Trap hecho en España: Los apestados del ghetto hoy huelen a éxito

A poco más de una década, el movimiento del trap en el país ha corrido tan rápido como la luz al mainstream.
Ricardo Pineda
Fotos: Yung Beef, Instagram oficial/C.Tangana, Cortesía de Sony/La Zowie, Instagram oficial.

Desde su llegada al mundo en Estados Unidos a inicios de los noventa, el trap encarnó esa especie de hijo incómodo del hip hop. Con una actitud completamente echada hacia adelante, cínica y agreste, así como una producción y lírica mucho más simplificadas, este terminó siendo esparcido y asimilado con vida propia en el mundo entero.

El trap que se hace en España, es quizás una de las ramificaciones más vibrantes, radicales y paradigmáticas al respecto. Tomando como punto de partida la España de 2008, habría que ser claros con el trap ibérico y reconocer que pese a romper con la tradición en muchos puntos de aproximación.

De alguna forma, sus representantes más populares han repetido esa suerte con la que corrieron los Violadores del Verso, Hablando en Plata, Mala Rodríguez y anexas: reconfigurar el rostro mundial del género y granjearse una identidad propia. 

Hablamos de esa misma identidad de los barrios pobres de Atlanta a principios de los 2000; de las oscuridades más sórdidas de Medellín; los barrios más calientes y motonetos del DF. Hablamos, de las chabolas y los extrarradios en España.

El trap es una trampa. Es la pena y el orgullo de los apestados del ghetto, una humillación vuelta venganza, dura y cruda sin cortar. Pero hoy, cerca a casi 13 años de haber puesto su primer piedra de toque, el trap en España también ha aprovechado su prestigio subterráneo para llegar lo más alto posible: inspirar al resto de habla hispana; conquistar las pasarelas de moda, y cooptado los espacios luminosos de la televisión y el internet a partes iguales. 

Tan pastiche como genuino, el trap español puede ser tan potente y agresivo como quiera, pero también, es sumamente pluricultural, transfronterizo, ramplón, y repetitivo al infinito. De hecho, el sonido que se factura en varias ciudades y provincias de España, se ha dado una licencia impensable, escandalosa e inadmisible para las generaciones anteriores: es libre, arrogante e incorrecto.  

Los que han llevado más allá el trap español

Ni la legalidad, el acuse moralino o los atavíos de puristas musicales han podido con gente del calibre de Pxxr Gvng, Somadamantina, Takers, Cecilio G, Gipsy la Fe, los Zafiros, Bad Gyal, La Zowie y sus derivados. Pero al mismo tiempo se ha enriquecido, fortificado y exponenciado hacia afuera con las voces de Albany, C. Tangana, Kidd Keo, Kinder Malo, Pedro Ladroga, Chanel, Pimp Flaco, Dellafuente, El Perla, entre muchos otros artistas que han sabido imitar e incorporar los marcos referenciales del trap anglosajón para disolverlo e incorporar sus propios referentes.

Ahí donde algunos traperos de habla hispana siguen pensando ser un remedo de Gucci Mane, A$AP Ferg o 21 Savage en español, el trap en España ha volteado a verse al espejo para reconocer una multiplicidad malandra hilvanada con la tradición gitana, inmigrante, polimórfica y siempre a ras de suelo.

La calle y sus códigos desdibujan las líneas con el reggaetón y ciertas aproximaciones metadiscursivas. Estas potencian el acercamiento a la bachata, la salsa, el pop, como parte de una importante paleta sonora para trazar infinitos. 

Yung Beef, tal vez es la figura más icónica y revolucionada de todo el trap español. Ya lo apuntó en un tema (“El Papasito”), donde se desprende de toda asociación con los grandes de la década anterior como Los Violadores del Verso, para emparentarse más con uno de los nombres la rumba flamenca popular más querida del pueblo como Los Chunguitos.  

Esa línea resulta paradigmática en la evolución del trap español, el mismo que se ha orinado en los sellos transnacionales para demostrar que el juego vive sobre todo fuera del radio y los canales de siempre, con los niños rata y las apropiaciones inmediatas, las cuales ya también han dado sus primeras vainas en grupos como Los Sugus y prohibido la entrada a todo intento de gentrificación, oportunismo mediático o colaborismo foráneo, una “lección” que seguro artistas del talle de la Mala Rodríguez lo entendieron muy bien. 

España, el trap y su cruce con otras culturas

Los artífices del trap hecho en España se han expandido, tendiendo un puente fraterno con América Latina. Este dinamismo no se había visto así en una escena musical independiente en la era internet y quizás el referente más inmediato en la memoria es el boom del rock iberoamericano a mediados de los noventa. 

Al día de hoy, Chile, México y hasta Brasil son importantes para el desarrollo y evolución del trap español y parece que, pese a que el boom o la moda ha dejado de estar en punto de ebullición, todo apunta hacia la posibilidad de un cruce enriquecido, donde el efecto sorpresa podría estar afincado en el lugar menos pensado. 

Mientras la policía del “buen rap” busca en las cloacas, en las alturas de la gran nube de humo blanco hay una pandilla riendo a carcajadas diciendo: “No sabéis nada, primo”.