Entrevista con Mala Rodríguez: A 20 años de ‘Lujo Ibérico’, su álbum debut

La Mala Rodríguez recordó con nosotros la época en la que lanzó su debut, 'Lujo Ibérico', el álbum que la posicionó en el rap español.
SlangFm
Foto: Francis Tsang/Getty Images.

Hay un antes y un después en la historia del rap español cuando Lujo ibérico de La Mala Rodríguez se estrenó en el 2000. Hace dos décadas, la rapera llamó la atención en la escena del hip hop por su estilo de rimar, cantar al natural, e integrar sus raíces gitanas en el género.

“Con diez o con veinte” (Ft. Kultama), “Especias y especies” (Ft. Kamikaze), “En mi ciudad hace caló” (Ft. Kase O), “Yo marco el minuto” y, por supuesto “Tengo un trato” —un tema que puso a bailar a Barack Obama hace unos años en la Casa Blanca—; hoy forman parte de un legado y una influencia musical de muchos artistas que crecieron escuchando éste álbum.

Para conmemorar su lanzamiento y el impacto que tuvo, Mala Rodríguez platicó con Slang sobre los sentimientos que plasmó en su primer álbum; la producción del mismo, su influencia en el rap ibérico y la inesperada fama que le dio.

Foto: La Mala Rodríguez. Francis Tsang/Getty Images.

Slang: Antes de conocer el rap tú sólo querías escribir, pero descubriste el hip hop y te diste cuenta que podías expresar tus sentimientos a través de esos sonidos, ¿qué plasmaste en Lujo ibérico?

Mala Rodríguez: Saqué muchas cosas que tenía por dentro. Me estaba conociendo y aventurándome. Tenía claro que quería transmitir un mensaje distinto al de los demás y para mí eso era importante. Había visto a mucha gente rapeando, y lo único que me hacía diferente es que yo era una chica de Sevilla con mi propia vida.

Me dije: “Voy a mirarme el obligo, voy a mirar pa’ dentro, voy a sacarlo todo”. Esa fue mi idea para hacer algo original, mientras jugaba con las canciones que cantaba en el colegio, con esas emociones que me siguen perteneciendo. Creo que Lujo ibérico, dentro del rap, fue algo muy distinto a lo que había antes.

Este es un disco que le dio un lugar a las mujeres dentro del hip hop en español. ¿Cómo asimilaste que tus letras y actitud comenzaron a significar muchas cosas para las raperas que se involucraban en el movimiento?

MR: Fue súper lindo, porque en la escena siempre nos ridiculizaban (a las mujeres); nos hacían bullying por decir lo que pensábamos. Había gente que trataba de callarnos, pero era algo que reflejaba la educación que tenían; en lugar de ser abiertos y escuchar, lo único que hacían era reírse. Sólo daban a entender que había una forma de vivir y respirar para ellos.

Sin embargo, a mí me hizo muy feliz que estaba haciendo lo que me daba la gana. Era la misma María loca en mi casa, en el escenario, por la calle. Empecé a hacerme amiga de tantas mujeres, de tantas personas que se acercaban a mí. La gente me ha dado todo. Sin su apoyo no hubiera hecho nada.

Así fue como me abrí camino en España, México, Puerto Rico, Argentina… Se dio de boca en boca, porque no había otra manera. En aquel entonces, con internet y la piratería me decía: “Vale, ahora que firmó con una discográfica no se venden CD’s”. Fue algo muy loco.

Para ese tiempo tus influencias venían de MC Lyte o Missy Elliott, quienes eran populares y tenían cierto respeto en Estados Unidos. ¿Cómo se fueron involucrando ustedes en el hip hop español?

MR: MC Lyte y Missy sí tenían respeto en el movimiento, pero no hacían grandes números. La que realmente resaltó fue Lauryn Hill. Todas las demás raperas estaban en segundo plano. Me preguntaba: “¿Por qué los hombres hacen tantas colaboraciones y entre las mujeres parece que no hay negocio musical?”.

Tal vez no vendía que las chicas interactuaran o tal vez no vendía que participaran juntas sin necesitar de un hombre. Pero lo que pasó en España es que había muy pocas raperas.

Recuerdo que algunas veces se hacían conciertos únicamente de chicas para darnos “visibilidad”. Molaba mucho. Sin embargo, hasta el día de hoy es un camino por el que se sigue andando; siempre los números en el negocio reflejan la vida real. En el día a día la mujer todavía va teniendo peso.

Entonces, ¿cómo fue esa época en la que grabaste Lujo ibérico? ¿sientes nostalgia o te da igual? Lo pregunto porque hace veinte años dejaste Sevilla para llegar a Madrid y cumplir tu sueño.

MR: No soy nostálgica, vivo el momento. Pero hace poco, recién que me mudé, encontré una cajita que tenía un papel que me dio un fan. Lo leí y me llenó el corazón. Sé que los fanáticos de mi música ven todo lo que he hecho y lo aprecian. De hecho, apenas el otro día me di cuenta que hace dos décadas salió Lujo ibérico.

Lo único que recuerdo es que fue como en octubre, porque todo el verano me lo pasé haciendo las canciones. Me hubiera gustado sacar un disco este octubre del 2020, como para cerrar un ciclo. Yo ahora me siento renovada, más mayor, más madura, que me la sudan muchas cosas. Siento que ahora soy la Mala 3.0.

Lujo ibérico se convirtió en Disco de Oro con más de 50 mil copias vendidas. ¿Fue complicado asimilar la fama que te vino de repente?

MR: Lo pasé bastante mal. Cuando hacía los conciertos había canciones que hablaban de cosas tan personales que no podía cantarlas. Antes de hacer rap no había hecho arte dramático o trabajado con mi cuerpo. Sé bailar porque soy de Sevilla y desde chiquitas nos enseñan, pero hasta que no fui mayor de edad, no pude pagarme clases de baile contemporáneo, por ejemplo.

Y cuando vino la fama sentía que no tenía herramientas para lidiar con las entrevistas y el público. Paré todo y me puse a trabajar en una panadería, porque me di cuenta que no estaba preparada para la fama. También trabajé en un guardarropa. Con el tiempo volví a escribir e hice Alevosía, mi segundo álbum. Igual fueron experiencias muy bonitas. Siempre me he visto como una corredora de fondo; nunca me ha gustado lo fácil.

De hecho, en la portada de Lujo ibérico parecieras ser una chica tímida. Haciendo la comparación con la portada de MALA, tu álbum más reciente, se nota que eres la Mala Rodríguez 3.0.

MR: Claro que era una chica tímida. Lujo ibérico fue mi amanecer como artista. Para la portada quería ir a un lugar mágico, donde hay algo que a mí me identifica. La foto se realizó en Cádiz, al lado de la Playa de Bolonia que está llena de toros, hay molinos y antiguas ruinas. Hicimos un recorrido y el fotógrafo iba retratándome por sitios que son parte de mí, de mi infancia. La foto que más me gustó fue esa que hizo en el capo del coche, al amanecer. Me pareció mágica. No revelaba mi cara; era misterioso.

Portada de ‘Lujo Ibérico’ lanzado en el 2000). Spotify.

El DJ y productor, Jota Mayúscula, fue una persona muy impórtate en tu carrera a partir del lanzamiento de Lujo ibérico. ¿Qué opinión tuvo la primera vez que te escuchó, con tu ya característico ritmo aflamencado para rapear y cantar?

MR: Él fue el primero en decirme que me soltará. Siempre quiso que fuera yo misma. Sin embargo, yo era quien me censuraba. En ese tiempo pensaba que no pertenecía ni al rap ni al flamenco; era una bastarda de ambas cosas. Pero lo que hizo unión fue la poesía. Las letras en el flamenco, la mayoría son escritas por hombres. Es por eso que me enganché al hip hop. Vi que ahí tenía una puerta abierta. Jota siempre me dijo que cantara en mis canciones. Me empujó a ir más allá. Él era muy loco, en el sentido que le gustaba experimentar en la música para hacer cosas diferentes. Siempre me quiso como una hermana pequeña.

Incluso Jota Mayúscula podría decirse que predijo el futuro. En aquel tiempo afirmaba que la “música urbana” en España estaría dominada por inmigrantes. Eso ha hecho que ya no sólo haya rap, sino también trap o reggaetón. Tú con Lujo ibérico creo que comenzaste gran parte de esa evolución musical, a consecuencia de tu estilo único dentro del hip hop.

MR: Lo importante es que cada quien le meta su verdadero folklore a lo que hace. Si se trata de compartir algo, uno debe mostrar las cosas que tienen valor y son auténticas. Por ejemplo, si tú vienes a mi casa voy a mostrarte la música con la que crecí, voy a presentarte a mi tía que me ensañaba a hacer cosas cuando era niña, etcétera. Haría eso en lugar de llevarte a un sitio que solamente está decorado, ¿sabes?

Por eso es importante recordar Lujo ibérico. Hace dos décadas estabas haciendo música distinta, que decía cosas y no era como el rap español de aquel entonces.

MR: Sí, en muchas de las melodías hablo de prostitución, de la abolición de ella. Planteó dudas sobre el aborto, el maltrato y la sexualidad. Son cosas que llegaban a mi cabeza y se convirtieron en canciones. No es algo obvio, sino algo poético y profundo. Cuando uno improvisa para hacer canciones, lo único que te puede salvar es ser tú mismo. Eso hace a Lujo ibérico tan especial. Lo puedes poner ahora, y tal vez alguien piense que lo ha hecho una chica nueva. A mí me gusta escucharlo y darme cuenta los pasos que he dado.

Eso tampoco quiere decir que ya no te sientas parte de la cultura del hip hop…

MR: No, claro que no. La movida del hip hop ha sido un poquito obtusa. Sin embargo, hoy en día me gusta que pueda escuchar Disclosure, R&B, techno… La gente puritana del hip hop me parece bien, pero a mí no me pongan límites porque me gusta hacer cosas diferentes. Ese es el germen para que todo evolucione. Si no pasaba algo así el rap se hubiera estancado. Todo tiene que seguir, siempre y cuando sea puro.

Por último, después de veinte años una de tus frases más famosas: “A mí no me saques tu genio que te lo mato”, sigue vigente. ¿Aún eres la niña que empezó a rapear en el barrio la Macarena de Sevilla?

MR: Sí, por supuesto. No es que sea inmadura. Lo único que ha pasado es que con el tiempo soy un poco más diplomática, aunque mucho no he cambiado. Sigo siendo una persona bastante impulsiva, sólo que me he desdoblado. Al tener hijos desde muy joven me he tenido que poner como María la loca y María la responsable; así he podido jugar con ambas cosas.

Por un lado me he dado mi oportunidad de seguir disfrutando de la niña que puedo ser, porque no debemos olvidarnos de la inocencia que llevamos dentro. Y por otro lado también soy muy responsable. Es una mezcla que me hace feliz. Disfruto a la gente que no mata a la niña o el niño que lleva dentro.

Me da mucha pena la gente que se hace la adulta y se amarga, que no ven las cosas con sentido del humor. Por lo mismo el balance que hago de Lujo ibérico hasta mi último disco MALA me parece que estoy más suelta, que controlo mejor mis cuerdas vocales, que escribo cosas con mayor recorrido.

Pero también me sigo riendo, divirtiendo, no tengo vergüenza y me sigo sintiendo parte del hip hop, porque siempre que puedo improviso, sea en el estudio o en mi casa, me encanta. Lo primero que me enamoró fue cuando vi a los breakers bailando en mi barrio. Luego quise improvisar porque es algo sumamente divertido, porque así encuentras tu estilo que te da nombre y te hace distinto a los demás. Igualmente me encanta el grafiti vandálico; por un tiempo, cuando era menor de edad, pinté trenes y que me perdonen.

Una colaboración de Javier Ibarra (@cepheaisme) para Slang.