Junior H, la dulce tristeza convertida en éxito sin frenos

Más allá de los tumbados y las entrevistas de rutina, el cantante mexico-estadounidense encarna una amalgama de colmillo y corazón que lo convierten en una voz única.
Ricardo Pineda
Foto: Cortesía The 3 Collective.

La industria del entretenimiento, muchas veces confundida y cada vez más emulsionada con la industria musical, tiende a una búsqueda constante —y hoy a todas luces neurótica—, por atinar a la próxima gran fórmula de éxitos en ventas. 

La tarea: encontrar a un artista que sepa leer los códigos generacionales y brille de forma suprema. Sobre todo, en un entorno en donde la fama y el prestigio se apoyan en la inestabilidad que brinda un público cada vez más inmediato pero también voluble, aunado a los tiempos vertiginosos de la era streaming y el fanatismo-fetichismo intangible.

Estamos en una era en donde la sustancia musical aparece y desaparece de forma intermitente ante la fabricación de subgéneros, fenómenos y figuras. En este contexto, etiquetas totalmente jabonosas como “lo urbano” o la cada vez más escabrosa “regional mexicano” han engendrado y dinamizado nuevos motes, los cuales muchas veces no nos exenta de encontrar gratas sorpresas y grandes descubrimientos. Los corridos alterados, preámbulo a los corridos verdes y posteriormente los tumbados son prueba inescrutable de lo anterior.

Encabezados por el sello Rancho Humilde, Herencia de Patrones y conexos, los corridos tumbados y sus cruces con el trap, e incluso el reggaetón, han sido la gran revelación de la música mexicana desarrollada en Estados Unidos del último lustro, llevándose las palmas de las listas de popularidad más evidentes del continente, generando a su vez una fascinación cada vez mayor también por parte del público español, lo cual abona a su interés y morbo por el ecosistema en torno a la vida recia de campo, de rancho, del narco y la cultura mexicoamericana de toda la vida.

Los coqueteos de Bad Bunny, C. Tangana o Ñengo Flow con el género son parte de esa impronta, aunque también nos habla de la corriente de un río, el cual es el que parece dar éxito, fama y dinero para los días que corren. 

Foto: Ovi (izq), Natanael Cano (centro) y Junior H (der). Instagram.

Entre todo este río de requintos, historias y canciones brutales, por supuesto que hay búsquedas genuinas, pero también etiquetas más bien forzadonas como el sad sierreño y un bloque eterno de entrevistas, textos promocionales y una comunicación más bien acéfala, blindada y repetitiva que no ayuda a leer mejor este movimiento y sus figuras. Entre todo ese río destaca un salmón que nada a contracorriente de forma triste, sutil, grácil y única, tanto que parece que es parte de lo mismo…pero no del todo: Junior H

A casi tres años de distancia de haber colgado su primer tema en YouTube antes de cumplir la mayoría de edad, Junior H es, junto con Ovi y Natanael Cano (Las Tres Torres), uno de los tres nombres principales al interior de la camada más joven que da vida y sostén a los corridos tumbados, en especial dentro de la cabeza de grupo que comanda Jimmy Humilde (Rancho Humilde). 

En 2020, Junior H materializó sus sueños convirtiéndolos en canciones integradas en tres discos poderosos, tristes, ingeniosos y muchas veces crudos, llenos de pasajes en clave que festejaban la vida felona de los viejones, los plebones, los placozos y los malandros alterados, pero también bautizados por un licor embriagante de romance, corazón roto y sentimientos abiertos que hablan sobre la confianza, los lados oscuros del amor y la fuerza de la música que viene del estómago y el alma: Atrapado en un Sueño, Cruisin’ With Junior H y MUSICA ˂3, además de rolas sueltas, discos colaborativos y recopilatorios. 

El misterio del crooner plebón

De voz aguada y aletargada, casi apagada y de personalidad cada vez menos tímida pero incendiada hacia adentro, la música y canciones de Junior H destacan del vértigo y velocidad del resto de sus contemporáneos por llevar el polvo, las noches de loquera y los breaking heart moods hacia linderos hipnóticos, llenos de requintos fascinantes y bajos crudos que eructan sobre líneas precisas, las cuales se perciben inmediatas, urgentes y casi de un cuño poco pulido, aunque también existe la posibilidad que detrás de su sonido y personalidad única exista un equipo y un diseño de producción muy enterado. 

Comparado muchas veces con el fado portugués o una evolución mexicoestadounidense del espíritu de Neil Young, el estilo de Junior H parece inconfundible por sólido y característico a la primera, escapando del calzador trap al que lo han querido probar. Junior H es quizás un aceite con menos juego y más nicho que el demostrado por el brillante Natanael Cano o el imposible Ovi, pero eso también lo dota de un misticismo, ambigüedad y sustancia muy poderosos a la hora de facturar canciones memorables. 

Foto: Junior H, Instagram oficial.

Construyendo una leyenda mediática a la altura de los tiempos, la juventud e impericia de Junior contrasta en medios frente a su solvencia a la hora de interpretar sus rafagazos musicales. Hermético, tímido, lacónico y cumpliendo aparentemente con un guión y una narrativa que no nos da pie a preguntar de más, las entrevistas, textos y data que existe a la fecha sobre Junior H es más bien genérica y escueta, invitando de cualquier forma a leerlo como parte de la moda pero dejando también la puerta abierta para conocerlo más a fondo. 

De esta manera, si uno decide adentrarse a las rolas de este prodigio podrá oler el vértigo y oscuridad de un alma compleja y consistente que bien nos puede recordar, guardadísimas proporciones, al Johnny Cash más sudado o al Dylan de los días previos a tomar la guitarra eléctrica, y dar cuenta de canciones aparentemente autobiográficas con nombres, fechas y anécdotas bien particulares, muchas de ellas poseedoras de una emocionante ambigüedad e incongruencia (¿varios autores, encargos de viejones o franca ficción interna?). 

El sierreño de los ojos tristes

Para febrero del pandémico 2021, Junior H se reventó el que aparentemente es la síntesis de su fama de sadboy, llamado precisamente $ad Boyz 4 Life, disco en donde el oriundo de Guanajuato de 21 años no da tregua a los corazones rotos, a través de 16 cortes bien picados de requintos, recuerdos, noches de lágrimas y sexos, loquerones y un estilo único, cálido e inmediato, lo suficientemente generoso como para echarse un cameo con una de las voces mexicanas más destacadas y jóvenes del momento (Ed Maverick), así como un cover a “Lamento boliviano” de los Enanitos Verdes.  

Portada de ‘Sad Boyz 4 Life’.

La fuerza de Junior H parece transpirarse y aquilatarse en un lugar menos evidente que el mainstream cooptado por los tumbados, aunque forme parte de él y sus canciones le hayan traído ya dos nominaciones en los premios Latin American Music Awards en las categorías Álbum Favorito con Atrapado en un Sueño (2020) y como Artista Favorito Regional Mexicano, así como figurar en el top ten en la lista de artistas latinos de Billboard durante la semana de salida de su más reciente trabajo. 

Bad Bunny compartiendo sus Instagram Stories, contemplando la carretera entre giras mientras escucha contento a Junior H, los españoles C. Tangana y Yung Beef, así como el rapero mexicano Alemán haciendo lo propio, el cantautor subterráneo Dromedarios Mágicos covereando “Mente positiva”, o las comparaciones que lo ponen a la altura del feeling de Chalino Sánchez o del trapero argentino Duki en versión sierreña, hablan de un artista que es pura lumbre en combustión interna, implotando de forma íntima y brutal. ¿Lo que sigue? Tal vez el estallido definitivo. 

En lo que sucede la inminente llegada a la cima, valdría la pena echarle una escucha atenta a ese alguien que juega con fichas y dinámicas distintas el juego de la fama y la música del momento, con un corazón sierreño bien tumbado, pero también con los ánimos bien puestos, transformando la dureza de la vida y el dolor eterno del corazón en flamantes éxitos sin frenos para los públicos de hoy, con unos arreglos de guitarras muchas veces punqueteados, incluso lisérgicos, siempre embriagadores y adictivos. 

Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.