Opinión | Joker, la locura no es un juego

La película de Todd Phillips es mucho más que otra historia de superhéroes y villanos.
Héctor Elí Murguía | @hectoreli_
Imagen: 'Joker', Warner Bros. Pictures.

Joker (2019) no es una película más de superhéroes. Tampoco, es una cinta cualquiera, que cuenta el origen de un villano.

Aunque está inspirada en el personaje del universo Batman, el filme, más bien, es un retrato de cómo la despreocupación sobre la vulnerabilidad mental de una persona se puede convertir en un problema social.

El director Todd Phillips le otorga un nombre al Guasón —algo que no había sucedido con los guasones del pasado. Se llama Arthur y se apellida Fleck. Es un hombre de cuarentaitantos que ríe a carcajadas sin motivo, está desnutrido, alucina un romance con su vecina y vive en casa de su madre.

Es un ser humano que se balancea en una delgada línea entre la estabilidad mental y un quiebre absoluto. Desgracia tras desgracia, Arthur va perdiendo su capacidad de mantenerse cuerdo y se desata toda una catástrofe en su vida.

Phoenix interpreta a un psicótico que le es despojado el nombre, el apellido y toda función dentro de la estructura social.

Foto: IMDb.

En comparación con la versión maquiavélica del fallecido Heath Ledger, Joaquin Phoenix encarna a un Joker hiperreal que es humanizado al punto de generar compasión y hasta empatía.

La controversia que ha provocado la cinta reside en esto precisamente. El director ha sido criticado porque, supuestamente, su película justifica la violencia, lo cual es falso.

En una de las escenas clave, Arthur le pregunta a su terapeuta burócrata si realmente lo escucha. “Todos mis pensamientos son malos”, insiste, mientras la señora, ignorándolo, le comenta que su gobierno no destinará más dinero para atenderlo, por lo que ya no tendrá acceso a sus medicamentos, ni a su apenas útil sesión semanal de terapia.

El alienado Arthur no busca sembrar caos —como lo hace la versión de Ledger. La psicosis es un estado mental que nada tiene que ver con el deseo. Fleck se convierte involuntariamente en un símbolo de la anarquía y, por azares del destino, logra lo que cualquier asesino en serie anhelaría.

No se trata de victimizar a un asesino. Se trata de profundizar en el camino que lleva a una persona con este tipo de perfil a matar. Joker debería servir para reflexionar sobre la seriedad de las enfermedades mentales y la forma en la que, como sociedad, seguimos tratándolas como si fueran un tema menor.

A diferencia de lo que varios dicen, Joker no “glorifica el sufrimiento”. Lo plantea de una forma exageradamente trágica o cruda, que no se aleja de la realidad.