marshall.

«Set to blow college dorm room doors off the hinges. Oranges, peach, pears, plums, syringes…», “Business”, The Eminem Show (2002). 

Pero volvamos a Detroit. Una ciudad que a diferencia del beef entre el las costas, el gangsta, el jazz rap o el rap consciente, habría que recordar que Eminem viene de ese rap hardcore de los noventa, dentro de una cofradía que al no destacar desde sus producciones o sus lumbreras, una comunidad que fue pionera en echar mano del freestyle y las peleas de rap.

Justamente el clímax de 8 Mile (la batalla final), se dice que es una recreación y reminiscencia al momento de gloria de las batallas de rap de las que Eminem emergió, particularmente una que tuvo en 1997 con Juice, un rapero de Chicago. La leyenda cuenta (y por fortuna también se documenta en YouTube) que incluso Juice hizo un acróstico con la palabra Budweiser en vivo y a todo calor, por una lata de cerveza de dicha marca que había en el escenario. 

Pocos como Eminem

Pese a que aquel legendario encontronazo lo perdió Eminem, fue el único de toda esa generación de gladiadores del rap que en verdad hizo fama mundial. Ese legado parece aún mantenerlo vivo y hacerle incluso más justicia al rap callejero. Un tipo que ha pagado derecho de piso a partida triple.  

Habrá que decirlo con todas sus letras: pocos raperos blancos intentan no sonar afroamericanos de inicio, desarrollan un estilo y una técnica apabullante tan impresionante de inicio, llegando a los linderos que Eminem ha logrado.

Y pese a que hoy pudiera sonar deslucido y poco hypeado, sus discos siempre traen un giro de tuerca interesante y trascendente para su corpus mismo. Siempre es fiel al rap, lo cual ya juega en una cancha que quizá a tu sobrino le parezca boomer y aburrido. Pero para los lingotazos de oro del rap de cepa, lo demás es lo de menos. 

Foto: Eminem, Michel Linssen / Getty Images.