Rap chueco y experimental: Estofados y abstracciones musicales

Lo no lineal o lo experimental ha sido parte intrínseca del ADN en el rap.
Ricardo Pineda
Foto: Earl Sweatshirt/Cortesía de prensa.

Para quienes el rap es un tema importante —o al menos les ha requerido buena parte de su tiempo e intereses como para interesarse en su historia—, la palabra “experimental” resulta un tanto problemática o incómoda.

Sobre todo, si nos referimos a ella dentro de un término como “rap experimental” o “rap abstracto”. Ya que el rap lleva en su sangre la naturaleza misma de mezclar lo impensable, descomponer lo ya rimado, y deconstruir las palabras y los sonidos, para engendrar algo nuevo. 

Pensemos en la música y las palabras como vehículos necesarios para la evolución y expresión del ser humano. El lenguaje es una cosa viva, que está en constante cambio, y es lo suficientemente amplia y compleja como para apoyarnos de distintas maneras para comprender la vida desde distintos puntos de vista. 

Foto: Odd Future. Taylor Hill/Getty Images.

En este sentido, no resulta particularmente extraño que, a pesar de que hoy en día el rap se suscribe en los márgenes del pop, también lo hace en el hardcore subterráneo. Puede afrancesarse o latinizarse; volverse más agresivo; consciente o bailable; y por supuesto puede inmiscuirse en mundo de aguas profundas donde lo oblicuo, lo chueco, lo anómalo y lo bizarro, puedan habitar y nadar de forma libre. 

La música muta a cada segundo que se cruza con otras cosas. Las etiquetas suelen querer abrazar fines comerciales o una comprensión mucho más homogénea. Y es ahí, donde el rap experimental —si bien no es una categoría mucho más borrosa que otros estilos de su historia—, puede trazar un mapa en donde la cruza abstracta de referencias nos dota de discos, artistas y, sobre todo, trabajos delirantes. 

Esta es una muy personal apreciación e inmersión al rap experimental. Ahí, donde el free jazz, el spoken word y las mentes más salvajes preparan un estofado denso y adictivo. 

Aquí y en todas partes

Desde los albores de su evolución histórica y estilística —sin olvidar la incorporación de más y mejores desarrollos tecnológicos que afectaron su sonido—, el rap atravesó por un constante flujo de experimentación. Pasó por prueba y error para aterrizar en sonidos frescos, anómalos o verdaderamente fuera de sí. 

Habría que remitirnos entonces a su esplendor en el pico de la década de los noventa. Cuando su estallido mundial brindó la confianza e inspiración que otros artistas, con otros referentes estéticos y discursivos, para provocar composiciones más raras o no lineales. Todo esto, fuera de los cánones que el rap más arriesgado de la época impuso. 

No resulta extraño que cuando las rimas y los ritmos scratcheados llegaron a Bristol a mediados de los ochenta, mezclándose con los soundsystems, pero también con jóvenes productores con referentes jazzísticos, se generó una reformulación del rap para dar vida a la primera semilla del trip-hop.

Nombres de ahí resaltan: Soul II Soul o The Wild Bunch, proyecto del que saldrían Massive Attack y Tricky. Portishead figura también en esta historia, en donde el rap daba unas respiradas un tanto más chuecas, por así decirlo. 

Del otro lado del continente, el scratcheo, el freestyle o la inclusión de las cajas de ritmo y sintetizadores le permitían al rap soltarse un poco más sus ya de por sí flojos pantalones para ubicarse en el rap más underground; aunque muchos de esos artistas ya son grandes leyendas que han salido de ese aparente fango subterráneo.

Jurassic 5, Kool Keith, Little Brother, Neneh Cherry o incluso el recién fallecido MF DOOM tienen que ver en esta historia. Estos sampleadores no solo hacían lo propio con la música, sino que también hacían rimas que dejan de rimar y echan mano de esas primeras raíces que gente como Gil Scott-Heron o The Last Poets comenzaron a crecer. 

La habilidad técnica y naturaleza abstracta del rap nos ha dado el trabajo brillante de gente como J Dilla, pero también de proyectos mucho más vertiginosos como Atmosphere, Binary Star, Blu, Cannibal Ox, Company Flow, Del the Funky Homosapien, Freestyle Fellowship o los Hieroglyphics.

Un grito en la oscuridad

Ante el rap abstracto y de tintes más experimentales, hay voces que han enfatizado estos como una parte natural de la historia. No sólo del rap sino de la música afrodescendiente en el mundo, en donde la forma es ante todo un signo más de su expresividad más arraigada.

Así, los famosos interludios de las mixtapes más lisérgicas, han sido comparadas con esas dislocaciones brutales de los años más salvajes e improvisatorios del free jazz sesentero y setentero. Y ese espíritu no ha estado desprovisto de también ser un vehículo de arte político en artistas como Mike Ladd, Antipop Consortium, Rodney Hylton Smith o el mismo El-P.

La más reciente década (2010s) ha logrado que la abstracción —el sentido no lineal (chueco)— y la libertad creativa, lleve a generaciones cada vez más jóvenes de artistas —incluso aparentemente ajenos a la cultura hip hop—, a lograr loqueras icónicas vueltas disco, ya sea mediante las texturas lo-fi o simplemente echando mano de otras disciplinas artísticas.

Para una muestra breve. Ahí está el rap queer y los cruzamientos estéticos de gente como Mykki Blanco, Death Grips, Earl Sweatshirt, JPG Mafia, Dälek, Junglepussy, Shabazz Palaces, clipping, o Gaika, Chino Amobi y Babyfather, que sin ser propiamente gente del entorno rapper, ha podido nutrirse de forma fascinante mediante formas poco convencionales. 

Para quienes el mensaje pueda no ser claro, el rap más alocado, duro y espeso, también suele ir a esos lugares a los que va su rapper más famoso. Aunque sí, quizás, a través de capas y complejidades que requieran soltarse sin intentar amarrarlo con el sentido predeterminado de lo que es “un buen rap” o de lo que un “artista debe ser”. 

¿De qué hablamos? De los devaneos visionarios del Endtroducing de DJ Shadow o Deltron 3030; las perversiones de James Ferraro, Cannibal Ox, o las maravillas duras del Hells Roof (2019) de DJ Muggs o esa brutalidad enigmática e inmersiva que es Days With Dr. Yen Lo (2015). Hablamos de lo mismo desde que el mundo es mundo: de ritmo, alma y corazón.

Foto: Danny Brown, Facebook oficial.

El futuro se escribe ya sin rieles. Desde los claroscuros, las distorsiones y la visión narrativa a saltos. Ahí, donde gente como Model Home, Moor Mother, Danny Brown, Jacob Rochester, Zeroh o Knxwledge, entre miles de locos más, están haciendo de las suyas, pensando al revés, rompiendo la caja de las reglas a mordidas y batazos.

Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.