Katy Perry habla de Orlando Bloom, el Papa y del reto de lidiar con la fama

En una extensa entrevista para Vogue, la cantante confiesa que tuvo ataques depresivos.
SlangFm

Katy Perry está en la portada de agosto de Vogue Australia, revista para la que dio una extensa entrevista en la que habló sobre el amor, la vida, su carrera y del reto que implica aprender a lidiar con la fama.

En lo que respecta a la forma en que su salud mental se vio afectada por el no tan buen recibimiento que tuvo su álbum Witness, de 2017, Perry confiesa: "Tuve ataques de depresión situacional y mi corazón se rompió el año pasado porque, sin darme cuenta, puse demasiada atención en la aprobación del público, y el público no reaccionó de la manera en que esperaba… y eso me rompió el corazón".

En el perfil presentado por el socialité y periodista Derek Blasberg, especializado en moda y amigo de las famosas, cuenta que Perry fue criada por una pareja de pastores pentecostales hasta que a los 15 años se fue de casa para hacer su carrera musical. “Estaba enfocada y lista desde que tenía nueve años", dice Perry.

Blasberg aclara que, como era de esperarse, el primer megahit de la cantante, “I Kissed a Girl”, de 2008, no hizo muy feliz a su familia. "Mi mamá ha rezado por mí toda la vida, con la esperanza de que regrese al camino de Dios. Nunca lo dejé, solo me volví un poco secular, más materialista y más entregada a mi carrera. Pero ahora que estoy en mis 30 años, para mí la religión se trata más de un vínculo espiritual y de la integridad del corazón”, explica.

Katy es una defensora de la Fundación David Lynch, que aboga por la educación por medio de la meditación trascendental. Recientemente, Bob Roth, el CEO de la fundación, la invitó a hablar sobre su experiencia y los beneficios de la meditación en una conferencia de salud en Roma, organizada por el Consejo para la Cultura del Vaticano. Perry, por supuesto, aceptó de inmediato.

"Soy una gran admiradora del Papa Francisco. Es una persona en la que se reúnen la compasión, la humildad y la rebeldía. Es un rebelde en nombre de Jesucristo”, explica.

Perry siguió hablando muy bien del Papa: "Está llevando a la iglesia a la humildad y a conectarse con las personas. Es muy humilde y nada frívolo. También es un amante de los animales”, dijo.

Para reunirse con el Papa, Katy llevó a dos personas para que la acompañaran: su mamá y Orlando Bloom. Y aunque la cantante es bastante cuidadosa de su vida amorosa, en especial después de su divorcio con Russell Brand, Blasberg se atrevió a preguntarle al respecto.

El problema es que cuando una cantante habla de su pareja, en los medios toda la atención suele centrarse en eso, lo cual resulta tristemente misógino, como bien destaca Perry. Sin embargo, dice: “Claro que amo mi relación, pero esa es una parte de mí, y no quiero que eso termine por opacar el resto de las cosas que hago”. Y ya. No se habló más del tema, pero Blasberg aclaró que todo está bien entre ellos.

Sobre el reto de luchar con la fama, Perry dijo: "Siempre estará ahí”. Pero en el último año se dio a la tarea de buscar herramientas para controlar la manera en que esta le afectaba. Para ello asistió a un programa de una semana en el Hoffman Institute, un retiro de crecimiento personal en California que busca ayudar a los participantes a identificar conductas negativas, estados de ánimo y formas de pensar que se desarrollaron inconscientemente y fueron condicionados en la infancia.

Este retiro, explica Perry, le permitió replantearse muchos asuntos y consiguió deshacerse de los pensamientos tóxicos que la invadían. Desde el comienzo del retiro, ella estaba lista para "dejar ir todo lo que me impedía ser mi yo supremo", aclaró.

Para Katy Perry, buscar la validación por medio del público es cosa del pasado, al igual que la idea de que su creatividad estaba íntimamente relacionada con sus crisis emocionales. “Esa es la mentira más grande que nos han vendido, esa que dice que, nosotros, como artistas, tenemos que sufrir para poder crear”, dijo.