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Especial Slang | Espuma y raíz: buscando el corazón africano del reggaetón

Uno de los géneros que hoy están en la cima, el reggaetón, tiene orígenes diversos, en donde la semilla que le dio vida clama por su identidad: ¡África! 
Ricardo Pineda
Diseño Slang | Ilustraciones por @sgalmatart.
El Especial Slang es una mirada a fondo a uno de los tantos aspectos que suceden en el contexto de la industria musical.

El reggaetón lleva entre nosotros cerca de treinta años, al menos como lo conocemos en su forma plena y moderna. 

Aunque hoy tenemos una mezcla evolucionada e integrada del género con otras culturas, ritmos e idiomas de distintas latitudes; lo cierto es que a este le ha costado varios años de trabajo, incontables debates y bastante sudor de las calles el hacerse de una historia propia. 

Si uno echa un vistazo a sus orígenes y narrativa “oficial”, encontrará varias sorpresas que nos irán llevando de la mano hacia atrás: Panamá, Puerto Rico, República Dominicana… más hacia Jamaica. ¿Más lejos aún? Se puede más lejos y tan puro como lo quieras… hasta llegar a África

En la música nada es gratis y todo es parte de un sorprendente intercambio vivo. No hay pureza, pero sí una raíz a la que, entre más profundo escarbamos, más única, compleja y fascinante será la base que le da sentido. 

Y si el reggaetón es el género que más ha dado de qué hablar y puesto a bailar durante la última década, buena parte de la sustancia activa de ese éxito mundial se la debemos a la herencia africana que impregna su legado. 

La narrativa histórica lineal nos invita a voltear al Panamá y Puerto Rico de principios de los noventa como los orígenes más dibujados e inmediatos de su legado, cuando el dembow jamaicano comenzó a fusionarse con el caribe latinoamericano

Lo cierto es que la complejidad y profundidad que hoy permite que el reggaetón sea tan elástico como crea pertinente y se defienda por sí solo, tiene en la herencia africana su génesis y referentes más sólidos. 

 

Se vale to’ en este sándwich

“Hoy se bebe, hoy se gasta; hoy se fuma como un rasta canta Bad Bunny en Safaera”, track estrenado a principios de este complicado 2020, y quizás el tema que más llamó la atención de su disco YHLQMDLG (Rimas Entertainment LLC , 2020)‎. 

Tanto la frase en cuestión como el tema en sí mismo vienen a cuento, ya que “Safaera” es una canción que funciona también como homenaje al “reggaetón clásico”. En donde tanto la base rítmica, como la lírica, y especialmente la producción son un claro ejemplo que nos ilustra los elementos que explican el fenómeno del género: identidad, intercambio, diálogo, e incluso su desarrollo tecnológico y comercialización. Todos ellos, elementos interconectados a un mismo núcleo cultural. “Se vale to’ en este sándwich de salchicha”, diría Residente.

El sacramento rastafari, propio del reggae y el dancehall jamaicano, se funden en “Safaera” con el beber y gastar como un pimp; un héroe callejero o un hustler (“joseador”, buscavidas) que bien nos remite a las figuras emblemáticas del rap o la salsa―. Este nexo no es mera coincidencia ni ocurrencia del Conejo Malo, quien sabe que su éxito es también resultado de una herencia y trabajo de un montón de gente y épocas previas de esfuerzo y desarrollo musical.  

Bad Bunny no solo comparte identidad consciente con sus contemporáneos Maluma, J Balvin, Ozuna o Nicky Jam, con Residente, Wisin & Yandel, Plan B o Ñengo Flow, sino también, y de una forma completamente asimilada, subconsciente tal vez, con la génesis africana profunda que hizo posible recuperar un sentido aún más genuino en el reggaetón.

Este género musical toma y comparte la espuma musical de ese trago que ha sido la sustancia africana en América con la influencia de la salsa, son, merengue, plena o bachata. También regresa su vista evolucionada a un pasado que, a través del placer, se libera simbólicamente del grillete esclavizante del colonizador para adquirir una identidad aún más fuerte y precisa.  

Casi sin decirlo ni proponérselo, con el reggaetón llegamos a una música extendida y moderna, que reconoce toda su esencia afrolatina, con sus aciertos y errores, abrazando todas esas joyas recogidas en el camino poscolonial, llámese rap, techno, house, pop y detalles del folclor local de cada geografía específica.  

Que lo que viene es pa´que le den, ¡duro!

En el libro Reggaeton (Duke University, 2009) quizás el único compendio histórico y analítico formal sobre el género a la fecha, el etnomusicólogo Wayne Marshall recalca el hecho de que si bien el rastreo más prístino del género se encuentra en la llegada y evolución del dancehall jamaicano de los ochenta a países como Panamá y Puerto Rico, es la vena africana más profunda de estas vertientes la que le da su poderío versátil e indiscutible. 

Todo vuelve a África, por donde sea que se le escuche. El dancehall, en donde el dembow es más lento, es uno de los hijos inmediatos del reggae, que a su vez encuentra sus orígenes en el ska y el rocksteady casi de forma simultánea. 

Estos dos últimos, que vienen respirando y creciendo sanos desde los sesenta e incluso finales de los cincuenta, encuentran en la diáspora africana en América su raíz más profunda con la soca, el mento y el calipso de Trinidad y Tobago, que por cierto es la cuarta región con mayor herencia africana en América, con 58% de afrodescendientes.   

El mismo Marshall recurre y toma de ejemplo el himno del reggaetón, “Gasolina” de Daddy Yankee (Barrio Fino, Universal, 2004), para ejemplificar y rastrear la complejidad del género. En tanto un rapero de la ciudad proveniente de una herencia cultural múltiple (Estados Unidos, Puerto Rico) logra sintetizar un poderoso “estofado” de referencias.

Algunas evidentes como el dembow ya bien acelerado, la rima rapera o incluso el guiño al pasodoble español (“En la pista somos los matadores”), y otras con una complejidad caribeña. Con esta canción, Yankee no tiene que recurrir, al menos por esta vez, a los lugares comunes y clichés de su cultura. Esos que son moneda recurrente de los productos turísticos, ya que está intrínseco, se lleva en el habla, se sabe; no lo tiene que remarcar más. En conjunto, y desde diferentes acercamientos, este delicioso estofado de casa que jamás encontrarías en un restaurante de cadena, podría ser un regreso al seno africano desde sus implantes más diversos. 

En el pasado, y aún hoy en día en muchos pueblos de África, la música se encuentra ligada de forma firme a un uso “práctico”: la guerra, la cacería, los rituales de diferente tipo, la conexión con los ancestros, etc. En este sentido, “Gasolina” es, según Wayne Marshall, una canción de guerra en su corazón africano más profundo, con la repetición constante y el presagio-advertencia del estallido por venir (“Zúmbale mambo pa’ que mi gata prenda lo motores…Que se preparen, que lo que viene pa’ que le den, ¡duro!”).

Que bien podría llevarnos al norte africano de los bereberes (Marruecos, Libia o Egipto), pero también a la primera música autóctona de Puerto Rico, la bomba, que data de más de 400 años de historia a manos de los esclavos africanos en los ingenios azucareros de las primeras haciendas de la isla, en donde algunas de sus vertientes como el sicá (caminar), el cuembé (ritmo coqueto en pareja) o el seis corrido (paseos rápidos sin falda) son un arraigo profundo y de orgullo negro.  

Regresando al presente, que ahora mismo es el pasado del futuro, cuando Benito Antonio Martínez Ocasio canta “Hoy se bebe, hoy se gasta; hoy se fuma como un rasta”, tal vez no lo haga totalmente enterado de que su “Safaera” tiene tatuada un ritmo, lírica y raíz lo suficientemente profunda que puede rastrearse en la danza yoruba Etu (Nigeria, profundamente teatral y festiva); en el baile Kumina (del Congo posterior a su emancipación); o incluso en el culto espiritual de tintes esotéricos Pocomania (directamente traído de África a Jamaica, hace más de dos siglos). 

Fuente: ‘Reggaeton’, Raquel Z. Rivera, Wayne Marshall, Duke University Press, (2009) / Diseño Slang / Por @sgalmatart.

Sin embargo, ahí están presentes todos ellos; son “espíritus” impregnados con una amplitud suficiente como para que otros ritmos y géneros pasen por esa carretera sin arruinar el camino, al contrario. Desde su raíz más gruesa y profunda, hasta lo más ligero y ascendente de su exitosa espuma, el reggaetón es una suerte de moderno regreso a la sombra del árbol genealógico afroamericano más arraigado, el de Jamaica. Una mezcla tan fuerte entre reggae y rap, que no es ni una cosa ni la otra, como bien apuntó también la escritora puertorriqueña Raquel Z. Rivera en Reggaeton (Duke University, 2009).   

La próxima vez que una canción de Plan B te suene ligeramente arabesca, o Tego Calderón parezca más tirado a la santería yoruba que al flow rapero, piensa que el reggaetón es algo así como el desarrollo natural o la madurez de una madera fuerte: Una identidad y pertenencia en este caso, que reconcilia a América con su pasado africano. Es una constelación cultural lo suficientemente grande como para entenderla de una forma limitada en un solo artículo, pero sí completamente rica como para escarbar y encontrar un tesoro a cada paso que da. 

¿Quieres encontrar una joya en el reggaetón? Busca más a fondo en su raíz africana.


Descubre aquí el Especial Slang completo y conoce individualmente la historia sobre las raíces africanas del hip hop y el R&B.

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