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¿En dónde está el entretenimiento post-pandemia?

Conciertos en auto, streaming, realidad virtual y microformato: cómo se mantiene viva una de las industrias más afectadas por la pandemia. 
Ricardo Pineda
Imagen: Travis Scott, Fornite.
Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.

Almost Famous, la célebre película semiautobiográfica de Cameron Crowe, retrata a un jovencísimo aspirante a periodista musical que sigue los pasos de Stillwater: una banda de rock en franco ascenso a la fama durante una loca gira que incluye excesos y diversión con guitarrazos de por medio. William Miller, el protagonista, presencia cómo un tiburón de la industria llega al camerino de la banda para prometerles la luna y las estrellas, representando el eterno dilema (dinero y fama vs credibilidad), que todo grupo a punto de triunfar pareciera tener alguna vez en su vida. El futuro manager de la banda, ese pro que los haría dar el salto al estrellato, resultaba muy convincente sobre el futuro: “¿Piensan que Mick Jagger seguirá saliendo eternamente en mallas bailando ‘Start me up’? No maestros, hay que renovarse y tomar el dinero, ¡ahora!”.

Más allá del hecho de que el rock dejó de ser una de las manifestaciones más rentables del mundo, aunque Mick Jagger efectivamente aún sigue cantando (¡y de qué forma!) “Start me up”; el cambio, los giros de tuerca inesperados, la incertidumbre y la ruptura de las fórmulas de éxito han sido el signo constante de aquellas cosas que atienden al ecosistema de la industria del entretenimiento, la cual vive hoy en día una de sus configuraciones y encrucijadas más importantes, derivado de la aún presente crisis sanitaria. 

2020 será recordado globalmente como el año en el que después de marzo dejó de haber festivales musicales, conciertos de todo tipo, obras de teatro y proyecciones en cine, entre otro tipo de eventos y experiencias en donde la aglomeración física de personas era necesaria. Artistas, productores, staff, vendedores, tramoyistas, promoción… De pronto el trabajo de más de dos millones de personas en el mundo se ha visto seriamente comprometido de forma importante. 

Y pese a las vacunas existentes, las curvas que se aplanan y las nuevas normalidades que intentan volver a los eventos, lo cierto es que se ve difícil volver a lo de antes al menos en los próximos seis meses. Esto ha generado respuestas múltiples, visiones encontradas, pero sobre todo mucho dinero perdido y unas ganas tremendas por regresar a la sala de cine, al teatro y a los conciertos que nos han hecho felices. 

Cálculos someros han proyectado una pérdida cercana a los 80,000 millones de dólares (mdd) mensuales por cada mes de pandemia desde marzo en el mundo. Un escenario que se ha modificado (no para mejor) conforme los rebrotes han ido sucediendo y los cierres y confinamientos estrictos, regresado. Esto aunado a ciertos sectores como el cine y la industria discográfica (sin incluir los conciertos en vivo), ya venía con una tendencia a la baja (pese al auge del vinil y los crecimientos de plataformas de streaming musical). 

Sí, estamos ante un nuevo umbral que presupone un desafío mayúsculo para quienes habían logrado vivir del arte, la cultura, la diversión, el interés mutuo y todas aquellas cosas que nos hacen la vida más sustancial de forma viva. Pero para muchos esta reconfiguración, lejos de ser el principio del final, estimula también un momento propicio para tomar aire y replantear, conocer mejor a los públicos y audiencias, generar comunidades distintas y caminos alternos de experiencias desde las posibilidades creativas que brinda la tecnología. 

Tienes tu micro apagado

Vivimos en tiempos de clases, cursos, conciertos, discusiones, entrevistas y obras vía Zoom, Hangout o Facebook Live. Streaming, digitalización y comercio han sido tres de los términos más recurrentes de los últimos seis meses. Tiempos en donde las cifras de Netflix sumaron 15 millones de nuevos suscriptores durante el último trimestre, la gente se ha conectado con mayor fuerza a sus dispositivos móviles y en donde la presencia en el ecosistema gamer y de realidad virtual es mucho más frecuente

Mientras tanto, el mundo “tangible”, cada vez más frágil y alicaído también ha hecho intentos por ir regresando poco a poco sin lograrlo del todo. Walmart recupera lotes vacíos para convertirlos en autocinemas, los formatos híbridos dan sus primeros pasos y las experiencias remotas parecen ir ganando algo de terreno, aunque todavía no de forma sustancial. 

En la nueva luz de la industria del entretenimiento hay ganadores y pequeñas pero sustanciales exploraciones. Uno de ellos es la otrora plataforma de películas y series online, Cinépolis Klic. Su director general, Marco Antonio García de la Cruz, platica a Slang cómo su base de usuarios ―hoy rebasando ya los 4 millones de usuarios, y contando― se multiplicó por seis los últimos meses, y de qué manera esto marcó la entrada de la compañía a experimentar con conciertos en autos, obras vía streaming, música y teatro: 

“Incluso, ya teníamos proyectos desarrollándose previo a su propio ritmo, pero con la pandemia se vino a acelerar. En marzo, Cinépolis Klic operaba en un país y al cierre de agosto opera ya en ocho territorios. Esto nos ha empujado a tener una evolución en cuanto al tipo de contenido que hacemos. Nosotros siempre habíamos estado enfocados en películas que se exhibían previamente en salas de cine. Y en esto nos había ido muy bien, fuimos incluyendo series, canales de televisión de paga, etc. Pero ahora quisimos probar otro tipo de contenido, metiéndonos de lleno al entretenimiento en vivo; hemos hecho algunos conciertos, eventos de corte musical, shows, etc. Eventos que la gente quiere ver y que por el tema que estamos viviendo no lo puede hacer en vivo”.

“Al ser una plataforma 100% digital podemos cambiar la estrategia de forma rápida y orientarla como mejor creamos. Tenemos una base de usuarios de cuatro millones, quienes verán en días recientes estrenos que no van a tener la oportunidad de salir en salas como habitualmente se hacía, al menos dentro de los próximos tres meses. Y esto los lleva a buscar otro tipo de experiencias, de entretenerse, de nosotros experimentar con contenidos, crearlo nosotros mismos; le estamos apostando a la música, las obras de teatro, porque creemos que podemos aportar a la reactivación de una industria con gente talentosa… Nos estamos reinventando”.

Foto: Shutterstock.

“Hay mucha gente que está involucrada y en los eventos en vivo, los costos no han cambiado mucho. Pero esto apenas comienza, el mundo apenas empieza a comprender esta parte del ecosistema digital, todavía hay gente que aún ve televisión lineal. Vamos a tener una adopción mayor. Y el potencial de la demanda virtual es ilimitado: en mayo hicimos un evento con Emmanuel y Mijares, en el marco del séptimo aniversario de su tour Amigos. Fue un evento con causa además, porque todo lo recaudado se fue a organismos que luchan contra el COVID-19, y fue una producción que se hizo desde la casa de Mijares, en donde 30,000 personas se conectaron, pagaron por un pay-per-view y lo disfrutaron en vivo. Fue una producción no tan compleja que fue como llenar tres veces el Auditorio Nacional”.

Sin duda alguna el ecosistema digital ha contribuido, entre muchas otras cosas, a brindarnos una data mucho más puntual para analizarla y focalizar mejor las ofertas. No han sido pocos los conciertos vía streaming, los nuevos artistas descubiertos que de no haber sido por las plataformas digitales no hubiéramos llegado a ellos. O los vínculos que hemos generado para aprender a ver y participar con festivales de música y tecnología a través de contenidos snackables experimentales, en un híbrido de presentaciones, charlas y demás intervenciones breves, como el reciente caso del festival Sónar, en su versión +D CCCB 

Flexibilidad, personalización, “mucha innovación y creatividad, muchachos” y data pura han sido las directrices de la nueva normalidad del entretenimiento. No obstante, el panorama tiene sus matices, ya que la polémica en torno a las cifras felices, los algoritmos cuchareados y los pagos irrisorios también forman parte de la ecuación.

Las declaraciones de Daniel Ek, CEO de Spotify, quien dijo que los artistas no pueden pensar en dinero si sacan un disco cada cuatro años, fueron tomadas como un gesto de voracidad capitalista para la comunidad artística, y como contraste al auge reciente de plataformas como Bandcamp, quienes han incorporado un sentido de justicia, altruismo y personalidad a la guerra de los streamings musicales. 

“Alguien le puso un cero de más a un artista que no quería, no es grande y que nadie espera en mi algoritmo”. ¿Te suena familiar? Recientemente, el Tribunal de Distrito de Berlín emitió una orden judicial contra el operador Followerschmiede.de, el cual ha comercializado con streaming musical y teatro en la pandemia. Esto como parte de un esfuerzo más amplio para prevenir las “transmisiones falsas”, ya que diversas voces de la industria argumentan que los servicios digitales que están ofertando no representan el consumo real de música por parte de un consumidor genuino, que ha interrumpido su consumo habitual. 

Una de las acusaciones puso en relieve la problemática y el ángulo de muchas de las críticas actuales: “Quienes crean que los músicos deben recibir una remuneración justa y precisa por su trabajo e inversión, deben saber que la manipulación de transmisiones socava esto, ya sea al alterar la precisión de las listas o los pagos de regalías, y esto no se puede tolerar. Las plataformas de transmisión deben encontrar una solución técnica sólida para este problema. Por nuestra parte, estamos preparados para emprender acciones legales contra estos sitios, como lo demuestra esta acción en Alemania, y continuaremos haciéndolo siempre que sea necesario en todo el mundo”. 

En tiempos post-pandemia y con el tufo a Napster vs Metallica en el pasado de una industria que estaba por desaparecer y solo movió sus piezas; el asunto parece abonar a que los nuevos derroteros son el terreno de la fertilidad… Quizás injusta, voraz e imperfecta, pero también con un horizonte tecnológico ineludible que tendrá que cuestionarse, reformularse o terminar de asimilarse y complementar a la industria. 

Al respecto, el director de Cinépolis Klic es claro: “Hay mucha gente metida en esta inercia, ya vemos eventos con precios mucho más agresivos, etc. Pero para nosotros no es tanto generar ingresos en lo inmediato, sino reactivar una industria; que la gente que ya consume nuestros contenidos puedan disfrutarlo en una nueva ventana, antes no podían porque vivían lejos u otras cosas se lo impedía también. Estamos explorando, no se busca sustituir el mundo que vivíamos, pero sí generar un complemento”, asegura.

El futuro lleva esperando 3 horas para tocar 

Mientras los DJs de techno encuentran una vertiente mucho más enganchadora que poner una cámara fija mientras mueven perillas tres horas en vivo, el metaverso es el nuevo universo y los conciertos en el mundo virtual y los videojuegos ya son una realidad cada vez más común. Pregúntenle a Travis Scott y Fortnite cómo es hacer dinero en el mundo paralelo. 

Por su parte, el gestor de eventos y vendedor de boletos, Eventbrite, declaró estar trabajando en una nueva forma de “acudir a conciertos”, en donde los asistentes podrán intervenir e interactuar en tiempo real a través de ropa inteligente y wearables.

Esto permitiría a las productoras saber cómo está influyendo el show en la recepción y consumo de la música, además de tener más claro lo que el artista está transmitiendo. Podría ser una pulsera u otro dispositivo que el organizador le entregue al participante. Y abunda al respecto: “A través de nuestra respuesta física, estas herramientas son capaces de medir y analizar nuestras emociones. Con este tipo de información en tiempo real de todos los asistentes, el show puede estar mucho más enfocado a nuestro disfrute, pues conociendo nuestras respuestas sensoriales y sentimientos, el equipo técnico puede avivar las luces, animaciones o incluso modificar el playlist del concierto. Esto puede resultar muy útil para que el artista sepa cómo está influyendo su actuación en el público”.

“La realidad aumentada ya está revolucionando campos muy importantes, como la medicina o la ciencia. Es por esto que el entretenimiento y la cultura también van a sacarle un buen provecho. La animación y los efectos especiales de un concierto pueden ser impensables con la realidad aumentada. Si se quiere diferenciar, aplicar este tipo de tecnología en la que decides si quieres estar en la mitad del público, cerca del escenario o sobre el mismo, es un poco lo que se viene. Es la manera en que los artistas y los productores van a poder innovar; la clásica pelota grande entre el público que se la pasan entre unos y otros ya ha dejado de ser algo novedoso y divertido”, asegura un comunicado de la compañía.

Los efectos pueden ser impensables, dijo Eventbrite. Y si como dijimos anteriormente, el metaverso es el nuevo universo, quizás los bordes de la influencia sobre el consumo en el futuro sea, otra vez, el tema ético como tema de discusión para participar o no de un ecosistema que avanza en “efecto wow”, pero también en cuestionamientos morales, filosóficos y médicos. 

La nueva normalidad ha cambiado la forma en la que aprovechamos el tiempo libre también, y en medio de una marejada de ese nivel, está experimentando de forma desatinada o desproporcionada en ocasiones, pero también con algunos casos que logra equilibrar de forma inteligente los elementos de la ecuación: costos, creatividad, calidad y vigencia. 

En materia de conciertos: de la primera y desoladora fiesta techno después del confinamiento en Hong Kong, a los conciertos en auto o en pequeñas islas de grupos de cuatro o cinco personas, los festivales y conciertos aún están en un péndulo entre lo selectivo y costoso frente a la eficiencia sin contacto de los números, igual la industria cinematográfica. 

Diversión meets recaudación de fondos, solidariza tu mercado o brandea tu solidaridad, es un poco de lo que hemos visto y seguiremos viendo con los jugadores pequeños y medianos, que han sido los más afectados y necesitan subsistir, diversificarse y unificarse de mejor manera para hacer frente a la crisis.

Los grandes están ahí también, One World: Together At Home es uno de los ejemplos más recientes. Más allá de los deseos genuinos por volver a ver a un artista en vivo, o la idea de que la transformación digital es un camino inminente para bien o para mal, la última palabra aún no está dicha. El tiempo es una masa inasible que relativiza nuestros planes o la idea de un futuro más claro para las cosas que hacíamos antes de que existiera el coronavirus en nuestras vidas. 

Por otra parte también ha sido un momento de paciencia y silencio, de reformular nuestro papel como audiencia, fans o partícipes de un sistema de consumo a niveles considerables. Para muchos la caída de los ídolos los acercó también de una forma distinta con aquello que los entretiene, divierte, interesa, nutre y anhelan. Mientras esperamos que vuelvan todas esas fiestas de mañana, estamos de frente al escenario y quien está a punto de cantar somos nosotros mismos.