¿Por qué dicen que el reggaetón ha muerto?

El productor, locutor y youtuber, El Chombo, ha puesto sobre la mesa un tema que ha puesto a discutir a más de uno.
Ricardo Pineda
Foto: Bad Bunny, Instagram.

En los años de vida y evolución que lleva el reggaetón en el mundo, no son pocas las veces y las voces que han hecho énfasis sobre la suerte de “repetición narrativa” que vive el género más popular del momento con respecto al rap, en donde la cultura de la calle dio paso a un arraigo cada vez más amplio, para convertirse en sinónimo de dinero, éxito, fama y fortuna. 

El reggaetón es el mainstream sonoro del mundo contemporáneo y la expresividad latinoamericana del rap (guardados matices, diferencias y especificidades). Donde lo mismo cabe seguir siendo una suerte de espejo del mundo, de las calles y los pueblos en su más cruda que expresión, que un canal más en donde viaja el pop más edulcorado, formulístico y de ligas hiperpopulares pero también predecibles. Así de grande es el fenómeno del reggaetón hoy en día. Para todos hay y no es privativo de los puristas. 

Foto: Bad Bunny, Instagram oficial.

Recientemente, el DJ, productor, locutor y (ojo) youtuber panameño Rodney Sebastian Clark Donalds, mejor conocido como el legendario El Chombo (“Chacarrón”, “El Gato Volador”), puso el tema sobre la mesa, causando escozor y ámpula entre distintos sectores propios y extraños del género, desde público y medios, hasta artistas. 

¿Estamos ante un debate tan intrascendente como “quién es más grande que quién” o nos encontramos a la luz de una máxima que cala y marca de alguna forma el pulso y la debacle primigenia del reggaetón como lo conocíamos hasta hace unos años?

“El reggaetón está muerto” 

“El reggaetón está muerto” dijo El Chombo, en unos ánimos que se perciben más como un cotilleo argumentativo para diferenciar épocas, sonidos y escuelas, o en el más flojo de los casos para tener tema de conversación en su canal de YouTube, que para comprender de forma mucho más amplia un género que hoy atraviesa toda clase social, tema, crítica o adulación fácil. 

El Chombo tiene razón. El reggaetón está muerto en una escala de aspectos musicales, sonido y producción, pero también en defensa de algo que él ayudó a construir, y no sólo por su peso en la música, por su trayectoria, respeto y conocimiento que tiene para con el género. Y sí, el reggaetón más hardcore, más duro ya no se factura con esa dureza, está muerto; o mejor dicho ya no es eso solamente que lo vio nacer hace un par de décadas.

Aunque una cosa también es cierta: el tipo de miras y ángulos respecto a “lo que es genuino de lo que no” ha existido desde que el mundo es mundo y hemos constatado que las purezas en la música nos llevan a niveles de conversación mucho más básicos, estériles, y en el peor de los casos, intolerantes. Entonces sí, no sólo Panamá, República Dominicana y Puerto Rico tienen algo así como “el perreo de la verdad”, sino que son los pilares donde se inscribe el reggaetón. 

Y quizás eso escuece. Que el reggaetón de Becky G o Rosalía se le quiera meter al mismo caldero en donde se cocinó el mejor estofado del mundo. El Chombo tiene razón y trae a cuento algo para poder hablar y discutir el reggaetón, mantenerlo vivo, vaya. 

Sin embargo, también el reggaetón está vivo, más que nunca. Gente en el subterráneo sigue en lo suyo e intenta no fallarle a las primeras camadas. Pero el público es amplio. Acá en México hay sectores populares facturando reggaetón malandro; clase media escarbando las posibilidades de un perreo mucho más colorido, friendly y diverso.

Entonces, esa arista del debate sí resulta repetitiva, cansina y, en la mayoría de los casos, falsa o errónea. Le pasó al rock, le pasó a otros subgéneros —de moda efímera o de ciclo cumplido—, a la cumbia, a la salsa. Sí, ya no habrá otro Tego Calderón, otro Daddy Yankee. Animémonos: Bad Bunny no es reggaetón, ¡y qué bien! 

La promiscuidad musical es atractiva y peligrosa a partes iguales. Y sí, puede que un día Diego Torres nos traiga una basecita bien básica para mover el culito de forma más segura, pero los cruzamientos, las mezclas y el sincretismo cultural son parte intrínseca de la música misma, esa misma que nos llevó a no estar escuchando la misma cosa una y otra vez. 

 

¿La última escucha tiene la razón?

El Chombo no ha dejado el tema en paz, con un contenido sobre el contenido y lo dicho de lo ya dicho. Y para bien o para mal, la discusión vuelve a esos días en donde la latinización del rap con el reggae, cómo evolucionó y se transformó, llevando las calles al mainstream, incluso más allá, planteando role models como René de Calle 13, J Balvin, Ivy Queen o Karol G. 

Habrá que saber tomar las palabras de El Chombo en su justa medida. Recientemente, en una entrevista con Slang, el periodista Pablito Wilson, autor de Reggaetón: de El General a Despacito, decía que “no es que el reggaetón sea polémico, es que estamos parados en el momento de la historia en el que es percibido como tal. A nosotros no nos tocó vivir el momento en el que la música disco fue polémica, en el que el rock fue polémico, en el que el tango fue polémico. Estamos viviendo el momento en el que el reggaetón lo es, con ciertas características muy actuales”. 

De esta misma forma habría que ver que probablemente ya no se facture reggaetón como antes, pero fuera de eso (la impureza, la nostalgia) será interesante cómo se reinventará y transformará el género musical más escuchado en el mundo actualmente. 

A estas alturas, ni el punk está muerto, ni el rock y ni las danzas prohibidas se prohibieron por completo. Incluso en un lugar del universo, en este momento, alguien baila plena, balada, bomba y flamenco puro e impuro, de la montaña a las grandes ciudades, de la entelequia más sofisticada a la ignorancia de corazón más puro. La música es descomunal, infinita, y aunque suene repetida, aunque deje de ser fiel a sus inicios, vale, camina y nos lleva a otros lugares. 

Habrá que pensar mucho en ello los próximos días. El reggaetón ha muerto: larga vida al reggaetón.