Trá Trá: ¿Quién le teme a Rosalía?

Sobre el misterioso éxito que ha tenido la cantante española en la cultura pop.
SlangFm
Foto: Rosalía, @kito.munoz.

A estas alturas del partido, Rosalía ya es un fenómeno de alcance mundial y su ascenso fue rápido, si se le compara con las figuras pop de la década pasada. Desde aquel debut discográfico en donde la catalana le rendía homenaje a su tradición flamenca más arraigada, incorporándola inteligentemente con derroteros pop (Los Ángeles, Universal, 2017).

Rosalía a sus 25 años ha grabado una canción con James Blake, es la nueva musa del cineasta Pedro Almodóvar y se codea con personalidades como Tim Cook, CEO de Apple. Sin embargo, su talante y despliegue artístico data de una disciplina desarrollada a lo largo de más de una década, cuando probaba suerte en los concursos de cante flamenco local. Se proyectaba como una de las futuras promesas del género más preciado de España. Pero esa historia cambió, trascendió la figura de “cantaora” híbrida de su tiempo y espacio.

Amantes a carretadas y detractores agresivos por igual, esos que la han tildado de ser una niña mimada, un paso en falso y afronta irrespetuosa a la cultura gitana; todos ellos han contribuido a especular e inflar esa acción futura llamada Rosalía. de quien se dice el flamenco le viene corto y las stories de Instagram son más su corpus natural. Envidia, dirían sus defensores. La autora de “Malamente”, “Bagdad”, “Di mi nombre” y “Aunque es de noche”, va leyendo las diatribas de los expertos flamencos mientras viene un éxito nuevo a la cesta. Uno más grande que al anterior.

Este es el momento y la era Rosalía, su imagen encuentra poderío en los despliegues simultáneos de su voz y su cuerpo; ella sabe que la imagen y el social media son cruciales, pero también que los efímeros son su destino constante para bien y para mal, desde la intensidad primera con C. Tangana, hasta los dichos de la Mala Rodríguez.

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Tal vez, en el futuro, tras años de cosecha, vino añejo, polvo y olvido, los libros (o Youtube) nos dirán algo así como: “En el principio fue la crítica salvaje y despiadada en Internet. Luego vino el sol y la entrega total del público”. Y es que al igual que en su momento le pasó a Camarón, le ocurre ahora mismo a Niño de Elche y le seguirá pasando a cualquier artista osado que intente cuestionar “la pureza” de un género musical tan arraigado en sus dinámicas como lo es el flamenco. Sólo el tiempo y la constancia son los elementos que nos dicen verdaderamente si estamos ante un fenómeno para las fiestas pasteruizadas del verano hispanoparlante (“Bamboleo”, “Aserejé”, “Como los gorilas”), o ante algo mayor (Morente, Tomatito, Carmen Linares).

Rosalía nos llegó vía un sello transnacional como lo es Universal, pero su cale local que la precede lleva años fraguándose a punta de educación de la voz, investigación de producción, coreografías con bailarinas poderosas y un estilo que se parece a muchas cosas pero que no es idéntico a nada. “Flamenco hipster” le dicen de forma chocosa. Sus ínfulas son las de una jovensísima fan del R&B, Frank Ocean y los Rolling Stones, pero su calidez y su desgarro personal es la de cualquier Amaya, Utrera o Niña de los Peines, pese a que lo suyo no sean exclusivamente los tablaos.

Desde pequeña, Rosalía quiso ser cantante, y ante el anhelo, la tradición y los arrestos quiso hacerlo diferente, superarlo e ir más allá. A ella le correspondía ser la heredera, la estafeta. Sin embargo, en su lugar, se acercó con El Guincho y juntos produjeron uno de los discos de música española más grandes a nivel internacional, un disco que es fuerte, moderno, femenino y universal. Tal vez sea eso y no su aparente “artificialidad” lo que escuece.

Pese a la inflamada controversia, pese al incandescente foco que pesa sobre ella e indica que es grande y especial, quizás más o quizás menos de lo que la desproporción y la moda del momento nos quiere hacer ver por ahora, lo cierto es que las tablas de Rosalía sostienen el acto arriba de la tarima. Uno que parece cuidado milimétricamente hasta el más mínimo detalle, con un equipo sólido que diseña detrás ―quizá de forma preconcebida y alevosa― consciente de sus capacidades y limitantes. Pero eso sí, viviendo su momento, divirtiéndose a lo grande y esculpiendo una carrera que es apuesta y comenzó sus primeros pasos desde un músculo ya bien trabajado.

Tal vez cueste a algunos decir que Rosalía es una de las artistas más importantes de su tiempo, y es que el mundo apenas está siendo testigo de ello durante la gira mundial de Malamente. Eso no se culpa; el talento cuesta labrarlo, al igual que el reconocimiento prístino de este. ¿Quién le teme a Rosalía?

Rosalía se presentará por primera vez en México el próximo sábado 6 de abril en el festival Ceremonia.

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