Opinión Slang | Somos la generación festivalera

Sobre la evolución de los festivales musicales en la última década.
Gerardo Mora
Foto: Kidd Keo, Héctor Eli, Slang.

Por Gerardo Mora / @regandul

Estamos a pocos meses de terminar el 2019 y con ello cerrar la década del 2010, una época que será recordada por la invasión de los servicios de streaming, el reinado de la música latina en el mundo y por supuesto, por los festivales musicales.

Si bien es cierto que los festivales de música no son algo creado en esta década, sí es en este periodo de tiempo cuando más popularidad han ganado en todo el mundo. Desde los clásicos como Coachella, Lollapalooza y Glastonbury, hasta los fenómenos mundiales como Tomorrowland, Ultra y EDC. Poco a poco nos hemos convertido en una generación “festivalera” y México no es la excepción, para muestra está que la oferta se ha diversificado y expandido a diversas ciudades de la República. 

Uno de los más recientes en llegar a México, en específico a la CDMX, fue el Festival Sónar, un espacio donde la música y la innovación tecnológica conviven desde su creación en 1994 en Barcelona, España.

Foto: Jesús Elizondo, Slang.

Todos los ejemplos mencionados con anterioridad nos llevaron a reflexionar qué tanto los festivales han influido en la evolución de la música y el espectáculo, también cuáles han sido sus beneficios o daños a los circuitos de clubes en las diversas ciudades.

Para comenzar, es importante dar una repasada rápida a nuestro especial Igualdad y representación: el futuro de la industria musical donde Pamela Escamilla nos mostró que en tema de género, solo un festival tiene más del 50% de participación femenina. Bajo estos datos, podemos arrojar una primera conclusión: Los festivales musicales siguen siendo un espacio dominado por los hombres.

Otro de los puntos clave en este análisis son los headliners, esas figuras que parece ser, fueron hechas para que solo estuvieran presentes en un festival masivo, al menos en nuestro país. Es por dicha razón que figuras de la talla de Kendrick Lamar, A$AP Rocky, Tyler, The Creator, Nas y Snoop Dogg únicamente han pisado suelo mexicano para presentarse en un festival.

Atrás quedaron los años en los que 50 Cent y Kanye West vinieron de visita a México al Palacio de los Deportes en los ya lejanos años de 2004 y 2008, respectivamente. Esta situación también se debe a que los grandes festivales a nivel mundial han adoptado a los raperos como sus cartas fuertes a la hora de anunciar un cartel, dejando en segunda fila a las ya casi difuntas bandas de rock. 

Ahora bien, bajo la perspectiva de los artistas, los festivales se han convertido en un escaparate para mostrarse ante una audiencia más amplia. En voz de la experiencia, Jesse Baez nos contó en el marco del Festival Sónar que, como audiencia, no es muy aficionado a los festivales, mientras que como talento siente que es un reto mayor a una de sus presentaciones en solitario. 

Foto: Jesse Baez, Jesús Elizondo, Slang.

“Contrasta mucho un show digamos solo mío, yo entro un poco más seguro. Al final, no es que no entre inseguro en un festival pero digamos; en un show tuyo, la gente pagó un ticket para verte a ti y se chingaron. Y a veces en un festival yo pienso de más las cosas. En un festival hay raza que pasó de pura casualidad y dicen ‘a ver este vato’, entonces yo pienso mucho en esa persona y la gente que está pasando. Me da un poco de ansiedad ese pedo, es lo que cambia un show mío a un festival. Es un reto mayor tocar en un festival y cuando tienes un show en un festival se siente no mejor, pero bien, de forma diferente”.

El caso de Alizzz es diferente, ya que gran parte de su carrera ha sido forjada en los festivales musicales. Anteriormente a su visita a Sónar, el productor de origen catalán platicó con Héctor Elí Murguía para Slang y mencionó que fue en los festivales donde descubrió un universo de sonidos e imágenes que lo inspiraron. Ya en el Parque Bicentenario, recién bajado del escenario, Alizzz nos contó un poco sobre esta relación de amor que tiene con los festivales, en especial con el Sónar.

Foto: Alizzz, Jesús Elizondo, Slang.

“Los festivales siempre me han traído ideas o nuevos caminos por donde redescubrirme, por donde investigar y en especial hubo un festival a donde fui, creo que era el primer festival al que iba, donde descubrí la música electrónica. La verdad que le debo mucho a ir a ver música y para mi venir a Sónar, cuando estaba empezando a hacer música, era como un sueño. Lo veía como lejanísimo, era como lo más grande a lo que podía aspirar como artista. Y bueno, ya llevo 7 años tocando en Sónar y me he acostumbrado un poco más a formar parte de la cultura, a la gente que crea la música, lo siento con naturalidad”.

El caso de la música electrónica se cuece aparte del género urbano, aunque han recorrido caminos muy similares en los últimos años. Hace una década, el circuito de clubes en el entonces Distrito Federal alimentaba a una escena que comenzaba su andar en las noches glamurosas de los barrios de la Roma y la Condesa.

Rhodesia, Leonor, M.N Roy, Club Montés y el Imperial, son solo algunos de los nombres de clubes donde personajes como Andre VII, Bufi, Mijo, Juan Soto y compañía comenzaron sus carreras en los decks. Zombies In Miami son parte de aquella generación de artistas que fueron un parteaguas para la electrónica mexicana y hoy en día comentan que los festivales poco a poco fueron tomando el lugar de los clubes en la CDMX.

“Es diferente en cada ciudad pero creo que en la CDMX sí, los festivales han absorbido mucho la escena. Es muy bueno ver que hay más fiestas underground, me parece que la CDMX tiene ahora ese punto que no se está viendo como en otras ciudades”, comenta Cani de este dueto de música electrónica que lleva casi una década ambientando las pistas de baile.

Sin embargo, para Zombies In Miami la creciente ola de festivales musicales es más un aliado que una amenaza para la escena musical mexicana: “Hay otras ciudades que están más enfocadas en los clubs, pero por suerte en CDMX tiene ese plus en el que todavía puedes encontrar todo este tipo de eventos (Sónar), más festivales, claro por ser capital. Hay muchas ciudades dentro del país que están dando mucho de qué hablar y que también están generando una buena escena con productores y DJs”.

Foto: Zombies en Miami, Jesús Elizondo, Slang.

Es justo esta visión de Zombies In Miami la que nos puede brindar una nueva conclusión en este tema de los festivales. Estos eventos sirven para que los artistas tengan un impacto masivo, creen conexiones de trabajo con otros artistas y lleguen a un público al que muy difícilmente podrían llegar.

Un ejemplo de esto son los Fory Five, un dueto de trap y reggaetón, quienes tuvieron la oportunidad de subirse al escenario de Sónar junto a Lao para interpretar “Bájalo”, tema que tienen en colaboración. Gracias a esta exposición, es muy probable que, al menos, un fiel escucha del techno haya escuchado a los Fory Five, llegando a un círculo sumamente hermético

Hasta aquí todo bien con los festivales musicales. El problema surge cuando el concepto es sobreexplotado y los artistas que encabezan los carteles carecen de propuesta musical. Es muy cierto que siempre esta clase de eventos debe contar con dos o tres nombres gigantes que aseguran la taquilla, pero ¿qué pasa cuando las letras pequeñas solo son de relleno? ¿Dónde queda el espíritu propositivo de los festivales? Es ahí donde radica el dilema de los festivales: falta de identidad y poca creatividad al momento de elegir el talento. Por si esto fuera poco, muchos festivales absorben las agendas de los artistas, así que la oportunidad de ver en tu ciudad a tu rapero o productor favorito se reducen al mínimo

Para terminar: Los festivales musicales son necesarios para la industria, sin embargo deben ser un complemento de una escena musical que se forme por lugares pequeños, donde una banda o artista pequeño pueda ganar “horas vuelo”. Es ahí, en los clubes y en los shows íntimos, donde se gestan los grandes nombres que años más tarde serán parte de los grandes festivales musicales que existen en todo el orbe.

Además de este trabajo en conjunto, es vital que los festivales generen una identidad propia que los haga crear una conexión con su público. Es muy probable que gracias a esto NRMAL y Mutek se han convertido en eventos de culto, ya que no solo han traído a figuras enormes de la música, sino que año con año proponen a una camada de artistas a los cuales no hay que perderles la pista.

Pertenecemos a una generación que vio crecer el fenómeno de los festivales y como tal debemos reflexionar sobre el futuro de los mismos; todo esto con el fin de crear una audiencia crítica que exija una mejor experiencia.