Vientos, rimas y sombreros: Cómo la banda llegó al rap

La frontera norte de México ha sido un hervidero de mezclas desde hace siglos. Resulta natural, aunque no menos sorprendente, que la mezcla entre el rap y la banda se dé de manera evidente.
Ricardo Pineda
Una columna semanal por Ricardo Pineda / @PinedayAguilar.

Tuba, tarolas, trompetas, clarinetes, saxofones, trombones, canciones románticas, fiesta y un mucho de herencia; esos son los ingredientes de la música de banda. Históricamente, este género ha sido el lugar en donde las influencias norteamericanas como el folk o el country se diluyen con la polka e incluso la evolución de las fanfarrias europeas.

Hablamos de música del pueblo, de la frontera y del alma, aunque su arraigo más notorio pueda rastrearse mejor en Sinaloa. Con frecuencia, y desde hace décadas, aquellos que aman y viven la música grupera, los corridos, las rancheras y la fuerza sonora norteña, han dicho en más de una ocasión: «esto es nuestro pueblo, nuestras calles, nuestra vida».

Foto: Cortesía de prensa.

 

Y si esa máxima que versa que el rap debería ser el noticiero de tu barrio, la música de banda viene a ser una parte importante del corazón mexicano, ese que levanta el ánimo desde el dolor y alegra las fiestas y nos hace saber que somos un montón de mexicanos. 

Es por ello que no resulta extraño dar cuenta de la reciente oleada de rap que ha incorporado la musicalidad de banda de las generaciones mexicanas afincadas en Los Ángeles, Texas, Atlanta, Chicago e incluso Nueva York.

Si la colaboración entre la Banda MS y Snoop Dogg te parece el principio de una nueva colisión entre los beats y las rimas con la herencia de Durango, Culiacán, Nayarit, los ceviches y las tamboras, habría que echar una mirada hacia atrás para dar cuenta que esto lleva cocinándose desde hace tiempo.  

La unión entre el norte, la banda y el rap

Algunos piensan que se trata de algo que tiene qué ver con el algoritmo de Spotify y la generación shuffle que creció con la invención del iPod, pero lo cierto es que México es una de esas madres nodrizas sonoras que lo mismo pueden incorporar a Chalino Sánchez con The Doors, Luis Miguel y Cypress Hill en una misma fiesta de patio trasero.

Recordemos que el mojado se hizo su identidad, el brasero mexicano se volvió pachuco, se armó de su propio flow chicano, cholo, con soul, funk y las canciones norteñas de su infancia.

Si bien los corridos tumbados hoy comienzan a despegar como una herencia de todo ese sincretismo y mezcla, hay indicios naturales que desde los primeros días del rap fronterizo intentaron incorporar el sentido mexicano a los sampleos, ya sea desde las postrimerías gruperas tempranas.

¿Quién no recuerda a Límite, Bronco, Carlos y José o el Mariachi Vargas de Tecalitlán en el debut de Control Machete, en 1996? Aunque antes ya hubo indicios del ecosistema grupero mexicano en el rap de acá, Mucho Barato del trío de Monterrey es, hoy por hoy, la piedra angular que amalgama ese imaginario nacional con maestría, seguridad, consciencia y, sí, presupuesto. 

Portada de ‘Mucho Barato’, Control Machete, 1998.

 

La influencia chicana

Si bien toda la sonoridad de la música fronteriza rezumba Norte-Occidente y Noreste, lo cierto es que esa inyección de banda en el rap de la primera década de los dosmiles en Estados Unidos es tan amplia como México mismo: gente de Guerrero, Guanajuato y hasta chilangos, llevaron los placazos mexas al gangsta rap.

Basta voltear a ver al rap chicano chilango de fines de los noventa y de la década pasada para dar cuenta de incorporaciones interesantes. Ejemplo más apoteósico y michoacano de esto no lo podrás encontrar si no es en 2002 y el nombre del proyecto de los carnales Sergio y Francisco Gómez: Akwid.

Foto: Akwid, Live Nation.

Ese primer boom, al igual que los inicios de la explotación del rap como un movimiento masivo, se popularizó de forma importante entre la población chicana a diversos niveles, incluso los círculos ajenos al rap. Y pese a todos los pesares, el icónico locutor Don Cheto y su personaje, Yolanda Pérez, tienen su granito de arena humorística en esta historia. Era otro México y otro Estados Unidos. 

Es importante resaltar que esa camada chispeante de inicios de los dosmiles bajo sellos como Discos Aztlán, tiene bien representada toda esa vena que iniciara Akwid, con raperos como Dyablo, El Jilguero Morales, 2-High, Jesús Malverde, Jessie Morales, MC Magic, Jae-P, Kinto Sol o Boogie The Big Man, entre mucho talento fronterizo

Aunque el universo de la banda ha estado bien dibujado y representado en el rap local —sobre todo en el fronterizo—, lo cierto es que su calado y sus alcances han estado siempre en el nicho.  

Habría de echarle una escucha a los primeros días de gente como Eptos Uno (en menor medida), Banda Bastón, Alemán y el enorme Elote El Bárbaro para darnos cuenta de que la música norteña, los gruperos y la banda están ahí, sin necesidad de estar en lo obvio, en el sampleo, o en la canción, solo por el simple hecho de estar en la misma. 

Más que en el norte, la banda-rap se da en el noro

Hay un rap norteño mexicano que mama también de la tambora, las tubas, las baladas y los acordeones; es ahí que se dieron precursores de los ápices sonoros regionales registrados en lo primero de la Mexamafia, Gera MX, Santa Fe Klan y recientemente colaboraciones como C-Kan con Grupo Firme con la canción “Se Te Acabó La Suerte“.

Foto: C-Kan, Instagram oficial.

Rumbo a un nuevo umbral en donde el trap y el autotune se integran como jarabe a la garganta al cosmos sierreño, norteño y de banda, gente como La Plebada, Grupo Codiciado o toda la órbita alrededor de Rancho Humilde que ha capitalizado ese flow mexico-estadounidense contemporáneo; la más reciente colaboración entre la Banda MS y Snoop Dogg, “Qué maldición” es la síntesis de un resurgimiento entre la banda sinaloense y el rap.

Quizás, es un movimiento aparentemente mercantil, mediático y dado por la data algorítmica que lo emparenta más a los ejercicios de Bad Bunny con Natanael Cano que a las canciones chicanitas de inicios de los dosmiles, pero sin duda, es un síntoma más de la presencia y solidez del mercado mexicano refrescando el mundo global de las rimas y las bases.