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Especial Slang | Pasión, dolor, África y R&B: el corazón de mi madre está ahí

Al R&B le ha costado algunos malentendidos y muchos momentos incómodos el tener un valor genuino. Pero su pasado africano sigue siendo su fortaleza.
Ricardo Pineda
Diseño Slang | Ilustraciones por @sgalmatart.
El Especial Slang es una mirada a fondo a uno de los tantos aspectos que suceden en el contexto de la industria musical.

Buscar en nuestro propio pasado suele darnos respuestas valiosas para entender el presente y perfilarnos un poco hacia lo que viene. La historia de la humanidad es importante y útil por eso: ¿buscas innovar en alguna disciplina? Sencillo, solo ve hacia atrás a ver lo que se ha hecho o no. ¿Medicina ancestral? China milenaria te lo explica… y así sucesivamente. En el caso de la música, África es de los árboles genealógicos más fuertes, nobles y versátiles; un cofre lleno de información viva y el origen de prácticamente toda la música popular que escuchamos hoy en día. Música con alma, ritmo y conexión inmediata. El Rhythm and Blues, o R&B, no es la excepción. 

Si bien la herencia musical africana es algo así como un gran pastel de tiempo, ―del cual podemos extraer una rebanada particular cada vez que queremos indagar sobre un género en particular (lo hemos visto sobre el reggae, el hip hop, el jazz, incluso la salsa, el son o el blues)―, la línea directa entre la herencia africana y el R&B resulta particularmente difusa y, en algunos puntos, incómoda, pero no por ello menos valiosa. 

Aunque hoy hablamos de beneficios y riqueza cultural gracias al éxodo africano hacia América, es importante recordar que esa migración fue forzada, contra la voluntad de las personas. Dentro de la diáspora africana en Norteamérica, la cual cumplió 400 años el año pasado, se sabe que los primeros manuscritos encontrados apuntan a agosto de 1619 cuando los primeros africanos, muchos de ellos secuestrados y esclavizados―, llegaron a América del Norte. Específicamente a un territorio colonizado por los británicos y que ahora forma Estados Unidos. 

Dicha esclavización no solo fue sobre el tiempo, el cuerpo y el espacio de los individuos, sino también sobre su forma de concebir el mundo. En donde antes había fantasía y esoterismo, se fue implantando una religiosidad maniquea, dejando a las personas fuera de su propia libertad. 

Sin embargo, las resistencias siempre han existido, y el ingenio africano se las ha arreglado no solo para subsistir, sino para liberarse del yugo de las formas más inventivas posibles. La tierra es la madre y la madre llama con el latir del corazón, el ritmo. En este tenor, el cuerpo es un templo, una bomba de tiempo y un ruido calmo esperando el momento justo para asaltar la noche y quemarlo todo, y por ello, este también es una herencia inagotable. 

Las primeras formas de la música afroamericana se dieron a mano de estos mismos esclavos, quienes trajeron consigo un conocimiento proveniente del África Occidental: instrumentos musicales como los tambores, zithers, xilófonos y el banjo, acompañaban las icónicas danzas tribales clandestinas cerca de los campos de cultivo.

Fueron ellos quienes transformaron sus bailes por necesidad para que pudieran subsistir en el mundo colonizado que les tocó habitar. Fue así como nació el baile llamado step (paso) y las melodías tribales se convirtieron en estilos de canciones, tales como el shout (grito) y echo (eco). 

De alguna forma, estas expresiones eran un grito a la lejanía que clamaba por reconectar con los ancestros, la familia y la tierra que nunca más se iba a volver a pisar. Era un lamento llano y sentido, profundo y lleno de dolor. Todo aquello tuvo que convivir también con un adoctrinamiento religioso.

Despojando la música ritual y tribal de lado, el pueblo africano en América fue obligado a ceñirse de forma exclusiva a la música eclesiástica por medio de los spirituals.

 

Estos artistas tempranos fueron aprendiendo en el paso sobre la música occidental, escalas y toda la escuela clásica. Pero como ya lo hemos dicho, la resistencia existía, y las voces de lamento se mezclaban con las cadenas y los grilletes en la noche, dando primero base al blues y también a una rebelión que tomaría tiempo en llegar. Pero llegaría. 

Un ritmo pagano en el pueblo

Hacia finales del siglo XVIII, la colonia fue perdiendo terreno y la independencia estadounidense se fue dando. Aunque dicha liberación fue pequeña para el pueblo afrodescendiente, marcó un camino sustancial en la búsqueda de una consciencia que se manifestaría en miles de formas posibles, una de ellas, adivinaron: la música

El yugo sobre la comunidad afroamericana continuaba, al igual que el esclavismo, pero los spirituals fueron gestando también una música pagana, llamada secular, en donde comenzaron a existir los primeros mensajes en clave hacia la liberación. Aquí podemos pensar en los villancicos, algunas rolitas para jugar, cosas didácticas o que hablaban del sol, el culto al trabajo o qué tan buenos teníamos que ser o no. Pero el dolor permanecía, ¿y qué creen? La oposición también. 

En esta historia en el tiempo, la música profana, oscura, prohibida y pagana ha ido a la par con la música espiritual, con el góspel y con el culto a Dios, algunas veces en reniego cultural, otras tantas en un abrazo total ante el catolicismo o el cristianismo, e incluso otras prácticas religiosas. Pero digamos que la situación fue más o menos “controlada” hasta bien entrado el siglo XX

Detroit, la Ciudad del Motor 

Durante la década de los treinta, en medio de una crisis parecida a la que vivimos hoy en día aunque de otra índole; la comunidad afrodescendiente ya ocupaba un lugar importante en cuanto a número, aporte económico y dinamismo en la vida cultural. Pero seguía segregada en cuanto a derechos y oportunidades. Dicha historia la hemos escuchado y leído millones de veces, hemos sido testigos de miles y miles de canciones, películas, series, chistes de mal gusto y lecciones al respecto. 

Tras la crisis conocida como La Gran Depresión (el Crack del 29 y posteriores), las tensiones de Estados Unidos en buena parte del mundo no fueron pocas. Fue durante los periodos de guerra, hasta la década de 1930, que una gran migración encontró a muchos afroamericanos mudándose a las ciudades del norte. Desafortunadamente, el norte no era la tierra prometida para muchos, en donde aún se enfrentaba la pobreza, desempleo y racismo de forma dura.

Detroit, conocida como la Ciudad del Motor, dio origen al nuevo sonido. Para entonces la era del swing ya daba problemas a la comunidad blanca, ya que este ritmo era más rápido, había más graves y menos instrumentos. Por economía: una suerte que habría de correr también el jazz. Fue ese caldo delicioso el que hizo estallar en el mundo al “Rhythm and Blues” o R&B. 

Race Records

Una “foto” cada vez más frecuente de la época: Estamos en 1948, en una fuente de sodas sobre Michigan Avenue, en Detroit. Una mujer de color deja un momento su malteada de fresa orgullo de “la ciudad del motor”para poner una moneda en la flamante juke box Wurlitzer (“la madre” de las rocolas) y hacer girar un disco.

Todos quedan asombrados por semejante osadía. Al R&B aún no se le conoce como tal, debido a que las disqueras lo llamaban en ese entonces Race Records, dejando una obviedad nada agradable a la interpretación. Así etiquetaban los sellos discográficos a este estilo para diferenciar los álbumes de los blancos; de los de los spirituals, el góspel y el blues. Ritmos que ya estaban ganando terreno pero también generaban incomodidad. Con los Race Records, el racismo parecía algo “permisible” y nada extraño en la época. 

El término Rhythm and Blues (el ritmo y el dolor del alma juntos y reconocidos en una misma cosa), a menudo abreviado “R&B”, se originó casi de forma mágica y con fines de marketing en la década de 1940, cuando reemplazó a los “Race Records”. El nuevo término apareció por primera vez en una grabación comercial de 1948 en voz de Jerry Wexler, cuando RCA Victor Records comenzó a usar música de “blues y ritmo” como descripción de las canciones seculares afroamericanas

(Catálogo Race Records de Victor Talking Machine Company).

Y si bien al principio el R&B se usaba de forma indistinta para el boogie woogie, el swing afroamericano, el jazz y el blues, no fue hasta que llegó el nacimiento de Motown, en 1958, que esta cuna sonora ya no era solo un género de identidad, popularidad y reconocimiento sociocultural y racial; sino que también fue la semilla de la próxima gran revolución musical del mundo moderno: el rock 

The Supremes, Chi-Lites, Ray Charles o Ella Fitzgerald, The Platters o Bo Diddley tienen hoy un lugar legendario como figuras del movimiento en cuestión, mismo que para algunos puristas es igual o más importante que el rock mismo. Si algo había que reconocerle al pueblo afroamericano fue el hecho de encontrar una identidad y un sincretismo dentro de todo entorno colonizador. Sí, se pierden cosas, pero no por ello se iba a negar la herencia del canto, la cadencia, el cuerpo como ente liberador.

África en América ha sido el vivo ejemplo de voltear la moneda al ritmo que el imperio la ponga: revertirla, mejorarla y desafiarla de forma más lúdica, inteligente y digna. Eso es el jazz, eso ha sido el rap, y eso, pese a todas las etiquetas, fines comerciales y cuestionamientos, también es el R&B. Por eso sigue vivo y por eso es importante. 

¿Y qué pasó después? El R&B tradicional fue diluyéndose en el rock, nació posteriormente también el soul, el funk y la música disco. El R&B fue relegado como mera etiqueta, tendencia que se agudizó y tornó a una cosa medio de producciones fastuosas, súper encumbrado en los charts y en la decadencia disco de finales de los setenta y principios de los ochenta. Convirtiéndose en un fenómeno similar al country, profundamente local y enviciado en sus propios bordes: fastuoso, romántico porque sí, e hiperproducido. 

Durante los noventa, el fenómeno continuó con un poco de mejoras en la producción, pero eso sí: con estadios llenos y las listas de popularidad a tope. El éxito multimillonario del pueblo afrodescendiente de las generaciones siguientes ya no se parecía a un sinónimo de su entorno social e histórico. Aunque el dolor, el amor, el sentimiento, seguían facturando canciones impresionantes.  

Fue el éxito de artistas de la talla de Mariah Carey, Boyz II Men, Sade, Janet Jackson o Whitney Houston el que puso la avalancha para que el género se revitalizara en las décadas posteriores, pero también puso una vara técnica muy alta de superar, especialmente en los rangos vocales

Fuente: ‘Loops, Una historia de la música electrónica’, Javier Blánquez y Omar Morera, Reservoir Books, (2002) / ‘Anatomy of a Song: The Oral History of 45 Iconic Hits That Changed Rock, R&B and Pop’, Marc Myers, Grove Press, (2017). Diseño Slang / Por @sgalmatart.

Tal vez Christina Aguilera o Ariana Grande han logrado alcanzar esos niveles, aunque también han colocado al R&B en un mapa mucho más amplio y global, inspirando y, ahora sí, generando a su vez un movimiento de artistas subterráneos de otros países a formar su propia historia en el género, mismo que reconcilia credos e ideologías.

En la noche más callada hay un alma que canta un lamento, a la sombra y esperando que el amo no lo descubra. Es un canto que clama por la madre que ya no está. Ahora hay goce en el R&B, y un montón de artistas que le dan diversidad al género, particularmente mujeres. Aunque ya no esté tan cerca, África sigue tatuada en el corazón del Rhythm and Blues.

Pregúntenle a sus hijos más modernos como el neo soul (Amy Winehouse, Alicia Keys, Adele, Lauryn Hill), el new jack o el new jill swing (TLC, Neneh Cherry, Justin Timberlake o Bruno Mars), así como al quiet storm de los ochenta y noventa (Vanessa Williams, Anita Baker). Y si alguien duda de la “africanidad” del R&B, ahí está el roots rock reggae o el primer ska para dar cuenta de la vena y la sangre.

Pese a sus motes y orígenes mercantiles, el legado de la identidad afroamericana ha trascendido también a través del R&B, dejándonos ver que las cosas no existen de forma gratuita, que la música no existe solo porque sí. Bajo esta premisa, el R&B es también el corazón de madre que siempre late al unísono con el de su pasado y futuro, desde el corazón hasta la raíz. 


Descubre aquí el Especial Slang completo y conoce individualmente la historia sobre las raíces africanas del hip hop y el reggaetón:

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