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Especial Slang | Un poeta, una rima, una historia: África y el hip hop

Si hay que hablar de un elemento vital que mantiene fuerte y vigente al hip hop, ese sería su identidad e historia afrodescendiente.
Ricardo Pineda
Diseño Slang | Ilustraciones por @sgalmatart.
El Especial Slang es una mirada a fondo a uno de los tantos aspectos que suceden en el contexto de la industria musical.

Haciendo obvia y saltándose la barda de esa frase reutilizada que reza y ubica al rap como “el noticiero con más credibilidad de tu barrio”, es importante conocer, ―no solo en la música sino en todo lo que habita sobre la tierra―, de dónde vienen las cosas para entender qué son ahora, y posiblemente, hacia dónde se dirigen o cómo se integran en nuestra vida.

Si partimos de la idea de que todos los caminos llevan a África, el del rap es un sendero bien amplio que no puede desentenderse nunca de esa raíz materna, la cual siempre resulta pertinente y necesario traer al frente.

En cierto modo, resulta apabullante voltear a ver el árbol genealógico del rap, pero más aún lo articulada, diversa y nutrida que es su historia. Podríamos decir incluso que es uno de los movimientos culturales con mayor cuidado, número de aproximaciones y consciencia sobre su propia narrativa e historia. 

El hip hop mantiene una senda clara que apunta al Nueva York afroamericano y latino de finales de la década de los setenta, como la semilla de una cultura compleja, elástica y magnética. Misma que hoy sigue vigente en el mundo entero, tomando prestado y haciendo suyo mucho de lo que se encuentra a su paso. Pero, pese a lo que digan las entradas de los blogs, los libros de supermercado o los documentales al vapor, la generación espontánea no existe.

Lo que sí existe es muchas formas de enterarse, ver, asimilar o explicar un fenómeno: el hip hop es un hijo avanzado, alebrestado y despierto de una tradición que así lo permite. Esa tradición abraza, cuestiona y se revitaliza a sí misma, de forma consciente o inconsciente. 

Si regresamos la cinta de su historia, esta se vuelve menos lineal, más compleja o si quieres menos clara; pero nos muestra algunos detalles para ir al seno materno del rap, ahí en donde existe algo cercano a un consenso: África

Y al hablar de África vale la pena matizar y conciliar la verdad de fondo: referirnos a África muchas veces se hace desde el desconocimiento y la parcialidad. Como bien lo apuntó apenas hace quince años el escritor keniano Binyavanga Wainaina en Cómo Escribir de África; artículo que hace evidente los clichés que abundan en los medios sobre el continente, que por décadas, han conceptualizado a esta región bajo una mirada predominantemente europea, colonizadora y exotizada.

Dicho lo propio, escarbar en la matriz afrodescendiente del hip hop es un terreno pantanoso y más abundante de preguntas que de respuestas, lo cual no lo hace opaco, sino todo lo contrario. 

Así como el rap ha retratado el lado crudo y doloroso de las calles y el mundo en el que vivimos desde hace ya más de cuatro décadas, la cultura hip hop también reconoce su espiritualidad, goce y sentido festivo como elementos innegables de su devenir histórico; de su identidad más inmediata. 

Es así como podríamos explicarnos el sentido más divertido, sonriente y ágil de los pueblos africanos con relación a la conciencia política, furia y resistencia de cierto sector del rap. Una cosa no anula a la otra, sino que las vuelve complementarias y parte de una misma tradición que puede unir los puntos entre Run The Jewels, Kanye West, A$AP Rocky o A Tribe Called Quest.  

Sigamos regresando esa cinta: detrás del rap del Bronx de finales de los setenta hay una poesía jazzera, un blues hablado en código desde el dolor del alma de los esclavos en los campos, fiestas clandestinas y espiritualidad africana. Santería decimos con descuido, pero sí.

Los humanos somos descendientes de un devenir universal, en donde la naturaleza son ancestros, espíritus, y aquel que tiene el don de la palabra es un médium que transmite el mensaje en primera persona. Si bien el rap está por cumplir medio siglo de vida, lo cual se considera breve en los libros de “los grandes sucesos”, su importancia y arraigo data de mucho más atrás.  

El Griot

Esa persona con el don de la palabra podría ser uno de los antecedentes más antiguos del hip hop, a quien se le conoce como Griot, palabra y figura que nos puede ayudar a conocer mejor a nuestro rapero favorito. Y si bien esta no puede evadirse de su condición colonizada (griot es una traducción de la palabra portuguesa “criado”, singular masculino de “sirviente”), también nos llevará a entender su poder, singularidad y sorprendente expansión hasta nuestros días. No olvidemos esta parte. 

Surgido en el África Occidental del Siglo XIII, el Griot fue un criado o sirviente, pero un poco distinto a otros. Es una suerte de trovador, heredero consciente de su riqueza cultural, la cual va desde Mauritania hasta Costa de Marfil y de Senegal hasta Nigeria, a través de las etnias mandé, fulbe, hausa, songhai, tukulóor, wolof, serer, mossi, dagomba y otras más, quien sobre todo tiene el don de la palabra

Gracias a su buen hablar, cantar, recitar o tocar, la gente, y sobre todo el festejado (el marido, el bautizado o el cumpleañero), recibía del Griot su talento. Esto en forma de una historia que echaba mano de la tradición oral, pero que también improvisaba sobre lo ocurrido en el camino sobre los hechos sucedidos en forma inmediata. Un noticiero vivo de las tribus, pero también una modalidad particular de historiador oral y cantante de alabanza; guardianes y proveedores de conocimiento, de la historia tribal, el linaje familiar y las noticias de nacimientos, muertes y guerras.

Así, los Griots tenían esa tarea de fondo, pero también una de forma, ya que su reto y destreza principal se centraban en difundir el conocimiento de forma accesible, por lo que, al igual que los raperos, comenzaron a interpretar canciones y actuaciones

Aunque poco a poco, y aquí vale la pena hacer una pausa en la historia, el Griot también comenzó a verse como un “oportunista legítimo”, alguien que iba a los eventos en nombre de los imperios, pero que también era un ciudadano especializado. Consciente de su poder, se acercaba al público que tenía algo de dinero en el bolsillo, improvisando e incluyéndolos en sus cantares. Un oído del poder, que poco a poco devolvía información valiosa en clave al pueblo. En términos de colonización el fenómeno también existe acá en México y se le conoce como “indio ladino”. 

Griots (poetas, cuentacuentos) de Gorea, dibujados por Jules Fesquet (1836-1890) / Getty Images.

Con el tiempo, tras el mecenazgo de los grandes reyes y las guerras con Oriente Medio, el colonialismo y la modernización que dio pie a la occidentalización; los Griots tuvieron que abrirse para subsistir. Nuevos patrones, audiencias distintas y hasta inclusión como un medio de comunicación formal, convirtiéndose incluso en políticos o en figuras del espectáculo totalmente entendidas de lo que pasaba en su comunidad, pero con la amplitud que les permitía unir puntos entre pueblos. 

De ahí comenzó a vérsele también como un poeta, un filósofo y un religioso. Un tipo hábil que se las ingeniaba para subsistir dentro del sistema del cual era preso. Esa base, en tiempos de la diáspora afroamericana, fue un poco la semilla no dicha de su dignidad social y su actuar político, mismo que sería fuego puro de los derechos civiles en pro de la igualdad.  

Vinieron tiempos duros de este lado del continente. Siglos de esclavismo y la figura del Griot en América se fue diluyendo de a poco. Pero una voz surgía al final del día en el sur estadounidense, un blues que esparcía azúcar para cicatrizar el cuerpo y alma reventada de la piel trabajadora, el talking blues y las primeras figuras afroamericanas dieron el paso: Bessie Smith, Mamie Smiths (la primera mujer afroamericana en grabar un disco en 1920), Blind Melon Jefferson, Charley Patton, Robert Johnson, Leadbelly y muchos valientes más, que entre el disfrute, la clandestinidad y el franco ingenio rural, abrieron paso a seguir manteniendo vivo el mensaje, el descontento y la música cual llama incendiaria. 

Fuente: Generación Hip-Hop: De la guerra de pandillas y el grafiti al gangsta rap, Jeff Chang, Caja Negra, (2014). – El Jazz, Joachim E. Berendt, FCE, (2001). Diseño Slang / Por @sgalmatart.

Asimismo, de un arraigo profundo y una herencia musical enraizada en un inicio a la versatilidad técnica; el jazz pasó a liberarse de su aburguesamiento. Primero durante la segunda mitad del siglo XIX, —para diversificarse y entretener también a las clases populares, hasta comenzar a tener también una consciencia de sí mismo.

Desarrollando un sentido de historia y color que a fines de la década de los cincuenta y los albores de los sesenta, —ya entrado el siglo XX—, empezó a despuntar sobre su pasado africano y su poder social con el bebop, el hard bop, el cool jazz, pasando por el jazz poetry hasta aterrizar en el salvajismo del free jazz. Siendo este último su tradición más libre y poderosa en cuanto a sus formas: la paleta de colores idónea sobre la cual el rap comenzó a trazar sus propios paisajes.

Ese despertar del pueblo afrodescendiente, que incluso consideró de forma errática en algún momento el regreso al seno histórico al continente, ha sido más que nada una furia incómoda, lacerante, que se ha traducido y canalizado a través del alma humana. Una que, desde los tiempos eternos de los Griots e incluso más atrás, viene intrínseca en la sangre de un pueblo que hoy está más vivo que nunca. 

Incluso el trap, ―que para algunos puristas pudiera parecer la negación de una tradición social del rap por la saturación de artificios tecnológicos y el individualismo más prominente―, mantiene latiendo su corazón africano con fraseos tribales, fúricos y efectivos. Remitiendo a diferentes culturas y danzas de África Occidental, y siendo asimilado de forma interesante por artistas del continente conquistando rankings locales y europeos. 

Al igual que los Painanis prehispánicos de América o el Hermes del olimpo griego, los Griots fueron ese medio que en algún momento crucial tomó el mensaje y lo volvió una semilla viva, una llama infatigable que perdura por los siglos. De esta manera, el rapero es una suerte de Griot moderno, siempre polémico y discutido por las diversas formas que ha tomado en fechas recientes. Pero ese pudiera ser, hasta cierto punto, un tema secundario, ya que como dijera Grandmaster Flash en “The Message”, “a veces es como una jungla”, pero no esa cosa Safari de los noticiarios, sino una cosa sorprendente, con identidad y vida propia; una historia proveniente de África que se sigue esparciendo y escribiendo día a día. Así de importante. 


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