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Hip Hop: la letra hace al maestro

En la mayoría de los casos, un rapper que sobresale del grueso de su generación termina por poseer un dominio superior de su lenguaje, de su universo.
SlangFm

Atormentado por los engorrosos caminos del lenguaje, con todo y sus temerarios significantes y significados, el ya casi olvidado filósofo austro-británico Ludwig Wittgenstein soltó alguna vez aquella máxima que versaba así: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, máxima que caló sobre todo en la frustración de aquellos que ante la falta de referentes y argumentos, perdían (y han perdido históricamente) la batalla en prácticamente cualquier terreno, llamémosle una discusión, un proceso legal, un certamen de creatividad o un desafío de ingenios y creatividades, áreas en donde el rap ha encontrado su crecimiento natural.

Cierto es que a lo largo de su historia, el rap ha logrado integrar elementos y detonar una cultura compleja y versátil, que lo mismo ha discurrido del ya sobado “noticiero más confiable de tu barrio”, pasando por un divertimento expresivo altamente moldeable y ajustable en casi cualquier contexto, hasta llegar a linderos sorprendentemente profundos, expansivos y universales.

Si el hip hop es uno de los movimientos culturales más destacados a nivel global, sin duda alguna la palabra y sobre todo la rima son sus más poderosos pilares, su arma y motor principal. Así, para ser una figura destacada en el mundo del rap hay que ser como mínimo un letrista solvente y destacado. Rara vez existe un rapero destacado con pobre vocabulario o una articulación torpe del lenguaje, aunque esta carencia puede contrarrestarse con otros elementos como el carisma, la gracia, la producción, el personaje, entre muchos otros elementos que estén comunicando un concepto o una idea sobre la tarima.

Piensen en su rapero favorito y en el juego de palabras que deseen. Aquí unos ejemplos:

“Fuego Camina Conmigo”, Violadores del Verso y Elphomega:

“Cuando bajo al mundo tuyo, fuego camina conmigo y la mirada de los mendigos siempre se clavan en mí. Entonces fuego la devuelve y ahí, podéis sentir el frío del Kremlin, y las manos de John Gacy o ser estrangulado con fat lazers, mejora tu tren de vida, a algunos les pasa por encima, un gris desánimo. Cargo fuego en mis ojos como Drew Barrimore. Salgo de un zarzal de espinas sin herida alguna y sin daños, hoy funkeo con este clan de maños, vientos extraños, co, llevan mis llamas a Londres incinerando un Tesco, esto es el disco punk, lo testo, purificador del texto, rapper sin método exacto, un ávido lector”.

“HiiiPower”, Kendrick Lamar

Ser buen letrista de rap, y sobre todo uno sobresaliente con genio propio, requiere de pericia, inventiva, manejo del ritmo, conocimiento de la métrica y referentes de todo tipo…muchos. En la mayoría de los casos, un rapper que sobresale del grueso de su generación termina por poseer un dominio superior de su lenguaje, de su universo.

Y no es que los MCs tengan que ser unos literatos brutales a la altura de Cervantes, pero eventualmente, si tu rapero favorito está casado con las mismas diez ideas desarrolladas en 300 palabras, eventualmente su rima sonará parca, sosa y terminará por ser medianamente intrascendente (al menos que pegue un one hit wonder. Saludos a 50 Cent o a los Sugarhill Gang).

Es por eso que el ejercicio emprendido por el prestigioso sitio de ensayos visuales y didácticos sobre cultura popular, The Pudding, llevó a cabo un ejercicio exhaustivo que consistía en ubicar sobre un mapa de palabras únicas (amplitud de vocabulario) a los raperos más prestigiosos de Estados Unidos.

El trabajo en cuestión, autoría del investigador Matt Daniels, sirve para establecer un comparativo técnico entre los artistas con mejor reputación en el mundo del hip hop, usando las primeras 35,000 palabras de cada artista. Así, raperos como Jay-Z podrían ser comparados con otros más recientes, como Drake, por ejemplo, que en el mundo de las ventas su fama, prestigio y sobre todo peso cultural es sumamente subjetivo, en buena medida porque las dinámicas en el consumo de la música han cambiado sustancialmente. Y viniendo de un entorno en donde la competencia y el enfrentamiento es parte de la magia, el rasero que propone Daniels luce un tanto más lúdico e interesante para entrar en el contexto de la inventiva y la creatividad.

Otro de los parámetros funciona desde la literatura de William Shakespeare, el paladín de la lengua inglesa. Daniels señala que el autor de Hamlet usaba cerca de 28 mil 829 palabras únicas, lo que se calcula que esto se traducía en un potencial uso total de más de 100,000 palabras, lo que hoy en día sigue siendo considerado uno de los vocabularios más extensos de todos los tiempos.

La radiografía de The Pudding también ataca la geografía, por lo que descubrimos que los artistas de la Costa Este, en donde figura New Hampshire, New York, New Jersey, North Carolina, Georgia o Florida, es donde se encuentran los rappers más letrados, región en la que encontramos a Mos Def, MF Doom, Kool Keith y De la Soul, entre otros.

Historia e imagen

Habría que ser justos con la historia y dejar en claro también algo: el mejor rapero o rapera no necesariamente encarna la rima más fluida, los enunciados más veloces de la comarca o los entretejidos lingüísticos más complejos y apantalladores. Muchas veces, la profundidad y originalidad de un MC pueden ser también sencillez y claridad letrísticas, lo cual puede reflejarse en liricistas como Childish Gambino, Missy Elliot o Gucci Mane.

La rima en el rap es todo un arte pero también un oficio, un músculo que se ejercita. En este sentido, al igual que la evolución de los maratones, en la historia de la humanidad el cuerpo humano ha evolucionado y quien en su momento fue uno de los más veloces y hábiles de su generación (pensemos en Run-D.M.C., por ejemplo), culturalmente hoy sigue siendo superior, aunque en cuestiones de vocabulario tal vez se haya quedado atrás (saludemos todos a The Roots).

Algunos de los más pobres en su vocabulario son los pertenecientes a la región de Midwest, en donde se encuentran celebridades como Lupe Fiasco (4,439 palabras únicas), Eminem (4,949), Wiz Khalifa (3,707) e incluso el gran Kanye West (3,982). Destaca también que los más letrados pertenecen a la década pasada (2000s) y los líderes de todas las épocas habitan bajo un mismo techo llamado Wu-Tang Clan, quienes juntos superan a muchos de los literatos más complejos del mundo, tanto en cantidad, inventiva, figuras y complejidad letrística. Y para muestra que la letra hace al maestro, sólo un botón.

Si observamos la historia de las rimas en la música y su evolución (si aún no lo has hecho la serie de Netflix, Hip-Hop Evolution es un buen comienzo), encontraremos un patrón interesante, en donde el vocabulario se ha ido expandiendo, reconfigurando y ensanchando, dejando del lado la pirotecnia y rimbombante despliegue letrístico, enfocándolo a una precisión de imagen mucho más puntual, que no necesariamente requiere de la riqueza literaria.

Justo en este punto, personajes como Feli Dávalos, poeta, locutor y editor que ha dedicado buena parte de su vida a seguir de cerca el género, discrepan sobre la necesidad de un lenguaje complejo, vasto y florido. En tanto, afirma Dávalos, “en la medida en la que la poética (o la literatura, si se quiere) esté al servicio del ritmo en la canción; es decir, en el rap hay una cosa más grande que la literatura, y es la música. Porque si no funciona musicalmente no tienes nada, por más que tu rap sea digno de John Lennon esquina Sor Juana. Entonces creo que es algo más bien superficial. Un vocabulario extenso en la música implica que llegarás a mucho menos gente. Más en 2019, donde la medida de una buena letra es qué tanto o no esta letra la puedas poner en tu red social de preferencia. En la música lo importante es conectar con el corazón de las personas. Para eso el vocabulario amplio generalmente estorba”.

¿Y el castellano, apá?

No obstante, este escenario se reconfigura de manera distinta en idiomas como el castellano y en países como México, en donde con frecuencia suele ubicarse al género dentro de un cosmos más intrincado a la hora de hacer un rap florido, en cuanto amplitud lírica se refiere. Escaño en donde también discrepa Dávalos:

“Debemos entender también que la canción como tal es una tradición de siglos. Tiene su propia historia y su propia lógica interna. Y en el caso del español, hay una gran cantidad de referentes, así que no es necesario como rapero que leas ni que sepas de figuras retóricas ni nada de eso, al menos no teóricamente. Porque está todo en las canciones. Como persona que hace canciones, si estudias la obra de Agustín Lara o de José Alfredo Jiménez, etc., es probable que encuentres más respuestas a tus pesquisas como escritor de canciones, que si vas al Diccionario de Retórica de la Dra. Beristain. Porque esa es una relación artificial. La relación, en cambio, con las canciones de Agustín Lara, es real y no necesita de intermediarios. Ya que sepas o no el nombre técnico de una metáfora, pues seguro te ayuda muchísimo, pero no es necesario. Puedes decir: ‘la imagen esa que usa José Alfredo en tal canción’ y listo. Ahora, un académico sí necesita consultar el diccionario de la Dra. Beristain”, apunta el autor de los libros Déjate Caer y Mongolia, quien dice además que tal percepción proviene “de alguien que no escucha rap hecho en México. El rap de Phyzh Eye, el rap de Wk, el rap de Mime871, Reno871 y Fume871, el rap de Lonag Hate, de Playa Mata Fokas (alias Metric Vader) o Sr. Marrano, el rap de Tino El Pingüino… son algunos de los ejercicios literarios más importantes de su generación en México y tienen un amplio vocabulario.

“En México leer está mal visto (…), y esta mala relación con la lectura se verá reflejada en el rap que se hace en México, pero no porque los raperos mexicanos tengan o no un amplio vocabulario, sino porque habrá muchos tipos de rap que no se tocan nunca. La guerra contra el narco vino a trastocar mucho de esto y se generó un subgénero de rap que es súper mexicano y que podemos llamar rap malandro, donde hay poco espacio para la creatividad lingüística; es un ejercicio muy burdo y sencillo de expresar una realidad inmediata. Ahora, incluso entre estos raperos hay poetas de gran nivel, como los muchachos de la Under Side 821, que tienen ejercicios literarios dignos de Robert Louis Stevenson. Pero como son “raperos malandros” ni siquiera de otros raperos recibirán crédito (…). A diferencia de, por ejemplo, ‘Anti-Humboldt‘ de Hugo García Manríquez, que podríamos poner como una de las cumbres de la poesía mexicana del Siglo XXI. ‘Anti-Humboldt’ es un ejercicio privado y que le interesa a seis tipos, ninguno de los cuales vive en la realidad sociopolítico cultural de la mayoría de los mexicanos. Las imágenes callejeras y universales de Muelas de Gallo (Banda Bastón) viven en el corazón de cientos de miles de personas. Poesía pública”, sentencia Dávalos.

Escaso pero preciso, exquisito y de nicho, las letras son el arma del maestro rapper alrededor del mundo, aquel que sabe sacarle el máximo provecho a las mismas mil palabras, estirándolas, volteándolas y exprimiéndolas, o bien mediante la inmersión en la profundidad de las figuras retóricas, vocabulario, slang y constantes desafíos que impone el vocabulario, un ente vivo y en constante reconfiguración.

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