Miles se quejan porque el medio tiempo del Super Bowl fue “muy sexual”

“Nunca había visto tantas poses sexuales fuera de las revistas porno”, señaló un televidente en su queja a la FCC.
Iraís M.
Foto: Instagram J Balvin.

La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) recibió mil 312 quejas de los televidentes por el show de medio tiempo del Super Bowl LIV. El espectáculo estuvo liderado por Jennifer Lopez y Shakira y el descontento del público no tuvo que ver con la selección musical ni el playback, pero sí con los bailes y la poca ropa que usaron las cantantes. 

“Tuve que mandar a mis hijos fuera del cuarto para que no estuvieran expuestos a algo que no deberían ver”, se indicaba en una de las quejas sobre el Super Bowl, enviadas por la FCC a CNN. “Tuve que explicarle a mi hija de 11 años por qué Jennifer Lopez estaba tan ligera de ropa o por qué se la pasaba agarrándose la entrepierna”, señaló alguien más. Bueno, pues porque cada quien se viste como quiere, para empezar. 

“Nunca había visto tantas poses sexuales fuera de las revistas porno”, indicó un televidente neoyorquino. Entonces, ¿a un asiduo a la pornografía ―que seguro ni se preocupa por quienes aparecen en estas revistas― le ofende que mujeres bailen como quieran? 

“¿Está bien agitar tu trasero desnudo, exponer tu entrepierna y bailar en un tubo frente a todo el mundo?”, fue otra de las quejas del show. No, no está bien. Pero tampoco está mal. Tal vez el tubo y la audiencia familiar sí fue un combo más o menos equivocado, pero no vemos a estas personas escandalizándose por cosas como racismo o violencia explícita. 

Las quejas sobre la supuesta incongruencia del espectáculo del Super Bowl

Hubo quienes lamentaron que este show tuviera lugar en la era post #MeToo. “Esto nos lleva de vuelta a cuando las mujeres obtenían su valor de la sexualidad y no de su mente/personalidad”, señaló alguien de Ohio. 

Sin embargo, otra de las quejas sobre el show del Super Bowl tenía que ver con que hubiera niñas pequeñas en el espectáculo (¿?). La hija de JLo y un grupo de niñas cantaron e hicieron un statement sobre la migración, pero la gente ni lo captó y estaba más preocupada de que las chicas compartieran escenario con unas señoras de falda corta. 

“Con todo lo que está pasando con el movimiento #MeToo, esto no debería estar en el prime time de televisión”, indicó alguien más. ¿Alguien podría explicarnos la relación? Las personas pueden bailar como deseen, usar tan poca ropa como quieran y aún así tiene derecho a rehusarse a ser acosadas. 

“Vender sexo parece ser el negocio de la actualidad, a pesar del tráfico de personas”, se señala en otra de las quejas del Super Bowl. Claro, nadie quiere que haya tráfico sexual. ¿Pero en realidad esto alimenta a esa industria? Hay cosas más graves, como la hipersexualización infantil y la cultura de la violación, que son el pan de todos los días y no solo un espectáculo anual. 

El boicot al Super Bowl

Varios de los que se quejaron sostuvieron que tras este espectáculo boicotearían a Pepsi ―patrocinador del show― y hasta a la NFL. Cada quien tiene derecho de manifestarse como quiera, pero hay que reflexionar en por qué este show molestó tanto a algunos televidentes. 

Jennifer Lopez y Shakira ni siquiera usaron menos ropa que la que se han puesto Madonna o Beyoncé en los shows del Super Bowl. Al parecer, hay quienes todavía no pueden aceptar que algunas mujeres ―sobre todo, “de cierta edad”― disfruten verse sensuales. Aparte, a nadie le molestó que sus cuerpos ayuden a contribuir a estándares físicos imposibles para una persona promedio, así que el papel fakeminista no les queda.

Entonces, el show de medio tiempo del Super Bowl no fue ni feminista, como algunos han dicho, ni pornográfico. Tampoco fue el mejor o el peor de estos espectáculos. Solo fue un show entretenido en el que por fin los latinos fueron protagonistas ―los latinos como los gringos nos quieren ver, pero esa es otra discusión―.

Por cierto, nadie se quejó de las letras sexuales de Bad Bunny y J Balvin. Claro, no es que debieran hacerlo porque ya es momento de dejar de asustarnos de expresar nuestra sexualidad.

Foto: AP.