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Especial Slang | La transformación de la industria musical en la década

SlangFm
Imagen: diseño Slang / Fotos: AP e Instagram Lele Pons.
El Especial Slang es una mirada a fondo a uno de los tantos aspectos que suceden en el contexto de la industria musical.

Un texto por Jonathan Matamoros y Héctor Eli.

La forma en que la música se consume ha cambiado a lo largo de la historia. Siglos atrás, solo se podía disfrutar de una pieza musical en un concierto en vivo. Desde los fonógrafos hasta los dispositivos inteligentes de ahora, la música siempre nos ha acompañado, convirtiéndose en algo indispensable para muchos. Y hoy es más fácil que nunca escuchar tu canción favorita sin importar en dónde estés.

Si nos remontamos a 2010 y pensamos cómo escuchábamos música, las respuestas pueden ser variadas. Aún existía una población considerable que se aferraba a no dejar morir los CDs, pero las ventas digitales ―principalmente a través de iTunes― eran lo más popular. Sobre todo gracias al reinado del iPod y los dispositivos mp3.

Diez años después, iTunes está muerto y el iPod es un artefacto de nostalgia. Nunca antes los cambios habían ocurrido tan rápido. El CD se creó en 1979 y fue hasta mediados de los noventa que se convirtió en el formato predilecto para consumir música. De acuerdo con la BBC, se estima que se han vendido alrededor de 200 mil millones de CDs en la historia.

Este año, las ventas de CDs cayeron un 25%, aún cuando ya eran bajas. Desde 2008, los CDs han vendido 10 millones menos de copias cada año según cifras reportadas por BBC. Y desde su punto más alto, en 2001, han perdido un 80% de su valor según la IFPI.

Los archivos digitales, los reproductores portátiles y el acceso a internet fueron la mezcla perfecta para declarar una sentencia de muerte a la venta de discos. Sin embargo, hay fenómenos aislados como el vinilo y el casete, formatos que han experimentado un crecimiento en su popularidad.

Fue hasta 2012 cuando las ventas digitales superaron por primera vez a las físicas, pero el reinado del formato digital se vio abruptamente interrumpido por el streaming, el fenómeno definitorio de los 2010s para la música.

La posibilidad de tener acceso a millones de canciones en cualquier dispositivo electrónico intrigó a la industria. Este modelo fue cuestionado al inicio pero eventualmente se convirtió en el predilecto de la mayoría de los consumidores. Incluso los escépticos que se aferraban a los CDs o los archivos digitales, adoptaron esta nueva forma de escuchar música. Y no hay que pensar mucho el porqué, las ventajas para el consumidor son muchas.

Aunque el streaming fue puesto en duda al inicio, resultó ser el gran salvador de la industria musical. En diez años, esta se transformó de un ente en agonía a un sobreviviente que ahora está optimista por el futuro.

De acuerdo con el reporte más reciente de la IFPI (Federación Internacional de la Industria Fonográfica), los ingresos por la música grabada incrementaron un 9.7% en 2018. Este ha sido el cuarto año consecutivo con crecimiento para la industria musical después de años de ir a la baja y el principal responsable de esto es el streaming.

Al final del 2018, la IFPI anunció que el 46.8% de los ingresos totales de la industria musical provienen del streaming. En el mismo documento relatan que hasta ese momento, 255 millones de usuarios pagaban por servicios de streaming como Spotify, Apple Music y Deezer. Más del 63% de los que escuchan música, lo hacen ahora a través de estas aplicaciones y en 2018 se escucharon 91 mil millones de temas entre todos los servicios disponibles.

De 2017 a 2018 el número de usuarios que pagaban por un servicio creció un 44.9%. Y aunque es una cifra alta, representa una disminución con respecto al 2017, año en el que creció 57.1%. Aún así, las noticias siguen siendo esperanzadoras para el streaming, cuyos ingresos totales aumentaron en un 34%.

Algunas regiones adoptaron más rápido el hábito de escuchar música por aplicaciones como Spotify o Apple Music. Latinoamérica es la principal, en donde mercados como México y Brazil reportaron incrementos del 16.8 y el 15.4%, respectivamente.

En general, el streaming es lo mejor que le ha pasado a la industria musical en mucho tiempo. Por su puesto, la piratería aún es un riesgo latente que no se ha podido eliminar. Pero cada vez son más las personas que están dispuestas a pagar una cuota mensual para tener acceso a millones de piezas.


El impacto del streaming

Los cambios provocados por el éxito del streaming no se limitaron a aumentar la salud financiera de la industria musical y a provocar el crecimiento de mercados. Este fenómeno también modificó la forma en la que los artistas deciden compartir su música con sus fanáticos y el público en general.

El concepto de un álbum es cada vez más obsoleto como lo conocemos. Cada vez son más artistas los que prefieren lanzar sencillos constantemente en lugar de una sola obra que reúna un número determinado de pistas ligadas. Esto, evidentemente, responde a una macrotendencia de consumo. Por supuesto que aún hay muchas personas que escuchan un álbum de principio a fin, pero cada vez son menos.

Las listas de reproducción han remplazado a los discos, y esto tiene todo el sentido. Ahora, el usuario es el que tiene el poder y la libertad de armar “su propio LP“, o mejor dicho, su propia experiencia de escucha.

Inevitablemente, esto ha orillado a los artistas a modificar sus narrativas y hasta sus procesos creativos. Ahora pueden crear una canción y que millones la escuchen solo unas horas después de ser escrita y producida, eso antes era impensable.

Los artistas están sacando más canciones individuales porque pueden. Ya no tienes que esperar, ponerte en fila, esperar a que un sello discográfico o alguna compañía le diga que es su turno para batear. Cuando tienes una canción realmente buena, a pesar de que acabas de publicar un EP, un mixtape o un álbum, puedes decir: ‘Quiero seguir adelante‘, y es algo que puedes hacer”, comentó Zane Lowe a The Verge sobre las ventajas del streaming.

Otro gran cambio se ha dado en la forma de escribir y producir las canciones. De los años cuarenta hasta los sesenta, la mayoría de las canciones populares no duraban más de 2 minutos y medio. Una de las razones era las limitaciones de las cintas donde se grababan las piezas, pero no la única. También era el tiempo suficiente para captar la atención de una persona y permanecer en su mente, el modelo funcionaba.

Con la llegada del casete y el CD, la duración de los temas se pudo extender y por mucho tiempo se mantuvo en 3 minutos la marca ideal para ser amigable con la radio. Pero, el streaming llegó a cambiar nuevamente esto.

Con tantas opciones disponibles, captar la atención de los escuchas nunca había sido tan difícil. En la radio, todo estaba controlado por los programadores o por acuerdos comerciales entre radiodifusoras y disqueras, la famosa payola. Este modelo permitió que, de cierta forma, fuera posible controlar las canciones que se convertían en éxitos.

Ahora, este control es mucho más difícil de materializar. Ya no puedes obligar a alguien a escuchar una canción. Todo es un poco más “orgánico”, aunque aún algunos artistas se pueden beneficiar de ser incluidos en playlists con muchos seguidores. Esta es la nueva payola en la industria musical. Pero está lejos de ser tan determinante como lo era en la radio.

Por estas razones es que las pistas cada vez se acercan más a la marca de los 2 minutos. Entre más corta sea la duración, más reproducciones se pueden realizar. Más streams, más dinero. Las plataformas que más pagan por cada play son Napster, TIDAL y Apple Music.

En cuanto a la estructura de las canciones, una de las nuevas tendencias es comenzar con el coro. En la gran mayoría de los casos, el coro es la parte más atractiva de todo el track. Este fenómeno obedece a la situación que se vive en las playlists. Todos los artistas cuentan solo con segundos para atrapar la atención de los usuarios antes de que presionen “siguiente”.

Definitivamente el streaming es un punto de inflexión en la historia de la industria musical. Como todos los fenómenos, las consecuencias de su llegada e implementación son tanto positivas como negativas. Lo importante es que es un generador de progreso y ha puesto sobre la mesa el futuro del consumo musical para que juntos, artistas, sellos y público, decidan cómo exactamente es que quieren que la máquina funcione.


Las redes sociales y lo urbano durante los 2010s

Cada vez es más notable que el internet se apropia de nuestro estilo de vida, los negocios, el ocio y del arte.

A pesar de que las redes sociales más populares como Facebook, Twitter y YouTube surgieron en la década pasada, las plataformas digitales como Instagram, Snapchat y Tik Tok, definieron a los años 2010s. Esto no fue una excepción en la industria musical que ya por sí misma cambió gracias al streaming.

Foto: Shutterstock.

La manera en la que se escribe, se produce, se promociona, se empaqueta y se escucha la música, ha cambiado de forma apabullante en gran medida gracias a las redes en general.

Actualmente, no se necesita de un sello discográfico internacional para ser reconocido en todo el mundo. Incluso, las redes sociales han dictado el nuevo orden de las cosas.

Por ejemplo, hoy en día, si un rapero o reggaetonero se viraliza, tiene más oportunidad que cualquier otra persona para entrar a las listas de popularidad o las playlist de YouTube y Spotify (la nueva payola), ser contratado por un disquera, y hasta ser nominado a premios internacionales.

Ahora, en esta parte, ahondaremos sobre algunos de los puntos más relevantes del impacto de las redes y lo viral en la música urbana:

Los músicos/raperos de cuarto o DIY

A lo largo de estos 10 años hemos visto crecer a los músicos independientes; aquellos que escriben, producen, interpretan y realizan todo el trabajo creativo, de marketing y más, de sus obras.

Una de las primeras tendencias musicales que emergieron de internet en la década y que influyeron a músicos de distintos géneros fue la escena vaporwave, una subcultura inspirada en una estética y música ochentera. Este movimiento tuvo su auge en la red, creció en plataformas como Bandcamp o SoundCloud y fue ahí mismo donde murió.

Pero en el rap hay una escena amplia de nuevas generaciones haciendo canciones desde su laptop. Primero exponen su trabajo en SoundCloud, pasando por Youtube, hasta llegar a las posiciones más altas de las listas como los fallecidos XXXTentacion, Juice WRLD o Lil Pump.

Uno de los pioneros en darle visibilidad a esta realidad digital fue Chance The Rapper que en 2017 se convirtió en el primer artista en ganar un Grammy sin tener el respaldo de una discográfica.

La escena del R&B también ha tenido su propio linaje de músicos independientes. Steve Lacy, integrante de The Internet —que ha participado en discos influyentes de la década como el DAMN.—, es uno de ellos. El artista compone canciones a través de un iPhone e incluso usa los audios de su teléfono para las mezclas finales de sus canciones.

Existen más casos de éxito como el chicano Cuco, Omar Apollo y el mexicano Andrés Jaime, quien tiene un proyecto musical conocido como Wet Baes, aparte de que produce desde un estudio casero, canciones de otros artistas como Noa Sainz o Girl Ultra.


La figura del influencer

El influencer, esa persona famosa que se pone frente a la cámara de su teléfono para mostrar su día con día, enseñar sus conocimientos, promocionar marcas, o simplemente hacer tonterías, tuvo un impacto en la industria musical.

Muchos creen que Cardi B empezó siendo una rapera, pero en realidad llamó la atención de la industria dada la cantidad de seguidores que tenía en Instagram.

Fue con la canción “Bodak Yellow” que la originaria del Bronx llegó a las listas de popularidad, demostrando que ser influencer sí deja en la música. Le bastó unos meses para firmar un contrato con un sello discográfico para sacar una colaboración con Bruno Mars en “Finesse” y con Bad Bunny en “I Like It”, hasta grabar su propio álbum de estudio.

En México tenemos el caso de Mario Bautista, personaje que comenzó su vida pública siendo un exitoso YouTuber. Después empezó a compartir covers en su canal y hoy en día es una de las apuestas más populares de reggaeton mexa de Universal Music.

También, Lele Pons llegó a la industria musical de la mano del internet. En un inicio la venezolana generaba contenidos cómicos en Vine y YouTube. Actualmente ha lanzado 7 sencillos en sus distintas plataformas orientados al pop urbano, y cuenta con más de 2 millones de usuarios mensuales en Spotify.


Los temas virales

Si hay una muestra del impacto de las redes sociales en la música latina esa es “Me Rehúso”, una canción escrita por Danny Ocean que cuenta con casi 900 millones de plays en Spotify.

El tema lo hizo en su casa de Miami, luego de exiliarse de su natal Venezuela por los conflictos sociales y políticos que se viven en el país. Inspirado por el dolor que le provocó en ese momento abandonar a su novia, un track romántico nació. Tan solo bastaron unas semanas para que se posicionará en YouTube, y al subirlo a Spotify, llegó a las listas de lo más escuchado en varios países de habla hispana.

Otro ejemplo es el caso de Lil Nas X. Este año, en medio del auge del reto “Yeehaw Challenge” en el que varias personas subían videos vestidos de vaqueros, Lil Nas decidió compartir “Old Town Road” a la app TikTok e inmediatamente llegó a la cima del streaming al aparecer en la lista de las 50 canciones más virales de Spotify. Luego, la canción se posicionó en la cima de iTunes y orgánicamente escaló a la lista Hot Country Songs de Billboard.