MF DOOM, el rapero favorito de tu rapero favorito

El 31 de octubre del 2020 partió uno de los pocos raperos reconocidos por unanimidad como uno verdaderamente grande, prolífico y trascendente. Aquí unas palabras para recordarlo.
Ricardo Pineda
Foto: Cortesía Lex Records.

Hay cosas que siempre hemos sabido y sin embargo decidimos obviarlas en silencio. Va una: detrás de la máscara del héroe y el villano sólo hay dolor, sangre, sudor, y en el caso de MF DOOM, rimas brutales. Otra más: la vida es ese licor único, embriagante y profusamente cautivador sobre la mesa, el cual habrá que tomar con medida ya que hay que pagar por ella al final.

A los 49 años, Daniel Dumile Thompson, mejor conocido como MF DOOM, dejó la máscara y emprendió su camino hacia el mundo de la inmortalidad. Si bien la noticia tomó a todos por sorpresa momentos antes de terminar el 2020, en diciembre, desde el pasado 31 de octubre el MC ya había dejado este plano terrenal, en medio de un hermetismo brutal del cual no se tienen rastros de una posible enfermedad o padecimiento que pudieran apuntar a la causa de su deceso.

Foto: Peter Kramer/Getty Images.

Nacido en Gran Bretaña pero afincado en Nueva York; hijo de madre oriunda de Trinidad y Tobago, y padre originario de Zimbabwe, DOOM es reconocido como una pieza clave, sumamente genuina, enigmática y prolífica de la cultura hip hop.

Su legado hoy comienza un periplo en donde están los verdaderos engranes de peso de la cultura. Ahí, donde el ritmo incesante, el ingenio y la maestría para producir rimas supremas y producciones de cuño brillante, son el soporte de una medalla ganada que ostentan muy pocos. 

Más allá de las luminarias que encumbran los estadios, el mainstream y las listas de popularidad, MF DOOM atiende a la historia, al talento y el talante que podría sintetizarse en una sola palabra: generosidad. Ahí, donde las producciones son una constelación de ritmos, sampleos infinitos y rimas enormes, él pone sobre la mesa un pomo difícil de tragar, tan simple como incuestionable. Hablamos del más alto rap que se haya confeccionado. 

Zev Love X, Metal Fingers, King Geedorah, Viktor Vaughn, King Dumile, King G, Sci Fly, The Metal Finger Villain, The Super Villain, MF DOOM es el firmante de varios alias, artífice de un universo poético único y personal de producciones realmente impecables. Para dar cuenta de ello es imperativo repasar álbumes como Operation: Doomsday de 1999; el impecable Madvillainy de 2004 junto a Madlib y, sobre todo, el enorme MM..Food del mismo año.

Portada de ‘MM…Food’ de MF DOOM lanzado en 2004. Spotify.

MF DOOM: Escritor, director y actor de su propia historia 

MF DOOM debutó a los 18 años a finales de los ochenta, mucho antes de crear el personaje enmascarado que le serviría para granjearse un mito en el mundo del rap, confundiendo a la gente y divirtiéndose a lo bonzo —se dice que DOOM mandaba a dobles a las giras para hacerse pasar por él—, lo que nos permitió ver que la seriedad, el profesionalismo y la contundencia siempre estuvieron en donde debería estar: la música. 

Daniel Dumile no sólo ponderó placazos discográficos mortíferos, rimas de oro y visiones ingeniosas sobre la música y los referentes de otros (lo que hizo con la obra de Sade es sencillamente excelso), sino que dejó un legado de trabajos pendientes (Flying Lotus confesó que había un EP colaborativo en puerta) y colaboraciones para apabullar a cualquiera en cantidad y calidad: Ghostface Killah,J Dilla,The Avalanches, BADBADNOTGOOD y Danger Mouse, son algunos de esa lista.

Previo al anonimato de la máscara, el debut de MF DOOM (sin ese nombre aún) estuvo marcado por una suerte de revancha, en donde un arranque discográfico controvertido fue censurado y liquidado sin opción a quedarse con su obra, además de padecer la muerte de DJ Subroc, su hermano menor y compañero de combo (KMD), quien fuera atropellado en 1993. 

Portada del último polémico álbum del grupo KMD, que provoco la salida de DOOM del sello Elektra Records.

Se sabe que las primeras apariciones de MF DOOM bajo ese mote fueron en el Nuyorican Poets Cafe del Lower East Side de Nueva York, en donde actuaba con pantimedias sobre la cara, relevándola pronto por la afamada careta del villano de Los Cuatro Fantásticos de Marvel. Rapper de palabra, su tragedia personal la llevó a “Doomsday”, canción principal de su primer álbum, Operation: Doomsday, enfatizando un compromiso férreo con el rap.  

Fan de los ritmos efectivos de Steely Dan, los cómics y la ciencia ficción, DOOM depuró una lírica que en su contenido proteínico incorporaba desde su obsesión con Star Trek hasta la comida, así como su habilidad con las letras o mucha asociación libre de cosas, objetos, imágenes, ideas y premisas. 

En una entrevista para la revista estadounidense SPIN, el MC comparaba su complejidad para componer con una suerte de “gimnasia en papel” (un atleta granado del hip-hop deporte), donde solía lograr “puntajes de tres palabras” en Scrabble: “¿Cuántas palabras se repiten en un compás o en dos compases?, ¿cuántas sílabas se pueden usar aún con sentido en una canción?, ¿qué cantidad de referencias puedes cruzar y seguir aún en el tema?”, se cuestionaba el también beatmaker, un rimador que siempre iba por los puntos.

¿Y cómo surgió la icónica máscara?, DOOM le dijo al blog nerdtorious.com: “¿conoces la película Gladiator? En ese entonces comenzaron a vender estas ‘máscaras de gladiador’ que eran réplicas de la película. Un amigo me dijo que vio esta máscara y que sería perfecta para el personaje. Confié en él, a pesar de que era un poco caro. Así que fue y la compró, era un artículo de colección que venía en un soporte de madera y toda la cosa. Le quitó el bastón y lo demás y se quedó con la placa frontal. ¿Topas que los cascos de construcción tienen esta cosa de plástico en el interior que puedes ajustar? Bueno, mi cuate simplemente ‘tomó prestado’ uno de esos, lo abrochó a la máscara y me lo arregló. Luego la cromé y le añadí detalles”. 

Foto: Roger Kisby/Getty Images.

La grandeza se labra en las sombras

Resulta increíble que pese a su inevitable carisma, contundencia y oficio comprobable, lo de MF DOOM siempre se inscribió en términos más o menos regulares. Pese a su entrada al Billboard en 2004, Dumille estuvo más allá de la industria, en un plan metaterrenal; ahí donde el pianista le da la espalda al mundo para describirlo mejor a los demás. Su ausencia será un abismo-boquete en la cultura de la última curva importante del esplendor en el rap moderno. 

Recordarlo así, es lo menos que uno puede hacer de un corazón que puja por respirar un poco más hasta que decide parar, sea a los 14 años o a los 49, cuando el hambre casi te deja en la calle (tras su expulsión del sello discográfico Elektra en 1994); cuando el apodo que te da tu madre (DOOM) es tu insignia que te llevará lejos; cuando estás en tu habitación de pequeño escuchando tu álbum favorito de John Coltrane pensando cómo será el futuro, o cuando tu inspiración en Charles Bukowski te lleva más allá de tus influencias para una obra maestra (Madvillainy).

El académico Hershini Bhana Young alguna vez argumentaba que MF DOOM, al apropiarse de la máscara de Doctor Doom,”se posiciona como enemigo, no sólo de la industria musical sino también de las construcciones dominantes de identidad que lo relegan como hombre negro a una ciudadanía de segunda clase”. Y sí, estamos ante la partida de un grande, de un individuo-montaña, de una semilla que fue planta y roble. ¿Su nombre? Siempre en mayúsculas: MF DOOM.

Una columna semanal de Ricardo Pineda (@PinedayAguilar).